Acerca de nuestros antiguos hospitales

Al Hospital de Palo Seco, situado en la antigua Zona del Canal, eran enviados todos los pacientes con lepra en la República

Estas fotografías son parte de un álbum que perteneció a un estadounidense cuyo nombre no aparece en él. La colección la adquirió Enrique Zarak Linares. Pero existe un detalle que complica la situación: por ejemplo, en la foto sobre estas líneas, en la que aparece la ambulancia, el dueño de las fotografías escribió con su puño y letra que era la del Hospital Santo Tomás. Además, hay otras tomas en donde aparecen otros edificios de madera en lo que parece ser el Cerro Ancón y a los cuales también llama "Hospital Santo Tomás". La primitiva "cocina" que aparece en la foto inferior, se dice que era del Hospital de los Leprosos mejor conocido como de Palo Seco que estuvo más bien cercano a la orilla del mar. Que nosotros sepamos el primer hospital de la ciudad de Panamá que se conoció como de Santo Tomás, inició labores por lo menos a comienzos o antes del siglo XVIII y era conocido como hospicio primero y hospital después. Estuvo al lado de la iglesia de Santa Ana en donde hoy existe un estacionamiento. Esto por lo menos desde 1702. De allí se mudó en ¿1819, 1826 ó 1846? esta última fecha es la más creíble ya que aparece en una placa que estaba a la entrada del lugar. Las otras fotografías se mostrarán en futuros artículos. Este nuevo hospital estuvo en el mismo sitio en donde hoy se levanta el cuartel de los bomberos allá en la Playa Amador. En 1924 se inauguró el actual Hospital Santo Tomás, el de la Avenida Balboa que fue recientemente restaurado. Hemos buscado en bibliotecas y archivos pero no hemos hallado otra institución con ese nombre y menos en las faldas del Cerro Ancón. Nótese los caballos que se encargaban de la ambulancia. Si acaso la ambulancia era del Santo Tomás podía ser posible que hubiese ido hasta el cerro en alguna diligencia. Nuestras fotografías de hoy, además de tener más de 100 años de edad, no estuvieron muy bien conservadas en el álbum al cual nos referimos. Es por ello que ustedes notarán que su reproducción no pudo ser mejor. En cambio, además de su valor histórico, su mejor justificación es lo curiosas que son.

Además de las antiestéticas y antes incurables lesiones que producían problemas de la piel y la pérdida de los dedos y de otras partes del cuerpo —algo de por sí más que traumatizante— las personas que sufrían de esta enfermedad llevaban una vida de lo más infeliz ya que eran totalmente aisladas, fuera de los límites de las ciudades y por lo tanto de sus familias y del resto de la sociedad.

Al mal se le consideraba un castigo divino ya que erróneamente se consideraba que los que la padecían no habían llevado ¡una vida cristiana!

Los científicos de la época, no estaban más adelantados. Unos creían que era causada por ciertos alimentos y otros que lo era a través del aire.

Las diversas iglesias y conventos se encargaban de los cuidados —que eran prácticamente nulos— de los que padecían esta enfermedad y además le tenían que conseguir viviendas donde pudieran vivir.

En los siglos VI y VII se crearon los primeros lugares en donde los afectados de lepra eran alojados y que se conocían con el nombre de "leproserías" y más entre los hablantes del español como "leprosorios".

Al no existir en aquellos tiempos formas científicas de diagnóstico muchos pacientes eran catalogados equivocadamente como leprosos.

La sífilis era otra enfermedad muy común y cuyos síntomas se confundían. Era más frecuente que la lepra y a veces adquirida por excesos sexuales o ausencia de previsión; sin embargo, los hipócritas de entonces que nunca han faltado, castigaban más a los pobres leprosos que a los sifilíticos que la adquirían por medios más heterodoxos y reprobables.

Siguiendo con la tragedia de los leprosos, estos no podían casarse y los casados debían dejar a sus familias.

Inclusive los certificaban como muertos cuando aún vivían; en esa forma se pensaba que los habían hecho desaparecer. Debían llevar ropas especiales, cubrirse las manos y el colmo de los colmos, portar unas campanas para que el resto de los mortales pudieran huir ante su presencia.

Tal como se puede ver aún hoy en día, cuando dizque somos muy adelantados, a los enfermos del sida aún en muchos lugares y sociedades, no se les obliga a llevar campanas o vestimentas especiales pero sí se les da también un trato inhumano en sus trabajos, escuelas o comunidades.

Afortunadamente a la lepra se le encontraron medidas profilácticas efectivas, se descubrió que es una infección, se conoció su microorganismo productor y se le halló tratamiento.

Al Hospital de Palo Seco, situado en la antigua Zona del Canal, eran enviados todos los casos existentes en esta República y que afortunadamente nunca fueron muchos.

Más tarde el citado hospital se clausuró y entendemos que sus edificaciones cumplen hoy funciones para enfermos crónicos o personas de edad.

Por lo que se puede ver en la foto más chica, lo que se llamaba "cocina" no merecía ese trato. Eso nos hace pensar cómo sería el resto de los servicios que se solían "conseguir".

El llamado en sus inicios como "Colonia para Leprosos de Palo Seco o Asilo de Leprosos" fue abierto en 1907, y desde ese año hasta mayo de 1962, cuando se clausuró, atendió un total de 294 pacientes; 145 hasta 1958 y tan solo uno el año de su clausura.

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