La misión de la prensa

17 DE AGOSTO

En momentos en que algunos diputados de la Asamblea Nacional impulsan una nueva ley de prensa, valga la ocasión para formular algunos señalamientos en relación con la misión orientadora de la prensa y aludir también al periodismo mal entendido.

Errados andan los que piensan que el deber del periodismo diario consiste en la difusión más o menos sensacionalista o escandalosa de noticias y rumores, con el objeto de satisfacer la curiosidad morbosa de la masa. Ya este género de especulación periodística está pasando a la historia, y la llamada “prensa amarilla” es mirada en todas partes con desprecio.

El periodismo moderno es tribuna de orientación y de divulgación, cátedra de enseñanza y fuente de informaciones útiles sobre todas las actividades humanas. Se ha convertido en algo consustancial con las costumbres, los problemas, la cultura y el carácter de los pueblos; en tal forma, que viene a ser un reflejo de estos.

Es tribuna para la discusión y solución de los problemas económicos, sociales, políticos y culturales. Y la prensa que los rehúya, los tergiverse o se ponga al servicio de intereses personales exclusivistas, se expone a convertirse en una máquina de desorientación e inmoralidad, peligrosa para la sociedad.

Sobre el periodismo mal entendido, diríamos que hay individuos que se imaginan que es prueba de fogosidad, de vigor de espíritu, el escribir con palabras gruesas, con frases en las que se cuente, sin excepción, un insulto en cada línea.

Para esos sujetos un artículo político es “fuerte” y es “bueno” según el número de estas palabras injuriosas que contenga. Y ese concepto, completamente errado, indica mediocridad, una completa pobreza de espíritu, una opinión estrafalaria y grosera de lo que es el periodismo y de lo que significa esa lucha nobilísima del pensamiento en la cual no todos tienen las aptitudes para ser cruzados.

A una persona se le pueden hacer los cargos más graves, se le puede aplastar, anonadar, pulverizar a fuerza de argumentos, y de exposición de hechos debidamente comprobados, sin que en una sola frase exista ese insulto soez que viene a ser la característica del escritorzuelo sin recursos mentales ni morales.

El periodismo es el género literario más leído aún en nuestros tiempos, en que se vive la vida con un ritmo de velocidad que corre parejo con la radio, la televisión, la internet y los aviones.

Ya han pasado los tiempos en que la literatura despreciaba al periodismo por efímero o por insustancial. Hoy para espíritus tan complejos como Bernard Shaw: “El periodismo es la más alta forma de literatura”. Las páginas más inspiradoras de la literatura hispanoamericana han sido publicadas en la prensa libre por los más grandes creadores de patrias: Bolívar, Bello, Sarmiento, Montalvo, Vicuña-Mackenna, Rafael Núñez, Justo Sierra, Darío, Hostos, Arosemena, Martí.

Desde el punto de vista orientador y literario, si el periodista aspira a ser algo más que reportero, es decir, a ser intérprete y vocero de la opinión pública, su obra viene a confundirse con la del crítico, más aún con la del ensayista, que no solo abarca el dominio literario, sino todo el campo de las ideas.PAULINO ROMERO C. EDUCADOR Y ESCRITOR

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