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El mexicano Jorge Volpi es el autor del libro ‘Examen de mi padre’.La Prensa\Archivo El mexicano Jorge Volpi es el autor del libro ‘Examen de mi padre’.La Prensa\Archivo

El mexicano Jorge Volpi es el autor del libro ‘Examen de mi padre’.La Prensa\Archivo

El peruano Renato Cisneros es el autor de la obra ‘La distancia que nos separa’. Cortesía\Centroamérica Cuenta El peruano Renato Cisneros es el autor de la obra ‘La distancia que nos separa’. Cortesía\Centroamérica Cuenta

El peruano Renato Cisneros es el autor de la obra ‘La distancia que nos separa’. Cortesía\Centroamérica Cuenta

Héctor Aguilar Camín escribió‘Adiós a los padres’ luego de reencontrarse con su progenitor tras 36 años de ausencia. Cortesía\Centroamérica Cuenta Héctor Aguilar Camín escribió‘Adiós a los padres’ luego de reencontrarse con su progenitor tras 36 años de ausencia. Cortesía\Centroamérica Cuenta

Héctor Aguilar Camín escribió‘Adiós a los padres’ luego de reencontrarse con su progenitor tras 36 años de ausencia. Cortesía\Centroamérica Cuenta

Cuando era muchacho, algo dentro de Héctor Aguilar Camín le pedía pasar en limpio sus remembranzas vinculadas con su progenitor, aunque lo hizo siendo adulto cuando después de 36 años supo noticias de él.

“Adiós a los padres es una historia muy dura, la de cómo mi abuelo paterno despojó a mi padre de un negocio y lo arruina, para siempre, económica y moralmente”, indica. Aquello afectó a su familia por el resto de sus días. Quería entender por qué, en vez de luchar, su padre decidió irse cuando Aguilar Camín tenía 13 años. “No vuelve más hasta que me llama porque me necesita”.

Lo visitó en contra del mandato de su madre, quien en una ocasión le dio una orden rulfiana, que a ese hombre no se le debería dar un vaso de agua si de eso dependiera su vida.

Cuando decidió verlo a los ojos no fue con una mirada de reproche, sino con deseos de responder preguntas sobre su ausencia. Al verse, su papá le contestó esa interrogante pendiente: “Hijo, no te había llamado porque en el año del terremoto me rompí la columna. El terremoto fue en 1985. Fue entonces que supe que algo andaba mal en su mente. Yo lo recordaba alto, bien plantado, fuerte, guapo y lo que encontré fue a un indigente”.

DOS AUSENCIAS

El padre de Jorge Volpi falleció en agosto de 2014 y comenzó a escribir cinco meses después sobre su partida, sin lograr llorar por su partida. “Cuando muere sé que quiero escribir sobre él y durante meses me dedico a leer sobre escritores y sus padres”, comenta el autor de Examen de mi padre.

En el agosto siguiente que se fue su papá, recibió la noticia de otra muerte, la de su amigo y colega Ignacio Padilla, quien junto a Volpi eran los pilares más visibles de la llamada generación literaria del Crack.

Padilla también leía con desesperación sobre la muerte y Volpi le decía que no tenía razón, porque todos los seres queridos de su carnal estaban vivos. “El padre muerto de Nacho era el propio Nacho”, confiesa.

No quería convertir Examen de mi padre en algo únicamente en torno a la memoria, sino aprovechar para evidenciar lo que a su papá, cirujano de profesión, le preocupaba sobre la seguridad social mexicana. “Un día genial para él era estar operando durante una tarde lluviosa, poniendo música clásica”.

Los últimos años de la vida de su padre fueron decadentes por el ataque de pequeños episodios de enfermedades mentales que sufrió, en particular, la depresión.

“Mi libro fue mi duelo. Mi padre me contaba que cuando murió mi abuela por un año se puso una corbata negra”, indica sobre una obra, compuesta por 10 ensayos usando partes del cuerpo humano. Luego descubrió que su obra también debía explorar otro cuerpo: “el México que papá vivió y el México que deseaba legar a nosotros”.

LIBERTAD

Renato Cisneros, tras el rompimiento con una novia, fue en busca de una terapia psicoanalítica y en una sesión le preguntaron sobre su relación con sus padres. Fue cuando fue consciente de que no sabía mucho sobre sus adultos.

Su padre fue un militar y se preocupó por que su familia funcionara en torno a él. “Era el centro de nuestro universo. Todo lo que pasaba en casa pasaba por su punto de vista. Hasta nuestras creencias eran lo que él decidía”.

Cuando a los 18 años muere su padre, Cisneros tenía un discurso bien estructurado. “Yo era un hincha suyo. Era mi ídolo. Me era fascinante que fuera un hombre famoso y público, pero yo no tenía distancia crítica para comprender el rol político que él había ejercido en el Perú. Él fue ministro del Interior y de Guerra durante los años más álgidos de la lucha contra el terrorismo”.

Durante el velorio algo cambió. “Un periodista se me acercó y me preguntó asuntos puntuales sobre el entierro y le respondí. Al día siguiente vi en el periódico la nota y en el último párrafo decía: ‘el quinto de sus hijos, Renato Cisneros, nos contó que...”. Ese momento lo llevó a reflexionar. “Este hombre ha tenido que morirse para que yo existiera. Ver mi nombre publicado me dio libertad, algo que nunca había experimentado”.

CERCANÍA

Cuando Jorge Volpi decidió que haría Examen de mi padre, su primera regla fue que deseaba ser lo más sincero posible.

“Cuando hablas de tu familia, hay que recordar que tu padre está muerto, pero el resto de la familia está viva y allí aparece un dilema ético”, indica Volpi.

“El momento difícil de tratar mi historia tiene que ver con la traición, en que uno entra en el secreto y lo cuenta, y lo que cuenta está lejos de ser el amor incondicional que deben tener supuestamente los hijos hacia sus padres. Tienes que ir a mirar a este ser humano y entender lo que hizo, independientemente de que fuera tu padre. Mi padre nunca tuvo un dolor moral porque en su desvarío no sabía lo que había hecho al irse de casa. Si no contaba eso, entonces no había llegado a la verdad completa”, dice Héctor Aguilar Carmín.

Renato Cisneros entrevistó a 40 personas para conocer más a mi padre. “Gente que lo había conocido, que había trabajado con él o que lo detestaba, más mis hermanos, mi madre, tíos y sus compañeros en el ejército”.

Cuando salió a la luz La distancia que nos separa Cisneros recibió el enojo y la indignación de sus familiares. “En muchos momentos me sentí traidor. Se trata de una pugna entre ser hijo y ser escritor. Hay cosas que descubrí que hasta el día de hoy me parecen inmorales y censurables de mi padre. Por ejemplo, no entiendo por qué mi padre llevó a casa a un amigo suyo prófugo de la justicia argentina, al genocida Guillermo Suárez Mason. Miembros de la Junta Militar argentina como Jorge Rafael Videla y Roberto Eduardo Viola siempre fueron amigos de mi padre”.

ENTENDER

Estudiar a su padre le permitió a Héctor Aguilar Camín admirar a su madre y a su tía, quienes los educaron. “Por eso, la recepción de Adiós a los padres entre mis  cuatro hermanos  fue tan favorable, porque entendieron las decisiones que las dos tomaron en sus vidas”.

En su obra, Jorge Volpi se encontró a un padre que sentía que había llegado a México por error, pues su lugar era Italia como el resto de sus antepasados. “En mi casa no se comía chile ni frijoles, se comía pasta. Lo curioso es que nunca quiso conocer Italia, aunque se sabía de memoria las calles de Roma y de Milán. Mi amor por la literatura y la lectura se la debo a la hora del almuerzo con mi padre. Debía ser al mediodía, en punto, si no se enojaba muchísimo. En esos almuerzos siempre nos contaba sobre la literatura y la historia europea y nos ponía música, siempre no mexicana. También nos hacía pruebas, ponía óperas y teníamos que adivinar cuáles eran y eso llevó a que por años yo odiara la ópera y a la fecha he leído pocas novelas de Víctor Hugo, su autor favorito”.

Convertir a su padre en un personaje literario, le permitió a Renato Cisneros engendrar a su progenitor. “La literatura era una especie de método biológico mediante el cual uno puede darle vida a ese hombre que te la había dado primero a ti. Como diciendo yo: ‘viví 18 años bajo tus normas, y ahora lo harás bajo las mías durante 300 páginas’. Al escribir también encontré aspectos de mi padre que antes no valoraba tanto, como su sentido del humor sarcástico, que le encantaba reírse de sí mismo y que tenía reacciones muy rápidas, cosas que lamentablemente no heredé”.

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