No veré más ‘Juego de tronos’

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La cadena HBO se caracteriza por producir programas que rompen los paradigmas, tanto los más tradicionales como los más liberales, dentro de la televisión estadounidense.

No imagino a la CBS o a la ABC creando magníficas series de HBO como Los Sopranos, The Wire y Seis metros bajo tierra.

Por eso, nadie más pudo crear en la pantalla chica un espacio tan interesante y polémico como Juego de tronos, en el que sobran asesinatos, intrigas, traiciones, orgías y violaciones.

MUERTES A RAUDALES

Este fenómeno televisivo, entre otros, se conoce porque su estructura es coral, ya que no hay un protagonista central, sino que más de un personaje tiene una notable importancia argumental.

Por eso, elimina a hombres y mujeres que han despertado cariño o indignación entre el público y siguen recibiendo el apoyo de la audiencia como si nada.

Ninguna otra serie en la historia reciente de la televisión en Estados Unidos ha tenido esa clase de agallas.

De allí que cada cierto tiempo nos sorprenda Juegos de tronos (después de cinco temporadas deberíamos estar libres de espanto) con el fallecimiento, por lo general, bajo circunstancias bastante virulentas, de personajes en apariencia claves como Ned Stark, Robb Stark, Catelyn Stark, Joffrey y Tywin Lannister.

De acuerdo con el diario The Washington Post, en esta adaptación audiovisual de las novelas de George R.R. Martin, se han registrado 456 muertes relevantes en sus cuatro primeras temporadas: 58 en la primera, 130 en la segunda, 86 en la tercera y 182 en la cuarta.

Hay sitios cibernéticos especializados en esta serie que hacen cálculos y afirman que entre las cinco temporadas han muerto más de 8 mil seres humanos, principalmente en combates.

LO MEMORABLE

Sin duda, esta quinta temporada, que finalizó hace siete días, será recordada por la violación de Sansa Stark a manos del sádico Ramsay Bolton (sumada a la violación en emisiones anteriores de Khal Drogo a Daenerys y la de Jamie a Cersei).

Así como el infeliz de Stannis Baratheon que sacrificó a su hija (la princesa Shireen) para llegar al dichoso trono de hierro. Fue una perversidad borrar de esa manera a un personaje que representaba luz e inocencia en Juego de tronos.

Es interesante que ambos hechos no se mostraran en detalle en la pantalla, lo que plantea que hasta HBO tiene sus límites, ¿o será que el canal cada vez le teme más a la reacción de la audiencia?

Un sector del público se quejó de ambos sucesos a través de las redes sociales, como antes también han demostrado su descontento ante momentos con exceso de gore y sexo, elementos que están cada vez menos presentes en Juego de tronos. ¿Miedo o cautela de HBO?

Esta temporada también será recordada por el castigo que recibió Arya Stark en su proceso por ser alguien dentro de la Casa del Blanco y Negro, y la tristeza de Jaime Lannister, quien fue testigo de la prematura muerte de su hija, que recién lo había aceptado como su papá.

En términos de aventuras inolvidables, la escena cuando el rebelde dragón Drogon salvó a Daenerys, sin olvidar esa batalla épica entre los White Walkers y los salvajes y los Guardianes de la Noche de John Snow.

LA SUFRIDA CERCEI

Quizás lo más duro fue ver la liberación de Cercei de las manos de los fanáticos religiosos que ella misma colaboró a que crecieran, una clara evidencia de la salvaje Edad Media en la época de la no menos temible Santa Inquisición, sin dejar de lado los feroces actos de fanatismo religioso que abundan por el mundo de hoy y que llevan a que seguidores de una fe maten a otros porque no creen en el mismo dios.

Sobre ese momento, denominado “El camino de la vergüenza”, George R.R. Martin confirmó que se inspiró en Jane Shore, amante del rey Eduardo IV y que fue obligada a pasar por un escarnio público similar al sufrido por el personaje encarnado por Lena Headey.

Cuando la Montaña versión el monstruo Frankenstein carga a Cercei, ella tiene algo parecido a una sonrisa que denota una futura venganza.

¿ADIÓS, JOHN SNOW?

El otro golpe, aún más fulminante en términos emotivos para quien escribe, fue ver morir, de manos de sus propios hermanos guardianes, a John Snow. Encima, quien le dio la última estocada fue Olly, el niño a quien John quiso tanto.

¿Melisandre podrá o querrá revivir al Lord Comandante de la Guardia de la Noche número 998? ¿El dios rojo le ayudará como hizo con Beric Dondarion?

El actor británico Kit Harrington, quien entra en la piel de John Snow, le comentó a la revista Entertainment Weekly que no tendría participación en la sexta temporada. ¿Publicidad engañosa? Espero que sí.

¿Este es el final para uno de los personajes más queridos de una serie donde sobra la gente déspota, malvada y enferma? A esperar la siguiente temporada o el libro The Winds of Winter, de George R.R. Martin.

SOMOS COMO RAMSAY

Luego de ver el último capítulo de la quinta temporada, tuve que aceptar una conclusión que tenía en mente desde que le cortaron la cabeza a Ned Starks, pero que me resistía a admitir como cierta: George R.R. Martin y los guionistas David Benioff y D. B. Weiss son en el plano creativo parecidos al detestable Ramsay Bolton.

Martin, Benioff y Weiis, como si fuera poco, además, conducen al público a que se comporte también un tanto como Ramsay Bolton.

1. ¿Qué clase de seres humanos somos si sentimos felicidad o alivio, pleno o parcial, cuando eliminaron a Viserys Targaryen y a Joffrey y Tywin Lannister?

2. Martin y sus guionistas nos convencen de que algunos villanos son infames sin remedio, pero paulatinamente nos muestran ciertos atisbos de humanidad y, cuando uno comienza a estimarlos, los acaban como ocurrió con Ygritte y Sandor El Perro Clegane. De ser así, no tardará en ocurrir la muerte de Cercei y Jamie.

3. ¿Fue necesario que la escena del suplicio de Cercei durara 10 minutos? ¿Qué sentido tenía que nos mostraran, una y otra vez, el desnudo integral de Cercei? No soy de piedra, la actriz Lena Headey es una belleza (aunque usó una doble de cuerpo), pero no le veo razón.

Entiendo que la escena deseaba mostrar que ni la monarquía ni el pueblo ni los religiosos ni los políticos ni los gobernantes sirven de algo, que todos estamos podridos en lo moral, pero fue extenso ese acto de pornografía disfrazada de clase de historia medieval, combinada con crítica a la sociedad contemporánea.

4. Una de las mejores familias del programa, en términos éticos, son los Stark. Y como Martin, Benioff y D. B. Weiss son tan depravados que Ramsay Bolton, pues se han ensañado desde la primera temporada con ellos. A sus integrantes los asesinan, los traicionan, los violan, los dejan ciegos...

Este clan es como los Kennedy dentro del devenir político estadounidense del siglo XX: la tragedia casi nunca los deja descansar.

Entiendo que ese detestar a los buenos es una forma intencional, funcional, aunque macabra, que usa Martin y su comitiva para retorcer los cánones de la literatura clásica de aventuras, en la que los más nobles ganaban las gestas, pero que ahora sería ingenuo, por decir lo menos, imaginar que los poderosos son todos caballeros y damas, cuando hay tanta impunidad entre los delincuentes en todos los niveles sociales.

5. Violaciones, vejaciones, torturas, guerras, traiciones…¿Es necesario que nos tiren en cara, temporada tras temporada, que la humanidad es cruel y que no tenemos remedio? ¿O será que buenos diálogos, excelentes interpretaciones y una magnífica puesta en escena son usadas para dejar en libertad al sensacionalismo, el morbo y la violencia, que sé que no le son ajenas al alma humana?

GRITO EN LA SALA

Mi primera reacción cuando terminó el capítulo final de la quinta temporada, luego de ver cómo fue traicionado John Snow, fue decir en voz alta en la sala de mi casa: “No volveré a ver Juego de tronos”.

Mi hijo Diego, que estaba enfrascado en dominar a los dinosaurios de Mundo Jurásico en una versión en videojuego, vino desde su cuarto a darme un abrazo y pregunta: “¿murió John Snow?” (el niño ya intuye que la muerte siempre está presente en este programa por las reacciones de su padre). El silencio respondió y volvió a consolarme.

Pasará un largo año hasta mi siguiente encuentro con esta serie que tiene tantos méritos a su favor. No sé si cumpla mi palabra de importarme un rábano si los White Walkers se apoderan de los Siete Reinos (si lo hacen, deben comenzar con los Guardianes de la Noche).

Me perdonarán, pero los seguidores de esta serie somos algo dados al masoquismo, pues nos encanta ver un programa que nos provoca ira, tristeza y desilusión.

Martin y su equipo le dan una bofetada al mundo por 10 semanas una vez al año, y lo hacen sin pudor y hasta con placer. Entiendo que nos quieran poner en nuestro sitio por el deseo irremediable de ser felices en toda circunstancia posible, pues sé que estamos enfrascados en que todo debe tener un final color de rosa y porque estamos bajo la obsesión de recibir aceptación, tanto en persona como a través de las redes sociales. Por eso, no podemos creer que eliminen a Snow o que sacrifiquen a una menor edad o violen a una joven en su noche de bodas. Lo comprendo, pero se pasan de la raya.

Sí, que aboguen para que seamos pesimistas y realistas está bien, que es lo que provoca de alguna manera Juego de tronos con sus riesgos argumentales y los giros de su trama, porque evita que nos volvamos conformistas, pero para lograr ese efecto solo debo leer las secciones políticas y judiciales de los medios de comunicación social para confirmar que somos una especie condenada al desastre.

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