corazón geográfico de la india

Campo de algodón y muerte

Los campesinos se suicidan porque no soportan la inanición de sus familias y la deuda que arrastran.

Vaishnavi es una niña que se quedó huérfana hace un año: su padre, como han hecho decenas de miles de campesinos indios, se suicidó desesperado por una deuda acuciante y una crisis agrícola que dura ya una década sin visos de solución.

Tras dos años de sequía, su padre, Hanuman Chaudhry, tuvo que pedir 900 euros para la cosecha a un prestamista, “un pariente”, según cuenta un tío de la niña, Ramdas, sentado en el zaguán de su casa del pueblo de Waifad, en el corazón geográfico de la India.

En septiembre del año pasado, al acercarse la temporada de cosecha del algodón, una lluvia torrencial anegó sus dos hectáreas de tierra y echó a perder por completo el cultivo, y Hanuman, tras ver el destrozo, se sentó desesperado en el bordillo de un pozo.

“Parecía que se había sentado a pensar o lavarse... pero se lanzó dentro del pozo”, cuenta el tío de Vaishnavi. Hanuman dejó viuda y dos hijas, Kamchan y Vaishnavi, y esta, la más pequeña, se pasa el día sola en casa mientras su madre y su hermana -pronto en edad casadera- van a trabajar al campo para ganarse la vida por dos euros al día. “Desde 2005, cada día se matan tres campesinos en nuestra región, Vidarbha. La economía agraria, basada en el algodón, se ha arruinado. Se matan porque están desesperados”, dice a EFE el político Kishor Tiwari.

“Es la desesperación, la pena. El medio hostil creado por el Estado. No soportan ver la inanición de su familia, ni la deuda que arrastran, ni su incapacidad para casar a sus hijas en edad, ni sus gastos en sanidad... sus ingresos se han venido abajo”, apostilla. Vidarbha es un borrón en el desarrollismo indio: en la región se han matado -según datos oficiales- más de 8 mil campesinos empujados por un cóctel de deudas, cosechas fracasadas, políticas equivocadas y, dicen los activistas, una acción abusiva de la empresa Monsanto.

“El Gobierno regional abandonó los subsidios en 2003 y se abrió el mercado del algodón, pero se ha impuesto un monopolio auspiciado por las multinacionales de semillas transgénicas, que son de alto costo”, afirma el líder sindical Vijay Jawandhia. Según su versión, esta semilla de algodón, “BT”, requiere inversiones muy altas que no siempre se ven correspondidas con su rendimiento, porque el 90% de los campos de Vidarbha no cuentan con irrigaciones y dependen de la lluvia.

“Si no llueve de aquí a dos semanas, la cosecha se reducirá a la mitad. Lo peor es que la India no tiene un plan para los campesinos, se tienen que conformar con arroz o trigo a precios baratos”, cuenta Jawandhia.

Waifad, el pueblo donde se mató Hanuman Chaudhry, recibió en 2006 la visita del primer ministro indio, Manmohan Singh, cuyo Gobierno aprobó una compensación para aliviar los créditos que, dicen los activistas, no llega a las víctimas.

La familia de Hanuman Chaudhry, cuenta Ramdas, recibió a su muerte una ayuda de mil 500 euros: emplearon los 900 en pagar al prestamista, 600 para sembrar esta cosecha; ahora vuelven a deber 200 euros en un nuevo préstamo.

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