REVOLUCIÓN. GADDAFI GOBERNÓ CON MANO FÉRREA DURANTE CUATRO DÉCADAS.

Cayó el puño de oro de Libia

Los rebeldes, que luchan por hacerse con el control total del país, continúan buscando a Gaddafi, cuyo paradero se desconoce.
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Combaten sin uniformes. Algunos usan prendas militares mientras otros simplemente visten jeans y camisetas.

Unos pocos hacen la revolución en chancletas. Pero todos se distinguen por portar un arma y tener algo con los colores verde, rojo y negro de la bandera tripartida de Libia. Ellos son los rebeldes o “ratas”, “drogados” y “alcohólicos”, como los ha definido en repetidas ocasiones el dictador libio, Muammar Gaddafi.

La pasada semana lograron, después de meses de guerra civil, tomar el bastión de Gaddafi, el palacio Bab Al-Aziziyah. Ese gesto supone mentalmente el fin de los casi 42 años de régimen autoritario.

Para alcanzar ese objetivo ha pasado un poco más de medio año donde se han sucedido los combates diarios, sanciones de Naciones Unidas y la intervención militar de la OTAN para proteger a los civiles y apoyar a los rebeldes.

SIMBÓLICO

Ese símbolo del poder de Gaddafi es una estatua de un puño dorado que aplasta entre sus dedos un avión de Estados Unidos (EU) que ha presidido en silencio los grandes momentos y discursos del dictador libio desde que en 1986 fuera bombardeado por orden del entonces presidente Ronald Reagan.

Hoy los rebeldes han trepado por ella. Eso simboliza el fin de la una forma de gobernar con mano férrea durante cuatro décadas.

Atrás queda la visión de Gaddafi que llegó al poder con tan solo 27 años y con el cargo de capitán del cuerpo de señaleros, tras dar un golpe de Estado el 1 de septiembre de 1969 contra el rey Idriss.

Ese mismo día fue ascendido a comandante supremo de las Fuerzas Armadas con el rango de Coronel. En la década de 1970 desarrolló su modelo político que basó en el islam, la sharia, el socialismo y la democracia directa. En esa época publicó el Libro Verde y creó la Jamahiriya que era el “Estado de masas”.

En los años 1980, Gaddafi adoptó una política más radical que tensó sus relaciones internacionales sobre todo con EU y Reino Unido.

Tuvieron lugar los atentados al boeing de Pan Am que explotó sobre el cielo escocés; también el atentado del vuelo francés UTA que se desintegró en el Sahara; y la bomba en la discoteca berlinesa.

En estos tres actos terroristas fallecieron 443 personas y hubo 300 heridos.

Gaddafi fue acusado de ser el responsable de los mismos. A lo largo de la década siguiente, Libia vivió en medio de las sanciones comerciales impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de EU.

A finales de los 1990, Gaddafi entregó a los responsables del atentado al avión de Pan Am y comenzó su integración a la política internacional después de pagar millonarias indemnizaciones a las familias de las víctimas.

Tras los atentados del 11-S, el dictador pasó a ser un aliado de Occidente contra el terrorismo internacional que antes había defendido.

En los primeros 10 años del siglo XXI, Gaddafi fue abriendo su país a los estados extranjeros y sus inversiones al mismo tiempo que recibía ayuda internacional sobre todo de EU para luchar contra el avance de Al Qaeda.

Llegaron los hoteles de lujo y sus hijos lucharon entre ellos por hacerse cargo de los negocios más lucrativos del país mientras el 30% de la población no tenía empleo y volvía la miseria.

REVOLUCIÓN

El pasado 17 de febrero se celebró el “Día de la Ira” con una manifestación contra el arresto del abogado Fethi Tarbel y contra los gobernantes corruptos.

La respuesta policial fue brutal mientras el ejército utilizó armamento real contra los manifestantes. Ese fue el día que comenzó la caída de Gaddafi y la revolución para destituirlo.

El 22 de febrero el dictador declaró que no abandonaría su país natal y que prefería morir como un “mártir”.

A partir de ahí se inició la guerra civil donde los rebeldes luchaban contra el dictador que tras 40 años en el poder se negaba a abandonarlo.

Además culpaba al pueblo libio de los males que padece el país ya que, según ha declarado, él es solo el líder al no ostentar desde 1977 cargo alguno aunque mantiene un control total del poder. Con el paso de los meses de conflicto armado entre los rebeldes y los seguidores de Gaddafi, se ha creado el Consejo Nacional de Transición Libio (CNTL).

Este organismo se ha denominado como el único representante legítimo de Libia. Varios países lo han reconocido y también muchas embajadas libias en el mundo.

Su presidente es Mustafah Abdel Jalil, nacido en 1952, quien asumió el cargo el pasado 5 de marzo.

Anteriormente había ostentado desde el 10 de enero de 2007 hasta el 21 de febrero de 2011, el cargo de Secretario del Comité General Popular de Justicia que equivale al puesto de ministro.

En esa fecha abandonó el gobierno de Gaddafi y se unió a los rebeldes alegando el uso excesivo de la fuerza para frenar la revuelta.

Junto a Jalil se encuentra como líder en este organismo Omar El-Hariri, quien luchó junto a Gaddafi en el golpe de Estado de 1969.

En 1975 organizó un complot para derrocar al dictador que fracasó. Fue sentenciado a muerte y pasó 15 años en la cárcel, cuatro de ellos en aislamiento.

En 1990, el propio Gaddafi le conmutó la pena por arresto domiciliario. Se unió a los rebeldes en los primeros días de la revuelta.

Ali Tarhuni, de 60 años, regresó recientemente a Libia tras 38 años exiliado en EU, para convertirse en el ministro del petróleo.

Además logró financiación para el CNTL avalándolos con los cientos de millones de dólares congelados al régimen de Gaddafi.

Otra figura importante del CNTL era Abdel Fatal Younes, quien fue asesinado el pasado 30 de julio por un sector radical de los rebeldes.

En 1969 formó parte del Consejo de la Revolución Libia que dio el golpe de Estado contra el rey Idriss.

El general Younes no contaba con la simpatía popular, ya que corrían rumores sobre torturas durante el tiempo que ocupó el cargo de ministro de Interior.

Este puesto lo abandonó el pasado 15 de febrero para encabezar la revuelta contra su antiguo camarada de armas.

Durante los meses de conflicto llegó a negociar en Italia con representantes de Gaddafi para intentar buscar una solución pactada aunque siempre declaró que dicha solución pasaba porque el dictador abandonara Libia. Este podría ser uno de los motivos de su asesinato, según algunos analistas políticos.

TRIBUS

Otro factor importante en el futuro de Libia serán las 140 tribus que controlan gran parte del territorio.

Los Zetan, Misurata y Zuwaya se han declarado ya en contra de Gaddafi aunque no son las más grandes.

La más poderosa es la de Warfallah, que desde el inicio de las revueltas se unió a los rebeldes.

Los warfallah son cerca de un millón de personas en un país donde la población es de 6 millones y medio de habitantes. La segunda tribu con más población es la Magariha y su máximo representante es Al Sannussi, quien ocupa el puesto de jefe de espionaje de Gaddafi.

La tribu natal de Gaddafi, Gaddafa, se sitúa en Sirte y tiene cerca de 100 mil miembros. Varios sectores de los Gaddafa mostraron su acercamiento a los rebeldes solicitando que cuando entrasen en Sirte lo hicieran como conciudadanos y eviten las represalias.

De momento, los rebeldes en Libia, donde se mezclan con ciudadanos miembros de las tribus opuestas a Gaddafi, luchan por hacerse con el control total del país.

Y en medio de esa lucha despiadada por ganar la guerra civil, el dictador exige a las tropas leales y sus seguidores seguir luchando mientras permanece escondido en algún rincón de Trípoli.


EN EL GRAN RÍO HECHO POR EL HOMBRE

“Les digo a los cobardes cruzados que estoy en un lugar al que no pueden llegar para matarme”, declaró el pasado mayo el dictador Muammar Gaddafi. En ese mismo lugar consideran los expertos que se encuentra escondido. Y sería en la red de tuberías y galerías de hormigón de cerca de 4 mil 71 km que forma un gigantesco laberinto bajo tierra. Este entramado fue bautizado por Gaddafi como “El gran río hecho por el hombre”. Fue construido en la década de 1980 para bombear cerca de 6.5 millones de metros cúbicos al día desde los acuíferos debajo del desierto hasta las ciudades de Bengasi y Trípoli y costó 25 mil millones de dólares. En la residencia veraniega del dictador, Al Bayda, ya se encontraron con varias entradas a estas galerías que recorren todo el país. Además, cuando la OTAN comenzó a bombardear el país, el gobierno de Gaddafi resaltó que las bombas podrían destruir estas tuberías. De momento, no se sabe dónde se esconde el dictador junto a su familia, pero muchas fuentes sospechan que esta obra faraónica podría ser un perfecto escondite que les permitiría moverse libremente bajo suelo por gran parte del territorio libio.

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