RECUERDAN GOLPE DE 1973

Chile, 40 años después

Hoy los chilenos conmemoran en un contexto interesante, pues dentro de dos meses elegirán un nuevo presidente que enfrentará el enorme desafío de promover la unidad del país.

Dividido. Así se encuentra Chile. Un panorama que se hace aún más notorio justo cuando hoy, 11 de septiembre, se cumplen 40 años del golpe que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende en 1973 y abrió paso a la dictadura de Augusto Pinochet.

Tal división quedó evidenciada en los recientes actos conmemorativos de aquella jornada sangrienta que dejó al menos 3 mil 200 víctimas.

El lunes, gobierno y oposición realizaron actividades previas a la fecha en el palacio presidencial de La Moneda y en la explanada del Museo de la Memoria, respectivamente.

En sendos actos, tanto el presidente Sebastián Piñera como la exmandataria y actual candidata a la Presidencia chilena Michelle Bachelet condenaron fuertemente las violaciones de los derechos humanos durante la cruenta dictadura, al tiempo que exigieron conocer la verdad sobre lo ocurrido.

En lo que no coincidieron fue en las condiciones políticas que propiciaron el derrocamiento de Allende, quien fracasó en su intención de instaurar una vía chilena al socialismo, sin una revolución armada y en su firme oposición a Estados Unidos (EU), la oposición política de la época y los gremios empresariales.

Herida abierta

En su discurso, Piñera afirmó: “Desgraciadamente, no podemos resucitar a los muertos ni ubicar a los desaparecidos, pero sí debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para aliviar ese sufrimiento y avanzar en materia de verdad, justicia y reconciliación. También debemos respetar y cuidar más nuestra democracia”.

Por su parte, Bachelet hizo hincapié en que hay que reconocer que “aún tenemos una fractura profunda entre quienes justifican la dictadura y aquellos que confiamos en la democracia para enfrentar una crisis”.

En términos parecidos se expresaron los obispos católicos chilenos al manifestar que “las heridas que dejó ese momento doloroso de la historia aún no han terminado de cicatrizar”.

Sobreviviente del terror

Jaime Hernández, quien fuera escolta de Allende, sobrevivió a los horrores de la dictadura en una tumba, la que compartió con un cadáver, y así lo relata a la agencia de noticias AP.

“Me escondí allí porque fue la parte más segura que encontré”, explicó. La tumba estaba en la parte posterior de un mausoleo en el Cementerio General de Santiago.

Hernández pudo escapar de los torturadores en su peculiar escondite hasta que obtuvo asilo en la Embajada de Italia gracias a las gestiones del cardenal Raúl Silva Henríquez, el prelado que salvó a miles de perseguidos del régimen de Pinochet.

“Mi cama la hice en el segundo nicho que estaba desocupado, en compañía de los muertos”, narra Hernández, quien pasó 10 días en el sepulcro, bebiendo leche y tragando galletas molidas, porque una fractura de mandíbula ocasionada por los golpes de sus torturadores le impedía ingerir otros alimentos.

“Por la noche cerraba la tumba, prendía una vela y fumaba mucho. Me tapaba con una manta que me trajo uno de mis compañeros” .

huellas de Pinochet

Aunque han pasado cuatro décadas desde que se estableció la dictadura militar, las huellas del golpe a la democracia chilena siguen patentes y prueba de ello es el complejo sistema electoral que, en la práctica, actúa como un cerrojo que impide que se concreten los cambios constitucionales en la educación y salud públicas que quiere hacer la oposición izquierdista.

MIRADA AL FUTURO

Para Bachelet, favorita según las encuestas para ganar las elecciones presidenciales del 17 de noviembre, el mayor reto en las urnas será obtener más diputados y senadores que su rival oficialista, la economista Evelyn Matthei.

El sistema electoral vigente está diseñado para que existan dos grandes bloques políticos en el Senado, que elige a la misma cantidad de senadores, con una diferencia de uno o dos escaños, porque para ganar dos escaños en cada distrito electoral uno de los dos partidos tiene casi que duplicar la votación de su opositor. Este sistema impide alcanzar las altas votaciones que exige la Constitución para hacer las reformas. Solo para iniciar el estudio de una posible reforma constitucional se requieren 25 de 38 votos.

La expresidenta dijo que probablemente ningún país tiene una experiencia como la chilena, “en la que una minoría puede vetar a la mayoría y donde la mayoría al final no puede hacer lo que la gente quería al votar por ellos”. El rastro de la dictadura también está presente en la educación.

El malestar de los estudiantes es cada vez mayor y así lo reflejan las constantes manifestaciones que realizan en demanda a una educación pública gratuita y de calidad.

Los jóvenes también centran sus protestas en un sistema de salud deficiente y la creciente brecha entre ricos y pobres. “Las demandas que se han levantado con fuerza en la última década provienen de un movimiento social y político que ha tenido que recomponerse de un fuerte golpe y brutal desintegración no solo por lo sufrido durante la dictadura militar, sino que principalmente por la herencia cultural, política y económica que nos dejó”, señaló Camila Vallejo, antigua líder estudiantil y hoy candidata a diputada por el Partido Comunista.

Hoy, cuando los chilenos conmemoran su 9/11, la fecha se torna más interesante, porque solo faltan dos meses para elegir al nuevo presidente y en el que uno de los mayores desafíos que enfrentará el sucesor (o sucesora) de Piñera será promover la unidad del país.

(Basado en servicios internacionales).

Crímenes y tretas de la dictadura

Transcurridos 40 años del golpe de Estado que dio inicio a la dictadura, el 11 de septiembre de 1973, asombran aún los crímenes de un régimen que se saldó con al menos 3 mil 200 víctimas y 38 mil torturados. “Nos quedamos cortos. Esta máquina era mucho mayor de lo que imaginábamos”, dijo la periodista Mónica González, una destacada investigadora de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura de Pinochet. Un año después, Pinochet mandó asesinar a quien lo había antecedido en la jefatura del Ejército y recomendado su nombre a Salvador Allende: el general Carlos Prats, quien murió junto a su esposa Sofía Cuthbert al estallar una bomba adosada a su automóvil en Buenos Aires.

El régimen golpista desarrolló también armas químicas, como el gas sarín, y las perfeccionó de la mano del químico Eugenio Berríos, para utilizarlas en conflictos con países vecinos y contra opositores, según la investigación de Mónica González.

El químico fue asesinado en 1991 en Uruguay por militares uruguayos confabulados con la dictadura chilena para borrar los rastros de esos crímenes. Cuando comenzaron las primeras protestas contra su régimen, a inicios de la década de 1980, Pinochet usó hasta la fe de los chilenos para distraer la atención de la población con “apariciones” de la Virgen a un niño vidente.

afp

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