MARACAIBO

Dialogando entre las ´guarimbas´

Los jóvenes protestan porque en su barrio hay un módulo policial que está desocupado hace dos años y el crimen azota.
Los jóvenes dicen que se organizaron para agarrar a los maleantes. Cuando uno cae lo amarran hasta que llega la policía. Todos los jóvenes son universitarios. EL COLOMBIANO DE MEDELLÍN. Los jóvenes dicen que se organizaron para agarrar a los maleantes. Cuando uno cae lo amarran hasta que llega la policía. Todos los jóvenes son universitarios. EL COLOMBIANO DE MEDELLÍN.
Los jóvenes dicen que se organizaron para agarrar a los maleantes. Cuando uno cae lo amarran hasta que llega la policía. Todos los jóvenes son universitarios. EL COLOMBIANO DE MEDELLÍN.

Ver a un muchacho de 19 años con una máscara antigás, patrullando las calles entre las barricadas con llantas y palos humeantes, parece una imagen más propia de los conflictos del Medio Oriente y no del área urbana de Maracaibo, la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Pero ocurre, y a menudo, desde que las protestas generalizadas estallaron en febrero del presente año. “Aquí no podemos ver a un guardia, ni militar, ni policías, porque tenemos la sicosis de haberlos visto atacando a nuestras familias con gas y perdigones”, relata el joven, acompañado por un puñado de estudiantes encapuchados en la urbanización Urdaneta, a un costado de la vía Sabaneta.

El grupo ha organizado una “guarimba”, nombre con el cual se conocen en Venezuela las protestas que incluyen cierre de calles y tropel con la fuerza pública. En ellas han muerto al menos 23 personas en los últimos dos meses, se saquearon locales e incineraron vehículos a granel, reporta la prensa local.

Los jóvenes protestan porque en su vecindario hay un módulo policial que hace dos años está desocupado y la delincuencia común los tiene azotados con atracos a mano armada. “Nos tocó a nosotros velar por la seguridad, todos somos universitarios y nos turnamos la vigilancia. Cuando atrapamos a un ladrón, lo amarramos a un árbol hasta que llega la policía”, narra uno de los “guarimberos”.

En otros puntos de la ciudad las proclamas son por comida, pues los productos escasean en las tiendas. “Ya no quiero que haya escasez e inseguridad, no puedo salir en mi bici porque me roban”, dice una niña de 10 años y dientes de leche, quien junto a su prima de 11 sostiene una cartelera hecha a mano, con el aviso “S.O.S. Venezuela”. A continuación, entonan una canción que aprendieron de la mamá: “¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana!”.

Cerca de ellas, en la plaza de la República, hay un desempleado de 24 años, que se levanta la camisa y enseña el abdomen con nueve cicatrices redondas por esquirlas de una escopeta calibre 12, recuerdo de una “guarimba” en Palaima. Culpa a los Colectivos Bolivarianos y los Tupamaros, grupos civiles patrocinados por el Estado, con quienes se enfrentan de manera violenta en las marchas. “Ellos andan armados y nos golpean delante de la Guardia Nacional, que no hace nada”, se queja.

Otra opinión tiene un supervisor de los Tupamaros, a quien nos encontramos haciendo cola por alimentos en un mercado del sector El Trébol, y solicitó la reserva de su identidad. “Nosotros organizamos al pueblo, no somos violentos, también estamos peleando por la comida”, expresa agitando una bolsa de víveres en la mano.

“Yo soy chavista, pero solo de corazón, porque el chavismo ya no existe por la muerte del líder”, comenta un taxista mientras conduce un apachurrado Capri Malibú por la avenida Circunvalación 2. Y añade: “Si Chávez estuviera, esto de las guarimbas no pasaba, él mandaría al ejército y listo. Maduro no le dio importancia al principio y ahora la oposición se cree dueña del país”.

Parece verdad que el presidente Nicolás Maduro tiene una visión más moderada del problema que su antecesor. En su programa televisado En contacto con Maduro, en la noche de este martes, señaló que “esta oleada de violencia la resolvemos en Dios, la nuestra es una revolución espiritual”.

El taxista se declara chavista no madurista, y hace parte del arco iris de tendencias que hoy alumbra a Venezuela. En la visita de una semana a Maracaibo, este periodista dialogó con: chavistas, maduristas, socialistas no chavistas, chavistas no maduristas y socialistas no chavistas; opositores, caprilistas, opositores no caprilistas, leopoldistas e independientes... divisiones de pensamientos más agudas que la simple clasificación de oficialistas versus oposición.

“Acá todos nos volvimos activistas políticos sin quererlo”, concluye una dama en la protesta de la plaza de la República.

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