JUAN COLE, ACADÉMICO Y BLOGUERO

´Interrogar al ´establishment´ es algo subversivo´

El catedrático en Historia de la Universidad de Michigan reflexiona sobre la naturaleza humana, los asuntos internacionales y los problemas a los que se enfrenta la vida en el planeta.

“Solo las grandes mentes –escribió Stendhal– pueden permitirse un estilo sencillo”. La reflexión del célebre autor francés viene a la mente al conversar con Juan Cole. Desde su casa en Ann Arbor, Michigan, atiende a este diario al teléfono por más de una hora. Su tono es pausado y se toma su tiempo para ordenar sus pensamientos. Al término de la entrevista asegura que le encantaría visitar Panamá, y la conversación se extiende un poco más, aterrizando a temas más mundanos, pero igual de agradables. Pareciera que no tiene nada más que hacer.

Sin embargo, Cole es uno de los intelectuales más importantes de Estados Unidos (EU). Nacido en 1952 en Albuquerque, Nuevo México, la carrera militar de su padre lo obligó a mudarse a Francia con apenas dos años –permanecería siete más allí– y a pasar por 12 escuelas distintas en la misma cantidad de años. La inestabilidad de su vida y sus consecuencias –“viajando tanto, uno está constantemente perdiendo seres queridos”, reflexiona– le hicieron buscar refugio en la lectura, la primera de sus grandes pasiones.

Pero fueron los 18 meses que su padre pasó en la base de Kagnew (Asmara, Eritrea) los que le abrieron las puertas de la civilización a la que le ha dedicado su vida profesional. “Eritrea está en el borde del Medio Oriente, es una sociedad mixta de musulmanes y cristianos. Fue ahí donde por primera vez me encontré con el mundo musulmán”, cuenta.

Su amor por Medio Oriente terminó de consumarse en Beirut, donde pasó un tiempo con su familia –“descanso y recreación”, en argot militar– al término de la misión en Asmara. “Realmente me gustó Beirut, quedé enamorado de la ciudad”, asegura. Más adelante, ya cursando la licenciatura –en Historia y Literatura de las Religiones–, pasó seis meses más en la capital libanesa haciendo una investigación. Volvió tras obtener el título, en 1975, pero la guerra civil lo obligó a marcharse a El Cairo, en donde completó, tres años después, una maestría en Estudios Islámicos y Medio Orientales.

Tras un año más en Beirut –en donde trabajó como traductor en un periódico–, Cole regresó a EU, obteniendo su doctorado en Estudios Islámicos en 1984. Desde entonces su vida ha estado ligada a la Universidad de Michigan (con sede en Ann Arbor), primero como profesor asistente y ahora como catedrático de Historia.

En la actualidad, Juan Cole es una de las mentes más respetadas del globo en temas de Oriente Medio y el mundo musulmán. Ha escrito varios libros sobre el tema –el último, Engaging the Muslim World, fue publicado en 2009– y escrito decenas de ensayos para publicaciones académicas especializadas. Por si fuera poco, su dominio de idiomas –habla árabe, urdu, persa, francés, alemán y español– le ha permitido traducir al inglés gran parte de los escritos de grandes figuras como el poeta persa Omar Khayyam o el novelista libanés-estadounidense Khalil Gibran. Rutinariamente es entrevistado por medios del mundo entero –de CNN a Russia Today–, ha escrito artículos y editoriales en las publicaciones más prestigiosas del planeta e incluso ha testificado ante el Senado estadounidense, que en 2004 pidió su testimonio para entender la situación en Irak.

Por si todo eso fuera poco, el vehículo por el que canaliza su tremenda producción intelectual –escribe casi a diario– es su blog Informed Comment (juancole.com), activo desde 2002 y ganador de varios premios y reconocimientos. En su momento, llegó a estar entre los 100 blogs más leídos de todo el internet.

Como todo gran intelectual, Cole ha estado involucrado también en varias polémicas. En 2006, por ejemplo, fue nominado para ejercer en la Universidad de Yale. Su candidatura fue aprobada por los departamentos de Historia y Sociología, pero luego rechazada por el comité de nombramientos. Varios historiadores de Yale señalaron su blog y su naturaleza “controvertida” como el principal motivo. Alguno incluso llegó a decir que, en el caso del nombramiento de Cole, “la política había sobrepasado a la integridad académica”.

Cinco años más tarde, un periodista de The New York Times reportó que un antiguo agente de la CIA había asegurado que, durante la administración de George W. Bush, la Casa Blanca habría ordenado dos veces a la agencia de inteligencia obtener información sensitiva sobre Cole para desacreditarlo. Sorprendentemente, Cole le da muy poca importancia al asunto. “Solo sé lo que se escribió en el Times”, asegura, quizá consciente de que ciertos ladridos son señal de un buen galope.

¿Cómo explicaría la importancia del estudio de la historia?

Por su formación, los historiadores académicos tienen una forma de ver el mundo distinta del resto de las personas.

Una de las cosas que hacemos es contextualizar. En este sentido, gran parte del periodismo es un primer borrador de la historia. En los artículos periodísticos vemos, por ejemplo, que 25 bombas estallaron en Irak, que hubo tantos muertos y que el atentado representa un desafío para el gobierno, pero normalmente no se dice mucho sobre quién puso las bombas y por qué, cuál es la historia del país en los últimos 5 o 10 años, quiénes son los objetivos de los ataques y por qué, y ese tipo de datos. Todo ese contexto no tiene lugar en un artículo de periódico, pero es algo que a la gente le gusta saber para apreciar mejor el significado de un evento.

Por supuesto que no siempre el contexto que damos es el correcto pero, habiendo pasado 30 años estudiando la región, creo que tengo una idea decente del contexto en que se desarrollan los eventos.

Además de poner las cosas en contexto, los historiadores le prestamos atención al cambio de las cosas a través del tiempo: cómo ciertas cosas que vemos como naturales o eternas son, en realidad, recientes, o han cambiado significativamente, o incluso son tradiciones inventadas.

Eso es muy importante, por ejemplo, en el caso de las actitudes sobre la anticoncepción o el aborto. Los historiadores sabemos que las opiniones de las entidades religiosas sobre estas cosas hace mil años eran distintas a las de ahora. Algunas personas creen que son doctrinas eternas, pero no lo son.

¿Diría que el contexto es peligroso para los poderosos?

Creo que cuando los oficiales gubernamentales evitan dar contexto, están haciendo propaganda. Por lo que sí puede ser incómodo para los poderosos.

La historia, como la practicamos los historiadores contemporáneos –poniendo las cosas en contexto y prestando atención a los cambios– es subversiva. Porque al establishment le gustaría que pensáramos que el orden contemporáneo de las cosas ha sido siempre así, que la mejor sociedad posible es la que tenemos. Y el interrogar a este establishment, cómo llegó a estar donde está y cómo ha cambiado a través del tiempo, todas estas cosas son subversivas en efecto, si no en intención.

Usted ha escrito mucho sobre religión. ¿Cuál es su centralidad para los seres humanos?

Gran parte de lo que los seres humanos son representa una búsqueda de significado. La historia de las religiones es parte de esa búsqueda, pero no la única manera en que se ha buscado significado. Para mí, las grandes ideologías del siglo XX –el comunismo, por ejemplo– también fueron parte de esa búsqueda del entendimiento del orden del mundo y del desarrollo de la relación del individuo no solo con el mundo material, sino también con el mundo espiritual, el mundo de la estética, del afecto y de la empatía.

Dicho eso, no considero que las religiones que hemos conocido en los últimos 2 mil o 3 mil años estarán siempre con nosotros, pero sí me parece que los seres humanos encuentran la vida difícil si no le hallan un significado. Los armazones en los que se suele explorar ese significado [las religiones], por ende, son muy importantes, y una vez se desarrollan la gente se apega a ellos, forman sus identidades y pueden incluso volverse la base de la política. Pueden ser un factor de unión o de división, pero creo que una visión auténticamente materialista de los seres humanos obvia esta importante dimensión de su comportamiento.

¿Existe alguna relación entre religión y desarrollo económico?

No pienso que tengan nada que ver. Esa tesis fue expuesta por [el sociólogo alemán] Max Weber: una manera de ver la historia en la que si el capitalismo moderno se había desarrollado en los países protestantes del norte de Europa, entonces debía haber algún problema con los países católicos del sur.

Pero, de hecho, los historiadores contemporáneos han acabado con esta teoría. Estas ideas del siglo XIX sobre la superioridad de los protestantes no han aguantado el escrutinio.

Naturalmente, las cosas cambian y ha habido momentos en los que ciertos países católicos o musulmanes han experimentado un alto crecimiento y los protestantes se han estancado. Las religiones pueden tener un impacto aquí o allá, pero el desarrollo económico tiene que ver con la cultura material, con el crecimiento y la productividad, con la relación entre el crecimiento de la población y el crecimiento económico, etc. La religión, normalmente, no tiene nada que ver con esas cosas.

¿Cómo ve, hoy por hoy, al mundo musulmán, especialmente el que va de Marruecos a Omán? ¿Qué puede decirme de su relación con el llamado “Occidente”?

He pasado mi vida estudiando esa región que acabas de delinear. Encuentro que en nuestros medios el islam y los musulmanes son profundamente incomprendidos, que muchas de las cosas que se dicen o piensan sobre ellos son simplemente falsas. En las sociedades occidentales existen grupos interesados en promover una “leyenda negra” de los musulmanes y eso es una de las cosas contra las que lucho a diario.

Creo que eso es muy grave. Ese tipo de premisas falsas sobre los musulmanes podría acabar en matanzas o en la privación de los derechos humanos y civiles de muchas personas.

Por supuesto, estas premisas influyen también a nivel de política exterior. Y las premisas falsas producen malas políticas.

Estoy interesado en entender el mundo musulmán y el islam de manera desapasionada, no solo porque considero que es el deber de un intelectual, sino porque creo que es importante que los intelectuales participen en los debates políticos, y no dejárselo todo a los burócratas y propagandistas.

¿Cómo es posible que tras tantos siglos de interacción, aún exista tanta ignorancia mutua entre ambas culturas?

La gente no intercambia información íntima muy fácilmente. Lo pude ver en el Líbano, en donde los cristianos y musulmanes no sabían mucho sobre la religión del otro. Pienso que lo evitaban de manera consciente: la mayoría de los musulmanes no entendía la Trinidad o algunas creencias cristianas básicas, y los cristianos no sabían mucho sobre la historia islámica o sus normas y valores. No era una ignorancia universal, pero era muy común. Para mí fue impactante: veía a vecinos en el mismo edificio, uno iba a la mezquita el viernes, el otro a la iglesia el domingo, y eran completamente ignorantes de las creencias del otro.

La gente se esconde de otros sistemas de creencias en parte porque el contacto íntimo con otro sistema de creencias es incómodo. Si tienes una cosmovisión con raíces fuertes no vas a querer oír otra narrativa porque sería un desafío.

Usted apoyó la intervención [militar internacional] en Libia. ¿Podría explicar por qué?

En general, estoy en contra del imperialismo, por lo que, en principio, estaría opuesto a la idea de cualquier ejército occidental entrando en Libia. Pero en ese caso particular, el gobierno estaba usando aviones de guerra, tanques y artillería pesada para masacrar a sus propios ciudadanos. Y resulta que era logística y tácticamente posible bombardear esos tanques y esos depósitos de armas en medio del desierto sin gran pérdida de vidas humanas.

Además, desde que el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU autorizó una zona de vuelo prohibido (no fly zone) y a las naciones del mundo a hacer todo lo posible por detener la masacre, pensé que era correcto que la ONU interviniese.

En este sentido, ¿por qué el caso sirio es distinto?

Siria es diferente en muchas maneras. Para empezar, no está claro que la mayoría de los sirios necesariamente quiera deshacerse del gobierno o, al menos, que prefiera a las fuerzas rebeldes. Siria es un país mucho más diverso que Libia, donde tienes un 10-14% de cristianos, otro 10-14% de musulmanes chiítas, y luego un gran sector de [musulmanes] suníes urbanos, de clase media y relativamente seculares. Juntos, estos grupos fácilmente representan la mayoría del país. Y puede ser que no les gusten los aspectos más autoritarios del gobierno [del presidente Bashar al Assad], pero seguramente prefieran un gobierno secular a uno religioso. Muchos de los rebeldes, hemos visto, están involucrados en Hermandades Musulmanas, incluso algunos son parte de Al Qaeda. No veo en el caso sirio esa claridad moral que había en el caso libio.

En segundo lugar, no hay una autorización del CS –Rusia y China se oponen– para el uso de la fuerza en Siria. Y para mí la ley internacional es muy importante.

Finalmente, la geografía siria no es como la libia: los tanques no salen a carreteras en pleno desierto, sino que están en medio de las ciudades. No podríamos eliminar la artillería y los tanques sin el riesgo de impactar edificios, matando a muchos civiles inocentes.

Por todas estas razones, no creo que intervenir en Siria sea una decisión sabia. Me duele muchísimo la pérdida masiva de vidas a diario, y quisiera que hubiera una manera para que la comunidad internacional detuviese esa carnicería, pero no veo cómo.

Acaba de mencionar la importancia de la ley internacional. ¿Realmente cree que es posible controlar la anarquía que existe a nivel supranacional?

Los historiadores que estudian el desarrollo de la legislación y los tratados internacionales no suelen ser cínicos al respecto. Han encontrado que, aunque los gobiernos rutinariamente la ignoren o incluso la violen, la ley internacional sigue teniendo un gran peso en los asuntos mundiales.

La prueba es que, incluso los gobiernos que la contravienen ofrecen excusas y reciben presión nacional e internacional. No creo que sin el peso de la ley internacional, por ejemplo, se hubiera podido hacer caer al régimen del apartheid en Sudáfrica.

Entiendo que haya mucho cinismo con respecto a la ley internacional porque muy frecuentemente es ignorada. Pero considero que muchas veces tiene peso y constituye un punto de presión que tiene sus consecuencias.

En Engaging the Muslim World, usted escribió que el mundo enfrenta las crisis gemelas de la escasez energética y el cambio climático. ¿Cómo ve al mundo lidiando con ellas?

Hace varios años sugerí que la energía solar era la única solución real y definitiva para estas dos crisis. El mundo sigue creciendo en términos de población y cada vez más personas a nivel mundial –sobre todo en Asia y África– están aspirando a una vida urbana, en vez de una rural y agrícola, y todo eso incrementa la demanda energética. Encima, los hidrocarburos que usamos [como fuente primaria de energía] están causando un cambio climático muy peligroso que puede desestabilizar nuestro mundo.

Mi recomendación sería tener un programa masivo de instalaciones solares a nivel global. Los paneles solares han bajado de precio y ya compiten con los hidrocarburos. Incluso pueden ser complementados con energía eólica y geotérmica. Pero mi frustración es que, para mí, este cambio es urgente, algo que deberíamos intentar completar en los próximos 10 años, mientras que la mayoría de los gobiernos que le prestan algún tipo de atención a este tema habla de tener el 50% de energía renovable para 2050. Si queremos prevenir el cambio climático, eso es demasiado tarde.

Debo decir que uno de los motivos por los cuales los gobiernos y el público en general están demorándose en este tema es que gran parte de nuestra economía y nuestras vidas está basada en hidrocarburos, y las compañías que los producen emplean a muchísima gente y tienen un gran poder político. Por ende, intentan complicar el tema, cuestionando las evidencias halladas por los científicos o tratan de demorar los cambios en sus políticas. Pero si más gobiernos en el mundo hicieran el esfuerzo y convirtieran en prioridad el cambio a energía solar de la manera más rápida posible, podríamos evitar las peores consecuencias que nos amenazan.

Hablando de gobiernos, en una entrevista reciente el periodista Chris Hedges me dijo que EU se estaba convirtiendo en un “totalitarismo invertido”. ¿Qué está pasando en EU ahora mismo?

Yo no diría que se está convirtiendo en una sociedad totalitaria, solo porque me parece que aún hay espacio para la movilización popular.

Es verdad que la mitad de la economía estadounidense está dominada por unas 2 mil corporaciones, y que gran parte de las políticas y legislaciones gubernamentales está siendo dictada e influenciada por esas corporaciones. Pero también debemos recordar que muy a menudo las corporaciones tienen disputas entre ellas, y eso presenta una oportunidad para el público.

No quiero ser demasiado optimista porque los intereses corporativos son muy poderosos y las corporaciones tienen un peso desproporcionado en las deliberaciones y legislación gubernamentales, pero tampoco quiero renunciar a la esperanza. Creo que los individuos, el público, las ONG y la sociedad civil son lo suficientemente diversos y en conjunto tienen un gran poder. Si encuentran maneras de establecer alianzas –en algún punto incluso con corporaciones con intereses progresistas– podemos ser más optimistas.

El mundo entero está hablando del escándalo de la NSA. ¿Qué tan grave es? ¿Debemos preocuparnos?

Bueno, ¡yo estoy preocupado! Aunque, de hecho, no es una revelación completamente nueva; ya hace un tiempo que sabemos de esto. La vigilancia gubernamental es un problema y viola normas básicas de democracia cuando se hace sin una orden judicial, sin evidencia de que la ley ha sido violada.

Por otra parte, no pueden realmente vigilar a todo el mundo. Es imposible. Técnicamente, lo que están haciendo no es vigilarte a ti o a mí. Bueno, a mí sí (risas). Lo que están haciendo es minería de datos (data mining), buscando macropatrones y ciertas conexiones.

Lo que me desagrada no es que estén espiando a todo el mundo a la vez, sino que el potencial para abusos es muy grande. Y no veo que haya la suficiente supervisión para evitar los abusos.

¿Ve paralelos entre los movimientos de protesta del período entre la caída del Muro de Berlín y el 11-S [1990-2001] y los actuales?

Considero que desde 2008 se han abierto espacios para el activismo social. Diría también que ha habido un rechazo a ciertos aspectos del neoliberalismo.

Como teoría, el neoliberalismo no está completamente exento de virtudes: de hecho, ha habido muchísimos monopolios ineficientes que eran dañinos para la economía e incluso para la gente, que han sido atacados de esta manera.

Pero esta teoría también puede ser perniciosa, dependiendo cómo se implemente. Creo que la educación es un buen ejemplo: prácticamente ya no hay universidades estatales en EU. Todas han sido semiprivatizadas y el peso de su financiamiento ha pasado del Estado a las familias, produciendo unos altísimos niveles de endeudamiento estudiantil. En mi opinión, entonces, el neoliberalismo aplicado al sector educativo es una enorme catástrofe.

Cuando se aplicó esta teoría al sector financiero, y se quitaron las regulaciones, se produjo el colapso financiero de 1997 en Asia. Y pienso que algo de la crisis de 2008 también tuvo que ver con políticas neoliberales. Ahora estamos viendo un rechazo hacia ellas en un gran número de países. Las revoluciones en Túnez y Egipto, y hasta cierto punto en Libia y Siria, tuvieron elementos de protesta hacia las políticas neoliberales, hacia la privatización de bienes públicos.

Es verdad que el neoliberalismo ha producido mayor eficiencia en algunas áreas, pero sus teóricos no le han prestado atención a la distribución de la riqueza, a las consecuencias sobre los ingresos de la gente, al bienestar social... la teoría solo trata de cómo organizar las cosas, no de las consecuencias.

El neoliberalismo, además, le da a las élites gubernamentales la oportunidad de hacer negocios entre ellos y volverse multimillonarios a expensas del pueblo. Así que creo que el movimiento de los indignados en España, del Occupy Wall Street en EU, y otras protestas alrededor del mundo, como las que se están dando actualmente en Turquía, son parte de este fenómeno.

Uniendo los puntos de los movimientos contra el neoliberalismo, el poder de las corporaciones, y ahora las revelaciones sobre la capacidad gubernamental de vigilancia, ¿teme que nos estemos convirtiendo en un mundo orwelliano?

Bueno, hay que recordar que [George] Orwell [en su novela 1984] no estaba prediciendo el futuro. Más bien estaba describiendo prácticas gubernamentales que veía a su alrededor en los años 40. Era una alegoría de su propia realidad, no una predicción sobre lo que sucedería en el futuro.

Sin embargo, pienso que los peligros que señaló están ahí: la vigilancia y abuso gubernamental, la concentración de capital en pocas manos, la brutalidad policial y la represión estatal; pero también hay que notar que las corporaciones y los gobiernos son solo una pequeña parte del mundo, y que las grandes masas de personas tienen mucho más peso que ellos.

Para la gente, siempre es posible resistir. No debemos subestimar el impacto y la importancia del poder popular. De manera acumulativa, los 7 mil millones de personas en el planeta tienen más poder que los gobiernos y las corporaciones. Y si se organizan para propósitos concretos es probable que se impongan.

Finalmente, ¿cuál ha sido el precio que ha pagado por expresar sus opiniones?

No creo haber sufrido de manera significativa. Especialmente comparado con los jóvenes valientes en Egipto o Túnez que fueron a prisión o fueron torturados o baleados. No he sufrido nada parecido. Quizá no me ofrecieron algún trabajo en una universidad Ivy League o no me dieron trabajo en el Gobierno, pero igual no estoy interesado en ese tipo de cosas.

Las maneras en las que uno es castigado por expresar sus opiniones como académico en EU consisten en poner ciertas limitantes a tu progresión profesional y social. Pero la mayor parte de los que expresamos estas opiniones somos viejos hippies y ya no nos importa mucho la progresión social, así que no es nada serio.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

Ediciones anteriores

Loteria nacional

21 Dic 2014

Primer premio

1 5 0 9

DDBC

Serie: 18 Folio: 10

2o premio

8354

3er premio

8458