Reaparece el fantasma de la represión

Lucha contra narcos revive el militarismo

Honduras, Guatemala y El Salvador se están apoyando en los militares para hacer frente a los narcotraficantes.

Soldados con chalecos antibalas y fusiles de asalto vigilan bajo un inclemente sol una carretera en el este de Honduras a bordo de vehículos dotados con ametralladoras de alto poder.

Esta escena se reproduce cada vez más en otros países de Centroamérica, donde han penetrado los violentos carteles mexicanos de las drogas, obligando a los gobernantes a recurrir a las fuerzas armadas para combatir el crimen.

Esa estrategia, aunque celebrada por algunos sectores de la población que se sienten más protegidos y seguros, también ha generado temores a un mayor protagonismo militar que termine saliéndosele de las manos a los gobiernos de la región.

Guatemala y El Salvador, que todavía tienen frescos recuerdos de las brutales guerras civiles que dejaron decenas de miles de muertos, también se están apoyando en los militares para hacer frente a narcotraficantes. Los carteles mexicanos, asociados con narcotraficantes locales y pandillas -conocidas como maras-, han extendido hacia el sur sus negocios, convirtiéndose en un factor clave para que se haya disparado la cifra de asesinatos en América Central.

La violencia ligada a los carteles ha contribuido a que Honduras, donde se cometen más homicidios en todo el mundo según la ONU, tenga una tasa de 82.1 asesinatos por cada 100 mil habitantes, seguido por El Salvador con 66 y Guatemala con 41.4, solo superado por Venezuela con 49.

Muchos creen, sobre todo izquierdistas y grupos de derechos humanos, que con el despliegue de militares en varios países centroamericanos podrían repetirse los abusos ocurridos hace décadas y, además, extenderse la violencia a más ciudades y poblados.

“La gente ha dejado de tener memoria histórica a consecuencia de la violencia que estamos viviendo. Creen que con desplegar a los soldados las cosas van a estar mejor”, observó María Villatoro, de 42 años, secretaria de un despacho en la capital guatemalteca.

“Pero yo recuerdo bien los abusos, fue terrible, absolutamente terrible”, dijo Villatoro, quien perdió a una hermana durante la brutal guerra civil, cuando hubo graves violaciones a los derechos humanos y casi 250 mil personas murieron o desaparecieron, muchas en sangrientas masacres.

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