ascenso y caída del ´principito´

Perpetua para Bo Xilai, el ex ´pez gordo´

Todo iba bien para el político, hasta que su mano derecha cantó los delitos de Bo y de su esposa Gu Kailai.

Con la condena a cadena perpetua emitida ayer domingo por la justicia china, se apagó definitivamente la estrella de Bo Xilai, expoderoso y ex pez gordo, un principito rojo destinado a cargos relevantes en la política de su país.

El título de “principito” proviene de ser hijo de Bo Yibo, maoísta de la primera hora y miembro de la resistencia contra Japón, un economista designado por la gran conducción como ministro de Finanzas, pero luego echado en 1966 por su reformismo.

En 1966, durante la revolución cultural, fue expulsado del partido y encarcelado durante 10 años, para luego ser rehabilitado por Deng Xiaoping, con el cual está en el grupo de los “ocho grandes funcionarios” que llevaran a China a la gran potencia económica de hoy, con las aperturas al capitalismo.

Como otros principitos, Bo Xilai tuvo una carrera importante, que partió de salones secretos del poder de Beijing de Zhongnanhai (el edificio donde reside el establishment) y comenzó en forma pública en la provincia en el norte occidental de Liaoning.

Luego de haber cumplido algunos roles en el gobierno de la provincia, en 1993 es nombrado alcalde de Dalian, la capital de Liaoning, cargo que desempeña hasta 2000, también como secretario del partido (desde 1999).

Le dio mucho impulso a la ciudad industrial, cosa que lo llevó luego a ser gobernador de la provincia ente 2001 y 2004. Posteriormente se convierte en ministro de Comercio durante el boom de las exportaciones chinas en el mundo, hasta 2007, cuando asumió como secretario del partido, asegurándose un puesto en el grupo de los 25 más poderosos, los que se sientan en el politburó.

Según analistas, fue enviado a Chongqing, la ciudad más poblada de China, para quitarle la aspiración de volverse uno de los hombres más poderosos. Pero la cosa no funcionó. Por el contrario, a través de una fuerte campaña pública, Bo Xilai no sólo reforzó el maoísmo haciendo de Chongqing la ciudad más roja, sino que la convirtió en la capital industrial que es en la actualidad.

Lo que le dio más poder a Bo Xilai fue una campaña contra las “triadas” y la corrupción local, con la ayuda de su mano derecha, el policía Wang Lijun, luego su principal acusador en el juicio.

Bo Xilai pudo convertirse en uno de los nueve que deciden la suerte en China elegido en el congreso de 2012, si en febrero Wang Lijun no se hubiera escapado de Chongqing para refugiarse en el consulado estadounidense de Chengdu, y contado a la cúpula de Beijing los delitos de Bo y su esposa Gu Kailai. Eso marcó la caída en desgracia: en marzo pierde el puesto de secretario del partido de Chongqing, en abril es suspendido de la oficina política y en octubre de la Asamblea Nacional del Pueblo.

Su esposa fue condenada a muerte (conmutada por perpetua) en agosto por el crimen de un empresario inglés y Wang Lijun recibió la sentencia de 15 años de reclusión un mes más tarde.

Con la condena de ayer de Bo Xilai se cerró el cerco y el establishment de Beijing ganó otra batalla contra la corrupción.

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