Juego de equilibrios.

Perspectiva Zapatero compensa a Colombia

Bogotá - No hay realpolitik sin mecedora: todo paso en una dirección debe ser compensado, al menos, por un cierto balanceo en dirección contraria. José Luis Rodríguez Zapatero aplicó ayer en , Bogotá, capital de Colombia, este obligado precepto del realismo político.

Dos días después de firmar en Caracas un importante contrato de venta de material militar a Venezuela que ha cosechado la crítica de Estados Unidos, el presidente del Gobierno español anunció ayer la donación a Colombia de tres aviones militares de carga y transporte C-212. Y añadió que tal donación es el prólogo a una nuevo acuerdo sobre suministros militares que podría cerrarse el próximo mes de julio, cuando el presidente colombiano, Álvaro Uribe, visite España.

El Gobierno socialista español canceló al inicio de su mandato, hará pronto un año, la venta a las fuerzas armadas colombianas de más de cuarenta carros de combate AMX, prometida por José María Aznar al presidente de Colombia, Álvaro Uribe. En aquel momento, el gobierno Zapatero argumentó que la venta de carros de combate a Colombia podía contribuir a una escalada militar en la región, al tratarse de un equipamiento de marcado carácter ofensivo. Así las cosas, la visita del presidente del Gobierno español a Colombia tuvo ayer una importante significación política. Se trataba de compensar a Colombia por la intensidad del acercamiento español a Venezuela, habida cuenta de que ambos países, aunque vecinos y depositarios del legado histórico de Simón Bolívar, padre de la independencia, se hallan hoy en las antípodas.

Venezuela, quinto productor mundial de petróleo, se ha convertido en el arriesgado laboratorio del populismo socializante que encarna el coronel Hugo Chávez, que Estados Unidos observa con serio disgusto. Colombia, amenazada por el narcotráfico y con zonas del país en manos de la guerrilla y las fuerzas paramilitares, ambas a su vez financiadas por el tráfico de drogas, cuenta con el gobierno de Latinoamérica con mayores vínculos políticos y militares con Washington.

La tensión entre Venezuela y Colombia ha sido especialmente intensa en los últimos meses. A principios del pasado mes de diciembre, fuerzas policiales colombianas se infiltraron en Venezuela y detuvieron en Caracas a un dirigente de las FARC, la principal guerrilla colombiana, presumiblemente protegido por las autoridades venezolanas. El gobierno de Chávez consideró mancillado el honor nacional. Ambos países suspendieron sus relaciones comerciales y estuvieron al borde de la ruptura diplomática. En medio de la tormenta, se produjo el viaje del ministro español de Defensa, José Bono, a Caracas para cerrar un acuerdo de suministro militar de aviones de transporte y barcos de vigilancia marítima altamente favorable para los maltrechos astilleros navales de Izar.

Los gobiernos de Brasil, Cuba y Perú se movilizaron de inmediato para que las cosas no pasarán a mayores entre Chávez y Uribe. La reconciliación se selló el pasado martes en Puerto Ordaz, localidad venezolana de la selva del Orinoco, en una cumbre entre los jefes de gobierno de Brasil, Venezuela, Colombia y España.

La citada cumbre, cuyo principal artífice ha sido el presidente brasileño Lula da Silva, ayudó a Rodríguez Zapatero a dar una mejor capa de esmalte a su visita a Venezuela.

Tanto Zapatero como Uribe ofrecieron ayer, sin aparente esfuerzo, una imagen de cordialidad en Bogotá. El presidente colombiano evitó criticar la venta de material militar español a Venezuela, aunque, sin citar a ningún país, pidió garantías "de que a los terroristas no les llegarán armas". Contundente, Zapatero afirmó que "es falso de toda falsedad" que España esté contribuyendo a un rearme ofensivo de Venezuela. El presidente español volvió a subrayar que los aviones de transporte y los barcos de vigilancia costera no son armas de carácter ofensivo.

Colombia se va a convertir en el primer país receptor de cooperación española. La visita del presidente José Luis Rodríguez Zapatero materializó el compromiso de su gobierno en un incremento sustancial en ayuda social y al desarrollo al pueblo colombiano. El propio presidente Álvaro Uribe destacó la importancia de la cooperación española, que ha pasado de 300 millones de dólares en microcréditos a 800 millones.

"Va a aumentar sustancialmente nuestra cooperación con Colombia; ya es el segundo país en recepción de ayuda española, pero pronto se va a convertir en el primero", afirmó el presidente español.

La ayuda de España a Colombia ha experimentado en los últimos años un importante crecimiento, tanto cualitativo como cuantitativo. A la cooperación técnica, tecnológica, educativa, cultural y social que ya existe, se añadirá ayuda para los desplazados por la violencia y los desmovilizados del conflicto bélico. El presidente español también anunció la creación en Bogotá de un centro cultural español y de una escuela taller.

Zapatero inició su viaje a Colombia con una reunión con las numerosas ONG españolas que desarrollan una generosa misión en Colombia. Los representantes de las ONG españolas expresaron al presidente de gobierno su preocupación por violaciones de derechos humanos, en especial por una matanza de civiles, incluidos niños, en Apartadó (Antioquia), presuntamente cometida por militares. Zapatero transmitió a Uribe esta inquietud.

Rodríguez Zapatero tiene la habilidad de agradar a todo el mundo. De igual manera que en sus jornadas venezolanas Hugo Chávez le llamó en forma reiterada "hermano José Luis", el presidente Uribe en todo momento lo trató con la máxima deferencia. "Nos complace trabajar con usted, que encarna un liderazgo fresco, democrático y transparente", le dijo Uribe a Zapatero.

Pero fue el Ayuntamiento de la capital bogotana el que dio mayor relieve gráfico a su breve visita a Colombia.

En la fachada de la alcaldía se colocó un gran cartel de más de doce metros cuadrados en el que, con fondo de la bandera española, se leía con grandes caracteres: "La historia de la democracia es la historia de los derechos, José Luis Rodríguez Zapatero".

El alcalde Luis Eduardo Garzón, del partido de izquierda Polo Democrático, entregó a Zapatero las llaves de oro de la ciudad en un salón presidido por el retrato del conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá.

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