AMBOS BANDOS CORTEJAN A WASHINGTON

Estados Unidos, neutral ante Paraguay

Mientras que la nación norteamericana se mantuvo al margen, otros países de la región intentaron salvar a Lugo. Y fracasaron.

Cuando Fernando Lugo ya no tenía a quién acudir en su solitaria batalla por conservar la Presidencia, el exobispo apeló a lo que muchos en América Latina consideran desde hace tiempo la autoridad suprema de la región.

Pidió ayuda del Gobierno estadounidense. Salió disimuladamente del palacio presidencial y se reunió por más de una hora con el embajador estadounidense James Thiesen, mientras los legisladores se preparaban para entablarle al día siguiente un juicio político.

Y mientras el líder de izquierda estaba almorzando con el embajador, la oposición derechista también se puso en contacto con la embajada estadounidense en las horas previas a la destitución del mandatario.

Los planteos que hicieron ambos bandos en estos momentos críticos, y la respuesta de Estados Unidos, son un misterio. Thiesen declaró a The Associated Press que no haría comentarios hasta que se difundiese el martes el informe de una delegación investigadora de la Organización de Estados Americanos. En público, el Departamento de Estado se mantuvo neutral, por más que la destitución de Lugo conmocionó a Paraguay y líderes regionales hicieron presión sobre su pobre vecino, que carece de salida al mar, para evitar lo que ahora califican como un “golpe institucional”. ¿Debería haber hecho más Estados Unidos por defender a Lugo, a pesar de que había perdido la confianza de casi todos los legisladores, con excepción de un puñado, en un país donde la Constitución contempla la destitución del Presidente por el “mal desempeño” de sus funciones con dos tercios de los votos en el Congreso?

Mucha gente en la región –en su mayoría izquierdistas– opina que sí, y algunos culpan a los estadounidenses por la caída de Lugo.

“El golpe de Estado en Paraguay se estaba preparando desde hace tiempo y es parte de la política continental impuesta por Estados Unidos contra gobiernos democráticos, con la complicidad de los poderes económicos y políticos”, afirmó el premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien exhortó a toda la región a defender la democracia y devolver a Lugo a la Presidencia.

El presidente venezolano Hugo Chávez fue aun más allá y sostuvo que la destitución de Lugo había sido una “decisión del Pentágono”. Otros no creen que Washington pudiera haber hecho la diferencia. Las teorías de la conspiración abundan en Latinoamérica.

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