´Ya no cambia nada´

La mayoría de las personas en El Cairo no se inmuta con la cercanía de la muerte del hombre que los gobernó durante casi 30 años. Ninguno va más allá de algo de compasión dictada por la piedad.

“Se merece la clemencia de Dios”, opina el estudiante Islam al Rashidi. “Tiene cosas buenas y cosas malas y lamentablemente ahora solo se recuerdan las malas”, agrega.

A sus 21 años, Al Rashidi no conoció otro presidente que Mubarak. “Ya no cambia nada”, dice Atif Abbas, que vende bebidas en la calle Kasr al Aini. “De todas formas ya estaba fuera del ojo público”.

En la segunda vuelta de las presidenciales tras la caída de Mubarak votó por Ahmed Shafik, ex primer ministro de Mubarak y representante del viejo régimen. Teme que en caso de ganar el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, se islamice aún más el país. Por las dudas, ya escondió la cerveza que vende bien al fondo de su nevera, detrás de las gaseosas sin alcohol, de modo que no se vea.

En cuanto a la posible muerte de Mubarak, no siente nada. “En el mundo de los negocios los sentimientos de este tipo no tienen lugar y no es diferente en cuestiones políticas”, explica el comerciante de 60 años.

Incluso en tiempos en que era presidente, Mubarak no despertaba muchas emociones. Sus seguidores lo respetaban por su capacidad de manejar los hilos del poder de tal forma que él y su clan siguieran siempre en la cúpula. Sin embargo, no era amado o endiosado.

Sus críticos y opositores se burlaban de su mediocridad intelectual y del materialismo inocultable de sus protegidos.

En los últimos años antes de su caída se convirtió en una figura odiada por la cantidad cada vez mayor de sus opositores.

Las enfermedades, la miseria social y el maltrato de la policía y otras autoridades hacia la población, los problemas económicos y la corrupción... todo era atribuido al “faraón”, que reunía todos los poderes.

La sospecha fundamentada de que estaba preparando a su corrupto hijo Gamal para una sucesión dinástica agregó más leña al fuego.

El señor Anwar, de 82 años, un ex funcionario de la ONU que mejora su jubilación con algunas traducciones del inglés y el francés, afirma haber ido a la escuela con Mubarak en la provincia de Menufiya, lo que obviamente nadie puede comprobar. “Su tío fue un gran médico y hermano musulmán en Menufija, pero él fue alejado de la familia cuando era joven”, recuerda.

“Cuando se convirtió en el hombre más poderoso del país, quiso compensarlo”, afirma el señor Anwar, que no quiere dar su nombre, sobre la tendencia al lujo de Mubarak.

¿Siente compasión por su ex compañero de colegio?

El anciano se apoya brevemente en su bastón y dice: “Más bien me da pena que no haya hecho nada mejor con su vida”.

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