lo que pueden dejar las negociaciones con irán

El cambio y la melancolía

El acercamiento entre Washington y Teherán podría provocar un realineamiento de fuerzas que podría dar paso a una nueva era en las relaciones internacionales.

Temas:

El secretario de Estado de EU, John Kerry, se dispone a abordar su avión en Tel Aviv, rumbo a Ginebra, tras reunirse con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. AP/Jason Reed. El secretario de Estado de EU, John Kerry, se dispone a abordar su avión en Tel Aviv, rumbo a Ginebra, tras reunirse con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. AP/Jason Reed.
El secretario de Estado de EU, John Kerry, se dispone a abordar su avión en Tel Aviv, rumbo a Ginebra, tras reunirse con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. AP/Jason Reed.

“Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”, escribió Anatole France (1844-1924). “Porque aquello que dejamos es una parte de nosotros mismos: debemos morir una vida para entrar en otra”. Aunque es poco probable que el escritor francés se inspirara en las relaciones internacionales de su época –¡y vaya época!– para escribirlo, sus palabras captan a la perfección el zeitgeist de la nuestra. Nuestro mundo está marcado por un mosaico de sentimientos –lo que Dominique Moïsi llamó “la geopolítica de las emociones”–, pero sobre todo por la ansiedad ante el incierto orden internacional que se empieza a perfilar, producto de la (histérica) reacción estadounidense al 11-S, de la invasión a Afganistán al espionaje masivo, pasando por Guantánamo, Fallujah, Abu Ghraib y los drones asesinos.

Nos vemos en Teherán

Nadie sabe lo que viene, pero las claves del futuro parecen encontrarse en la región comprendida entre Marruecos y Pakistán, también conocida como el Gran Oriente Medio (GOM). En la pole position de la atención mundial está Irán, cuyas relaciones con Estados Unidos (EU) –y el resto de “potencias occidentales”– se encuentran en medio de un proceso de normalización, iniciado con la elección presidencial de Hassan Rouhani en junio y solidificado por los resultados de las negociaciones nucleares con los P5+1 –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU más Alemania– en Ginebra.

El acercamiento entre Teherán y Washington dependerá de la caída del “muro de desconfianza” que los ha separado por casi siete lustros. La tarea es tan compleja como delicada, pero hay motivos sólidos para pensar que, esta vez, la cosa va en serio.

Los cimientos de la situación actual fueron puestos por Washington hace poco más de 10 años, cuando decidió reventar los diques suníes –sobre todo uno árabe y secular, de apellido Hussein– que contenían la influencia de la República Islámica –persa, chií y teocrática– en el resto del GOM. Puestas las bases, la última década para Teherán ha sido una de expansión y resistencia: la creación de un arco de influencia del Hindu Kush al Mediterráneo bien valía las penurias de las sanciones económicas.

Los persas, sin embargo, han sabido reconocer el momento de decir basta. Tras ocho años de incoherencia interna –los de Mahmud Ahmadinejad– han enderezado el rumbo con un nuevo presidente que parece satisfacer las distintas facciones del país. Luchando una guerra casi existencial en Siria y con la economía devastada por las sanciones, Irán vuelve a la mesa a intercambiar el as que se ha guardado celosamente bajo la manga –el supuesto programa nuclear– por el reconocimiento de su nuevo estatus de potencia regional.

Manejando la melancolía

Los norteamericanos, por su parte, parecen dispuestos a llegar a un acuerdo. El optimismo público visto en la Asamblea General de la ONU y esta semana en Ginebra son apenas la punta de un iceberg de señales que apuntan en esa dirección: Turquía, que suele tener relaciones tensas con Irak, ha estado mostrando un tono conciliador con Bagdad y Teherán, incluso organizando visitas de Estado. El presidente iraquí Nouri al-Maliki, por su parte, ha estado haciendo grandes (e inusuales) esfuerzos para integrar a la comunidad suní al resto del país. Y en el Líbano, el movimiento chií Amal estaría mediando entre Hezbollah y la diplomacia estadounidense para la inclusión de estos últimos en el nuevo gabinete en Beirut.

Geopolíticamente hablando, el acercamiento entre Irán y EU tiene mucho que ofrecer. A simple vista, ambos países comparten ciertos intereses y actitudes, desde la desconfianza hacia los rusos hasta la necesidad de combatir el yihadismo suní (Al Qaeda et al.) y el tráfico de drogas. Más específicamente, los persas podrían ayudar a resolver el conflicto en Siria, a estabilizar la situación en Irak y, sobre todo, en Afganistán, de donde se retiran las tropas estadounidenses el próximo año. Todos estos cambios, a su vez, ayudarían a EU en su objetivo de retirarse militarmente del golfo pérsico y del GOM en general para, de una vez por todas, concentrarse en su tan cacareado “pivoteo a Asia”.

Los cambios que podría traer un détente entre persas y estadounidenses son profundos y ansiados por muchos. Pero, como escribió France, ambos deberán hacerse cargo de la melancolía que traerán consigo. Y en 35 años se acumula mucha. La primera resistencia será interna. En Washington, el Congreso y el poderoso lobby israelí serán los mayores obstáculos para cualquier acuerdo alcanzado por Kerry (u Obama). En Teherán, la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) –que se ha convertido en uno de los principales centros de poder del país– ha organizado manifestaciones antiestadounidenses y ha proclamado que su eslogan “muerte a EU” se mantendrá pase lo que pase. Más allá del poco apoyo popular de la posición antiestadounidense y los motivos particulares de la GRI, lo cierto es que para Irán las negociaciones tienen un significado trascendental: al día de hoy, lo que se debate es si el régimen podrá ser realmente revolucionario –como lo querría Khomeini– sin el antagonismo hacia EU.

La melancolía es también internacional. El principal afectado parece ser Israel –el primer ministro Netanyahu ha sido muy claro al respecto– pero en realidad las vestiduras están siendo rasgadas en Riyadh. La dinámica no es nueva: Arabia Saudita, cuyo régimen monárquico se encuentra asediado por una serie de problemas sociales, políticos, energéticos y de sucesión, lleva más de una década apilando desilusiones ante las decisiones estadounidenses en el GOM, del derrocamiento de Saddam a la bofetada de su no intervención en Siria, pasando por su inacción en las caídas de Ben Alí y Mubarak. Con su acercamiento a Irán, sin embargo, Washington –que es cada vez más autosuficiente energéticamente– parece haber cruzado una línea roja: recientemente, el jefe de inteligencia saudí, Bandar bin Sultan, manifestó que su país llevaría a cabo “un gran cambio” en la relación con EU. Y hace menos de un mes, los saudíes declinaron una membresía bianual en el CS de la ONU –la primera en su historia– como protesta ante el détente occidental con Irán.

De Riyadh a Islamabad...

Aún es difícil calibrar la seriedad de las intenciones saudíes, pero algunas informaciones recientes muestran que, como mínimo, no se están quedando de brazos cruzados. Esta semana, la revista Foreign Policy informó de que Riyadh habría buscado colaboración pakistaní en el entrenamiento de rebeldes sirios. Según la exclusiva, los saudíes habrían dado a Pakistán la responsabilidad de formar dos brigadas, o entre 5 mil y 10 mil combatientes. En total, los saudíes esperan colocar unos 50 mil rebeldes –entrenados en su mayoría en Jordania– en el conflicto sirio.

Islamabad y Riyadh son viejos amigos. Los saudíes, por ejemplo, ayudaron en 1999 a negociar el exilio del entonces –y hoy– primer ministro Nawaz Sharif, que luego pasó casi siete años viviendo en el reino. Riyadh ha dado a Islamabad más ayuda que a ningún otro país no árabe. Por su parte, las tropas pakistaníes han sido desplegadas en varias ocasiones para proteger los intereses de la familia real. La parte más interesante, sin embargo, tiene que ver con el rumor de que los saudíes ayudaron a financiar el programa nuclear pakistaní.

La información no es nueva –ha sido planteada por militares pakistaníes y ex espías estadounidenses, entre otros–, pero saltó a la palestra esta semana en el programa “Newsnight” de la BBC británica. Uno de sus editores, Mark Urban, hacía referencia a fuentes pakistaníes, israelíes y de la OTAN para asegurar que Pakistán estaría listo para entregar armas nucleares al reino de Arabia Saudita.

Urban, a su vez, recordaba una larga lista de manifestaciones, advertencias e incluso documentos filtrados que reflejaban la intención saudí de conseguir armas nucleares si no se detenía el programa iraní. El británico, incluso, aseguraba que la única duda que le quedaba era cómo exactamente se llevaría a cabo esa transferencia de material y tecnología entre pakistaníes y saudíes. El tema no es baladí, ya que ambos, aparte de violar flagrantemente el tratado de no proliferación nuclear (NPT), podrían convertirse en parias internacionales.

Cualquier resquicio de proliferación nuclear por parte de Islamabad, naturalmente, dañaría gravemente sus relaciones con Washington. Aunque cabe preguntarse, también, si la situación podría ser más grave de lo que ya es. Hace pocos días, y luego de una visita de Sharif a la Casa Blanca en la que pidió que cesasen los ataques con drones en las áreas tribales de su país, la CIA asesinó –con un drone– a Hakimullah Mehsud, el líder del Talibán pakistaní (TTP). Para más inri, Mehsud se preparaba para entrar en negociaciones de paz con Islamabad. Su asesinato ha sido condenado a lo largo y ancho de la sociedad pakistaní, y el nuevo líder del TTP, Mullah Fazlullah, ha descartado cualquier posibilidad de diálogo.

No es descabellado imaginar, entonces, una alianza nuclear saudí-pakistaní. Al fin y al cabo, Riyadh ya ofreció en su momento a los generales egipcios reemplazar hasta el último dólar que dejaran de percibir por ir en contra de los deseos estadounidenses. Todo dependerá, en realidad, de cuan lejos estén dispuestos a ir los saudíes en su órdago a Washington.

...para llegar a Beijing

Aquí es necesario considerar a China, el dragón que yace al final de las líneas que unen a Islamabad y Riyadh. China –aliado de Pakistán contra India– proporcionó los diseños y la tecnología para la “bomba islámica”, y ha vendido a los saudíes misiles capaces de cargar esas bombas. Consume más petróleo saudí –su principal proveedor– que EU, y dado que la demanda irá en aumento –se estima que para 2020 Beijing estará importando 9.2 millones de barriles diarios– ya está invirtiendo en infraestructura petrolera en el reino.

En otras palabras, China puede ser el nuevo gran actor en el GOM. A su enorme consumo de petróleo y sus excelentes relaciones con Israel y Turquía –que, por ejemplo, acaba de comprarles un sistema bélico incompatible con los sistemas de la OTAN–, los chinos añaden una marcada filosofía de no intervención y, sobre todo, un enfoque comercial que hace imperativa la estabilidad. Además, el gigante asiático parece estar abriendo sus alas, con críticas cada vez más públicas al orden internacional estadounidense –incluyendo un reciente editorial llamando a “desamericanizar” el mundo– y una inversión cada vez mayor en la llamada “nueva ruta de la seda”, una colección de redes de transporte, logística y telecomunicaciones por todo Asia central, de Afganistán y Pakistán a Turquía.

La “desamericanización” del mundo que busca Beijing –y Moscú, y Brasilia, Delhi, Pretoria y casi todas las potencias emergentes– pasa crucialmente por el abandono del dólar como base del comercio internacional, que a su vez se sostiene en su centralidad para la OPEC –el llamado petrodólar–, que a su vez se sostiene en... Arabia Saudita, el mayor productor del mundo y líder del cartel petrolero. Los saudíes, entonces, tienen en la mano la llave del futuro. Sus suspiros de amante abandonado y sus juegos con Pakistán son balas de goma. Si Riyadh amenaza al petrodólar es que la cosa va muy en serio.

Por ahora, sin embargo, no hay indicación de que eso vaya a suceder. Pero a medida que avance el détente entre Washington y Teherán, nos iremos alejando del mundo post-Guerra Fría. ¿Hacia dónde? Nadie sabe. Lo seguro es que no podremos evitar sentir, parafraseando a France, que dejamos atrás una parte de nosotros mismos.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código