AFRICOM, LA nueva CARA DEL MILITARISMO ESTADOUNIDENSE

El comando africano

Los ataques de Nairobi han puesto de relieve la situación de seguridad en África. Pero Washington lleva ya mucho tiempo involucrado en ella.

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Los sucesos del mall Westgate en Nairobi mantuvieron al mundo en vilo y, como otros eventos similares, tardarán en ser olvidados. Asimismo, a medida que se calman las aguas empieza un periodo de reflexión en el que propios y extraños buscarán lecciones que ayuden a sobrellevar el dolor, lidiar con el miedo y prevenir que vuelva a ocurrir.

En general, Nairobi representa la inclusión de los malls –de hecho, el Westgate es muy parecido a Multiplaza– en la lista de soft targets usados como objetivos terroristas, una lista que ya incluye trenes, zonas públicas de aeropuertos y maratones. Para Kenia, en particular, los ataques marcan un punto crucial en su dificilísima relación con Somalia. Y entremedio está África, un continente que tendrá que asimilar el duro golpe de sufrir ataques de ese calibre en el segundo país más estable y próspero de la región subsahariana.

Porque los eventos del Westgate representan la continuación de una preocupante tendencia a nivel continental: “es probable –escribió Yochi Dreaze en The Atlantic– que la nueva cara del terror sea africana”.

¿problema de eu?

El preocupante panorama de seguridad africano, sin duda, se traduce en efectos devastadores para los países afectados. Pero el artículo de Dreazen –escrito para el público estadounidense– refleja una visión que se ha acentuado en ese país tras los sucesos de Nairobi. Este viernes, por ejemplo, el New York Times publicó un artículo titulado “Estados Unidos (EU) ve una amenaza directa en el ataque al mall keniano”.

La visión de África como problema de seguridad estadounidense no es nueva. De hecho, lleva guiando las políticas africanas de Washington desde hace al menos siete años, cuando la creación del Comando Africano (Africom) acabó, en palabras del académico Horace G. Campbell, “con la ficción de que EU apoyaba el crecimiento y el comercio” en África.

“Al día de hoy –escribió el periodista Nick Turse– EU está involucrado, directa o indirectamente, en operaciones militares y de vigilancia, contra una lista creciente de enemigos” en África. Esa lista incluye a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQIM) en el Magreb y el Sahel; el movimiento islamista nigeriano Boko Haram; Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor (LRA) en África central; los rebeldes islamistas Ansar Dine en Malí; Al Shabaab (responsable del Westgate) en Somalia, e incluso Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), en Yemen.

La lista se pone más interesante si agregamos la piratería en ambas costas africanas y las rutas de contrabando de narcóticos y armas que atraviesan el Sáhara y que unirían, en la mente estadounidense, a los carteles sudamericanos y a los terroristas magrebíes.

africom, mucho gusto

Si bien la seguridad no es el único motivo del interés estadounidense en África (Washington importa mucho petróleo africano y ve con preocupación la creciente penetración china en el continente), varias cosas obligan a centrar las amenazas percibidas de seguridad como raison d´ etre estadounidense en el continente negro.

Quizá el más importante sean los orígenes de Africom, enraizados, por un lado, en una unidad militar –la CJTF-HOA– enviada al Cuerno de África en 2002 y, por otro, en un programa multinacional financiado y dirigido por EU para “combatir el terrorismo en el África trans-sahariana”.

Los primeros años del comando africano son clave para entender su presente. Tras la negativa de la mayoría de países del continente a hacer de anfitriones –excepto Liberia–, se decidió que Africom estuviese basado en Kelley Barracks (Stuttgart) y asistido por centros logísticos como Ramstein (Alemania), Rota (España), Souda (Grecia), Sigonella (Sicilia), Aruba y la isla de Ascensión. Esta falta de presencia en África, si bien no absoluta (la CJTF-HOA, hoy parte de Africom, está basada desde 2003 en la única base oficial estadounidense en territorio africano: Camp Lemonnier en Yibuti), ha marcado definitivamente el estilo de Africoom.

Al unirse con las realidades estratégicas de hoy, el retrato que se obtiene del comando africano es contradictorio (y quizá profético). A primera vista, Africom solo cuenta con una base y, en palabras de sus comandantes, nunca hay más de 5 mil soldados estadounidenses en el continente africano (solo en Corea del Sur hay 28 mil).

Y sin embargo, investigaciones periodísticas –sobre todo de Nick Turse (TomDispatch) y Craig Whitlock (The Washington Post)– concluyen que EU está involucrado de una manera u otra con unas 49 naciones africanas, el 90% del continente.

drones y contratistas

El “estilo Africom” tiene varias características fundamentales. Para empezar, está la discreción con la que se maneja todo. La mayoría de la actividad es secreta, por lo que los datos deben ser deducidos de entrevistas y documentos públicos por los poquísimos periodistas que muestran interés.

Como parte de esa discreción emergen algunas tácticas concretas. La primera es el uso de fuerzas especiales para misiones de vigilancia y otras operaciones en una serie de instalaciones por todo el continente. En la región del Magreb-Sahel, se utilizan instalaciones en Ouagadougou (Burkina Faso) y Nouakchott (Mauritania) para efectuar vuelos de vigilancia –programa Creek Sand– en países como Argelia, Burkina Faso, Camerún, Chad, Libia, Malí, Mauritania, Marruecos, Níger, Nigeria, Senegal y Túnez.

La historia se repite hacia el sureste, en las profundidades del África central. Allí, las instalaciones de Djema y Obo en la República Centroafricana (CAR), Nzara, en Sudán del Sur y Dungu, en la República Democrática del Congo (DRC), forman una red de operaciones contra el Ejército de Resistencia del Señor (LRA), una guerrilla ugandesa que desde hace 27 años libra una guerra contra Kampala y que desde 2007 se esconde en las selvas de la región.

Y hay más. En una sección del aeropuerto de Entebbe (Uganda) opera un programa de vigilancia contra el LRA llamado Tusker Sand, compuesto enteramente de contratistas. Tusker Sand, establecido en 2009 con un solo avión, ha sido expandido en los últimos años, y se estima que hoy cuenta con unas 50 personas y un número indeterminado de naves volando unas 150 horas al mes cada una.

En algún momento incluso se consideró incluir aviones no tripulados (drones) a sus capacidades –programa Tusker Wing– pero se descartó.

Además de las fuerzas especiales y los contratistas, los drones constituyen un elemento fundamental de las operaciones. Las investigaciones revelan que Africom cuenta con varias instalaciones –incluyendo Niamey (Níger), Nzara (Sudán del Sur), Arba Minch (Etiopía), Lamu (Kenia), las Seychelles y Camp Lemonnier– desde donde los drones realizan distintas misiones.

Muchos de ellos van desarmados, en misiones de vigilancia, pero otros –los del Cuerno de África– atacan militantes de Al Shabaab en Somalia y AQAP en Yemen. En África oriental, además, los drones son complementados con instalaciones como Camp Simba (Kenia) y Camp Gilbert (Dire Dawa, Etiopía).

cooperación militar

Muchas de las instalaciones usadas por los estadounidenses en África forman parte de una red logística conocida oficialmente como “red de distribución de superficie” y coloquialmente como “la nueva ruta de las especias”. Y a su personal de fuerzas regulares, especiales y contratistas se le suma un sinnúmero de adjuntos del Departamento de Defensa en distintas embajadas estadounidenses en el continente africano.

Ese personal, junto con el resto de oficiales estadounidenses en África, realiza un trabajo específico. Africom cuenta con una treintena de acuerdos que le permiten utilizar aeropuertos internacionales a lo largo y ancho de África para reabastecimiento, y con una decena de búnkeres de combustible en ocho países.

Además, el Pentágono colabora y financia construcciones por todo África: un reporte del Cuerpo de Ingenieros hace referencia a 79 proyectos en 33 países, por un precio de $50 millones, entre 2011 y 2013. En el mismo periodo, personal de Africom ha participado en entrenamientos a tropas locales o maniobras conjuntas en unos 40 países.

El futuro de Africom es incierto. Mientras algunos reportes aseguran que se está considerando mudarlo de a EU e incluso eliminarlo, el general David Rodríguez, su próximo comandante, dijo al Senado que necesita incrementar sus actividades por un factor de 15.

África desde africom

Mientras eso sucede, nadie parece tomar en cuenta la más mínima de las críticas, comenzando por el hecho de involucrarse en conflictos que no afectan intereses estadounidenses, algo que aumenta exponencialmente el potencial de blowback, o ataques al estilo 11-S.

Además, está el efecto que puede producir el entrenamiento y financiamiento de ejércitos extranjeros y la utilización de contratistas, ambos fenómenos experimentados en Latinoamérica durante la Guerra Fría –con la Escuela de las Américas– y la llamada Guerra contra la Drogas.

Pero quizá por encima de todo esté el efecto que las operaciones de Africom están teniendo sobre el continente africano. Entre 2001 y 2011, por ejemplo, el número de incidentes terroristas anuales en el África subsahariana aumentó de 119 a casi 500. En 2006, 11 naciones africanas formaban parte del índice de estados fracasados. Hoy, ese número es de 16. Todo eso sin mencionar que los verdaderos problemas del continente, como la tragedia de los recursos naturales y la violencia en la DRC, no figuran en la agenda de Africom.

Es posible que el ataque de Nairobi sea solo una pequeña parte del círculo vicioso en que parece haber entrado EU con el terrorismo a nivel mundial. Si es así, mucho se deberá a Africom, el comando mediante el cual, escribió Nick Turse, EU “ha facilitado una diáspora de terror, arriesgando naciones y pueblos por todo África”.

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