MICHAEL T. KLARE, ACADÉMICO Y ESCRITOR

´Hemos entrado a la tercera era del carbono´

Uno de los mayores expertos en energía y geopolítica expone no solo su interpretación del mundo, sino sus pronósticos en la era del cambio climático y la batalla por los recursos.
Pie de foto a dos pisos AGENCIA/Credito. Pie de foto a dos pisos AGENCIA/Credito.
Pie de foto a dos pisos AGENCIA/Credito.

“La cuestión de si será posible la paz mundial –escribió Oswald Spengler– solo puede ser respondida por alguien familiarizado con la historia del mundo”. A día de hoy, pocas personas encajan tan bien en el perfil como Michael T. Klare. Autor de más de 14 libros –incluyendo Resource Wars (Guerras por recursos) y el más reciente The Race for What´s Left (La carrera por lo que queda)–, corresponsal de defensa para la revista The Nation y colaborador con Foreign Affairs, Current History, TomDispatch y Los Angeles Times, entre otros, es además director del Five College Program en Estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College en Amherst, Massachusetts.

Klare ha dedicado su carrera al análisis de la geopolítica mundial, especialmente vista a través del lente energético. Para él, el mundo pos-Revolución Industrial puede ser entendido a través de la relación entre las distintas potencias y su nivel de control de la producción y uso de las fuentes energéticas dominantes en cada período. En la presente entrevista, explica esta interpretación y pronostica un futuro que, al menos a corto plazo, no luce para nada prometedor. Después de todo, sentenció Spengler, “estar familiarizado con la historia significa conocer a los humanos como han sido y serán. Hay una gran diferencia, que la mayoría jamás entenderá, entre ver el futuro como será y verlo como uno quisiera que fuera. La paz es un deseo, la guerra un hecho; y la historia nunca ha hecho caso a los deseos e ideales humanos...”.

¿Cómo se explica el estado del mundo a través de la geopolítica de la energía?

Un suministro adecuado de energía es esencial para el funcionamiento efectivo de todas las sociedades modernas. La energía es, además, fundamental para llevar a cabo la guerra, por lo que es vista como un recurso estratégico para la mayoría de los países.

Es aquí donde entra la geopolítica: para asegurar su acceso a los depósitos energéticos del mundo, las grandes potencias consumidoras suelen establecer “relaciones especiales” con los líderes de los países productores. Esto le da a estos últimos una gran ventaja política, al poder decidir cuánta energía producir, cuánto cobrar por ella y a quién vendérsela. Ante esto, los grandes consumidores suelen competir por el establecimiento de lazos privilegiados con dichos gobiernos, ofreciéndoles armas, préstamos, apoyo diplomático y militar, etc.

Estados Unidos (EU), por ejemplo, ha buscado desde hace tiempo una posición privilegiada en el golfo Pérsico, y ha estado dispuesto a utilizar la fuerza contra cualquier intento de debilitar esa posición. De hecho, gran parte de los asuntos mundiales recientes han sido influenciados por los esfuerzos (militares) estadounidenses de mantener su posición dominante en el golfo.

En la actualidad, EU parece estar reduciendo su rol ahí para concentrarse en otras áreas –en especial el Pacífico–, pero sigue intentando controlar las rutas marítimas globales por las que se transporta la energía a los grandes consumidores, incluyendo a China. Al mismo tiempo, Beijing se vuelve cada vez más dependiente de importaciones energéticas de África y Oriente Medio, así que ha estado reforzando su capacidad para proteger esas rutas vitales. Así, la geopolítica energética está jugando un rol central –y cada vez más conflictivo– en las relaciones sino-estadounidenses.

¿Podría dar otros ejemplos?

Lo vemos en el caso de Arabia Saudita. Al poseer las reservas petroleras más grandes del mundo –y una enorme riqueza gracias a ello–, Arabia Saudita lleva mucho tiempo disfrutando de un rol desproporcionado en los asuntos globales, usando su riqueza para influenciar acontecimientos regionales y promover sus prioridades estratégicas. Por años, EU ha buscado ser el mayor aliado y protector del reino saudí, ofreciéndole toda clase de ayudas militares.

Más recientemente, sin embargo, EU se ha ido volviendo menos dependiente del petróleo saudí; pero a la vez, China, India y otros países han aumentado su propia dependencia. Esto le ha dado a los saudíes la oportunidad de enfrentar a los pretendientes entre sí en busca de armas y otros beneficios, y de asumir un rol más independiente a nivel internacional. A medida que China aumenta su importancia en el mercado internacional de energía, vemos este patrón repetirse en otros países petroleros como Angola, Kazajistán o Nigeria.

Rusia y Venezuela también han buscado explotar su estatus de grandes productores energéticos para maximizar su poder e influencia a nivel internacional. Rusia, por ejemplo, usa esa posición para recompensar a los gobiernos –especialmente en las exrepúblicas soviéticas– que adoptan políticas pro rusas y castigar a aquellos que no. Venezuela, por su parte, utiliza su abundancia petrolera para crear alianzas con gobiernos afines en Latinoamérica y así reducir la influencia estadounidense en la región.

¿Qué pasará cuando indios y chinos comiencen a vivir como nosotros?

Esa pregunta es crítica, pues muchos en China e India ya están comenzando a vivir como nosotros y muchos más lo harán en el futuro. Y debido a las enormes poblaciones de ambos, esto tendrá enormes consecuencias, principalmente el riesgo de una lucha global por el acceso a los recursos que quedan; y las crecientes emisiones de dióxido de carbono, que nos conducirán a un planeta cada vez más caliente.

Con respecto a la primera, me preocupa que el creciente consumo de recursos vitales en China, India y otros países en rápido desarrollo pueda llevar al agotamiento acelerado de muchas de las reservas existentes y una segura lucha por el control los recursos que queden por explotar. Esto lo vemos, por ejemplo, en África y en el Ártico, dos de las únicas áreas del mundo que aún cuentan con reservas no explotadas de energía, minerales y otros materiales vitales.

Ahonde en el tema del Ártico...

Hasta hace poco, los depósitos en el Ártico eran considerados inaccesibles debido al hielo que cubre gran parte de la región. Pero ahora, gracias al calentamiento global, el hielo comienza a derretirse, aumentado la posibilidad de explotar estas reservas.

Esto ha llevado a una competencia entre las grandes compañías mineras y energéticas para adquirir los derechos de exploración y desarrollo de ciertas regiones árticas. Pero las principales potencias regionales –Canadá, Dinamarca (a través de su control sobre Groenlandia), Noruega, Rusia y EU (vía Alaska)– aún tienen que ponerse de acuerdo en cuanto a sus demarcaciones marítimas en la región, algo que ha traído fricciones. Encima, muchos de estos países han manifestado sus intenciones de usar la fuerza si es necesario para proteger sus intereses. Por ende, hay un creciente riesgo de que la futura competencia por recursos árticos puede resultar en crisis y conflictos internacionales.

Usted ha mencionado la posibilidad de guerras por recursos como comida, agua o minerales. ¿Podría explicar esa idea?

No considero que los grandes consumidores decidan voluntariamente ir a la guerra por recursos. Sin embargo, en la búsqueda de esos suministros, están llevando a cabo actividades que podrían resultar, de manera accidental, en el estallido de una guerra.

¿Si tuviera que apostar por el más probable escenario geopolítico en los próximos 50 años, cuál sería?

Creo que será una lucha triangular por poder y riqueza entre EU, China y Rusia. Todos estos países buscan maximizar su control sobre el comercio global de recursos vitales, especialmente energía. Encima, todos se ven a sí mismos como potencias mundiales, con derecho a dominar a los países de su entorno. Esto traerá consigo fricciones constantes entre los tres, posible, aunque no necesariamente, llevando a la guerra.

Pero, aunque cada una de estas potencias desconfía de las otras, también pueden hallar ventajas en la colaboración en ciertos temas. China y Rusia, por ejemplo, comparten el interés de resistir los avances estadounidenses en Asia Central, pero muy a menudo chocan en asuntos económicos y energéticos. Por su parte, Washington y Moscú temen una China más fuerte pero cooperan con Beijing en temas como la lucha contra el terrorismo. ¡Será interesante ver cómo se desarrollan estas rivalidades y alianzas en los próximos años!

Recientemente escribió acerca del advenimiento de la “tercera era del carbono”. ¿Qué es esto y por qué?

Desde el comienzo de la Revolución Industrial, hemos pasado por dos épocas distintas en la historia de la energía: la era del carbón, que duró del final del siglo XVIII al comienzo del siglo XX, y la era del petróleo, que comenzó a mediados del siglo XX y está empezando a cerrarse.

Esto es lo que yo llamo, respectivamente, la primera y segunda eras del carbono. Durante cada una, la economía y la política mundiales fueron afectadas por los esfuerzos por dominar la producción, el procesamiento y la distribución primero del carbón y luego del petróleo. Como Gran Bretaña fue la primera potencia en dominar la producción y el uso del carbón, se convirtió en la gran potencia de la primera era del carbono. De la misma manera, al EU ser el primero en dominar el petróleo, ha sido la potencia de la segunda era.

Pero así como el petróleo reemplazó al carbón como la principal fuente energética a nivel mundial, el petróleo –o específicamente, el petróleo convencional (el que es fácil de extraer y refinar)– está siendo reemplazado por los combustibles “no convencionales”, como las arenas bituminosas, el crudo extrapesado, y el petróleo y gas hallados en aguas profundas o en esquistos (shale gas and oil). Estos combustibles son similares en muchos aspectos al petróleo y gas convencionales, pero son lo suficientemente diferentes como para considerarlos parte de una nueva categoría. Y debido a que su creciente rol va a ser tan determinante en los asuntos internacionales como el carbón y el petróleo lo fueron en sus respectivas eras, creo que hemos entrado en una nueva era del carbono: la era del petróleo y gas no convencionales.

¿Cómo se relaciona esta idea con la creencia de que el mundo se mueve hacia una era de energías renovables?

Muchas personas creen que la era del petróleo será sucedida por la era de las energías renovables. Pero esto no es lo que está sucediendo. De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía, la inversión en nuevas fuentes de combustibles fósiles (incluyendo las no convencionales) supera la inversión en energías renovables por tres a uno. Para que las energías renovables reemplazaran a los combustibles fósiles como la principal fuente energética mundial, esta proporción debería ser completamente revertida. Pero no hay señal de que eso vaya a ocurrir.

¿Hemos pasado un punto de no retorno con respecto al cambio climático?

En este momento, con seguridad experimentaremos algún aumento en los niveles marinos y otros efectos devastadores del cambio climático, por causa de todo el carbón que ya está acumulado en la atmósfera. Pero experimentaremos aumentos mucho más grandes en el nivel de las aguas y otros eventos catastróficos si no actuamos ya para reducir drásticamente nuestras emisiones.

¿Podría el “enemigo común” del cambio climático –y los desastres resultantes– convertirse en una fuerza unificadora?

Es una idea prometedora que definitivamente tiene su mérito. Creo que la lucha contra el cambio climático puede jugar este rol unificador si se une a otras luchas relacionadas, como las libradas por los pequeños campesinos y grupos indígenas contra la expropiación y explotación de sus tierras por parte de compañías energéticas, mineras o agroindustriales. Este efecto común debería también incorporar a aquellos que intentan proteger sus tierras y estilos de vida de la degradación ambiental causada por la minería y perforación nocivas, como el proceso de fracturación hidráulica (para extraer petróleo y gas de esquisto).

¿Tendremos que esperar que haya más muerte y destrucción para verlo?

Aunque veo señales de que esa unión comienza a ocurrir, creo que tendremos que presenciar más muerte y destrucción hasta que estos esfuerzos puedan lograr una masa crítica.

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