GRAN VALOR ECONÓMICO Y RELIGIOSO

Aumenta el joyero de oro de Santa Librada

Es una de las imágenes que recibe la mayor cantidad de prendas de oro procedentes de todas partes del país.

Las joyas han sido donadas por sus devotos en agradecimiento a favores recibidos, por lo que ha sido catalogado como el joyero más grande y de un cuantioso valor económico y religioso en el interior del país.

De acuerdo con Aida Díaz, miembro del comité de las fiestas patronales de Santa Librada, cada año para esta época los feligreses entregan más de 150 joyas, en su mayoría de oro, a la virgen Santa Librada por los milagros recibidos.

Agregó que entre el joyero se encuentran alhajas donadas hace más de tres siglos y que desde entonces han ido aumentando el caudal que posee la virgen.

DEVOCIÓN y LEYENDA

Cada prenda representa la devoción de los miles de feligreses que cada año aumenta debido a los milagros concedidos y a la fe de un pueblo hacia esta virgen que es la guardiana del pueblo de Las Tablas.

Ayer comenzaron las novenas de sus fiestas patronales, que culminarán el 20 de julio con una solemne misa.

Desde su fundación, la ciudad de Las Tablas inició la celebración de la festividad religiosa de Santa Librada, la cual se ha convertido en una de las contribuciones más positivas y de profundas proyecciones de los colonizadores españoles en la península de Azuero.

La leyenda dice que en 1671, cuando el pirata Enrique Morgan llega a Portobelo para saquear la antigua ciudad de Panamá, los españoles que defendían la urbe colonial se enteran del ataque y deciden movilizarse.

En el recorrido procedieron a desarmar altares, recogieron el cáliz, custodias y todo el oro que había en las iglesias de Panamá para embarcarlo y llevarlo hacia el Perú antes de que los bucaneros llegaran, pues debían atravesar el istmo en mulas.

La flota de barcos comandada por el almirante Gil Jacinto de Barahona fue atacada por los piratas que se habían anclado en el archipiélago de Las Perlas.

Allí, varios barcos fueron averiados y arrastrados por las corrientes y los vientos alisios hacia el sur de la bahía de Panamá, encallando en el puerto natural de Mensabé.

En uno de esos barcos llegó el altar de Santa Librada, dedicado a ella en el convento de San Francisco, en Panamá La Vieja. Aquellos náufragos habían pedido a la santa que de salvar sus vidas, adonde ellos llegaran le volverían a levantar su altar.

Ya en costas santeñas, guiados por pescadores del puerto de Mensabé, llegaron a lo que hoy día es la ciudad de Las Tablas, donde a un lado de la quebrada La Ermita existía un villorrio llamado La Santa Cruz (Españoles de La Villa establecidos en ese lugar). Se establecieron del otro lado y construyeron el altar de Santa Liberata. “Cuando aquella gente venía con las tablas al hombro, se decía ´allí viene la gente de Las Tablas”.

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