PARA EL EMBERÁ WOUNNAN, ESTE ÁRBOL fue SAGRADO

Cocobolo, su tala no acaba

Entre las cuencas que están siendo devastadas figuran las del río Chiatí, Membrillo, Ucurgantí, en Darién, y Majé y Chimán en la provincia de Panamá.

El aprovechamiento de la madera del cocobolo en la provincia de Darién es una realidad. Este recurso natural, que por siglos solo fue utilizado para cercas de potreros por su dureza, y en los hogares para cocinar, se ha convertido en un problema social que provoca enfrentamientos entre grupos culturales y dueños de fincas.

Desde hace dos años, comerciantes extranjeros han generado una fiebre por la compra del cocobolo en Panamá para exportarla a China, Europa y otros destinos.

Desde 2008, la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) emitió una resolución en que prohíbe la tala de esta especie maderable por su riesgo de desaparecer.

Un árbol sagrado.

A nivel general, el cocobolo en Panamá no era comercial y tradicionalmente solo los indígenas le sacaban alguna utilidad con la confección de artesanías y esculturas que comercializaban a nivel local e internacional.

La tradición recoge que el cocobolo (Dalbergia retusa) era un árbol sagrado para los emberá y wounnan, quienes solo utilizaban sus ramas o un tronco para labrarlos en artesanías y esculturas.

Dibercio Chamí, dirigente del sector de Majé, relató que la venta de cocobolo está prohibida entre los emberá wounaán, pero que ahora esta prohibición se está relajando, porque se le otorga permiso a todo el que lo solicite sin verificar dónde estén plantados los árboles, lo que afecta la economía indígena que los usa para fabricar artesanías y esculturas, lo que es sustento para cientos de familias que dependen de esta actividad.

Chamí sostiene que si la Anam no hubiera extendido permisos de tala para esta especie, no se hubiera dado el incidente entre grupos, en el que tres taladores salieron heridos por arma blanca.

Congreso reitera

Bethanio Chiquidama. cacique general de la comarca Emberá Wounnan, sostiene que existe una corrupción en el otorgamiento de los permisos para la extracción de cocobolo, lo que provoca el disgusto en la población indígena, porque dichos permisos se dan dentro de las tierras colectivas del sector de Majé.

Chiquidama cuestionó la legalidad de estos permisos llamados de “aprovechamiento forestal” en zonas que son áreas protegidas, comarca y tierras colectivas.

Recordó que en el Congreso General de 2000, celebrado en Puerto Indio, Sambú, se prohibió la compra-venta de cocobolo, nazareno y otros productos no maderables por considerarse en peligro de extinción.

Un comunicado reciente del Congreso General de esta etnia advierte que ninguna autoridad tradicional ni funcionarios de la Anam están autorizados para expedir permisos de extracción de cocobolo y otros productos no maderables.

Valor foráneo

Según el comerciante español en maderas finas R. Agulló, el precio mínimo del kilo de cocobolo es de 22.75 dólares. Se le considera una madera muy dura y cotizada por las diversas coloraciones con que se presenta.

Procedente de América Central, se le emplea para confección de mangos de cubiertos, cuchillería, instrumentos musicales, torneado artístico y acabados de muebles, fuera de artesanías y esculturas.

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