INAUGURACIÓN DE LA VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS

Diplomacia y cacerolas

La reunión registró varios hechos para la historia: los mandatarios de Estados Unidos y Cuba se saludaron y con ello pusieron en el deshielo medio siglo de relaciones conflictivas entre ambos países.

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Nicolás Maduro enfrentó cacelorazos a su llegada a Atlapa. Nicolás Maduro enfrentó cacelorazos a su llegada a Atlapa.

Nicolás Maduro enfrentó cacelorazos a su llegada a Atlapa.

Con la mayor asistencia de jefes de Estado y presidentes del hemisferio, ayer fue inaugurado el encuentro continental en el Centro de Convenciones Atlapa. La Prensa Con la mayor asistencia de jefes de Estado y presidentes del hemisferio, ayer fue inaugurado el encuentro continental en el Centro de Convenciones Atlapa. La Prensa

Con la mayor asistencia de jefes de Estado y presidentes del hemisferio, ayer fue inaugurado el encuentro continental en el Centro de Convenciones Atlapa. La Prensa

Por primera vez, Cuba estuvo presente en la Cumbre de las Américas. Por primera vez, Cuba estuvo presente en la Cumbre de las Américas.

Por primera vez, Cuba estuvo presente en la Cumbre de las Américas.

Minutos después de que terminaran los foros y reuniones bilaterales entre los gobernantes, la actividad se reactivó en el Centro de Convenciones Atlapa: era hora de inaugurar la VII Cumbre de las Américas: 33 mandatarios del hemisferio reunidos.

El primer revolú ocurrió en el Hotel Sheraton con la llegada del venezolano Nicolás Maduro, alrededor de las 3:00 p.m. En el lobby, periodistas, agentes de seguridad, personal del edificio y curiosos recibieron al sucesor del fallecido Hugo Chávez con sus celulares en alto. Una pianista amenizaba el movimiento.

Luego, cuando Maduro caminaba hacia Atlapa, estalló el cacerolazo. La protesta se gestó desde al menos siete edificios ubicados cerca del centro de convenciones.

Desde sus apartamentos, cientos de venezolanos sonaron cacerolas para repudiar al mandatario. Desde las ventanas agitaban banderas y le gritaban: “fuera Maduro”. A medida que los minutos corrían, el ruido se hacía más intenso. La manifestación se prolongó unos 40 minutos.

APRETONES DE MANOS

Ya en Atlapa, un sonriente y claramente expectante presidente Juan Carlos Varela –traje negro, camisa blanca y corbata plateada– espera a sus invitados junto a su esposa, Lorena, también vestida de plateado.

Varela recibió a cada uno de los presidentes con un estrechón de manos, alguna palabra breve, foto de rutina saludando a la cámara, y que pase el siguiente. Hasta que llegó Morales, aparentemente curado de la dolencia futbolística que acusaba horas antes. El encuentro fue enérgico y duró varios segundos más que con la mayoría hasta entonces. La conversación fue más larga. Se saludaron tres veces. Eran las 6:30 p.m.

El modo enérgico, amistoso, compinche, se mantuvo con el siguiente: el ecuatoriano Rafael Correa. Palmada en el brazo, un saludo, dos, tres. Entre invitado e invitado, Varela conversa con su esposa, mientras busca qué hacer con sus manos. En cinco segundos las cruzó adelante, atrás, brazos extendidos, se seca el sudor con su pañuelo blanco.

Mientras tanto, en la sala de prensa, periodistas y camarógrafos observan en dos pantallas gigantes lo que sucede a solo unos metros de allí. Observan, porque la transmisión se parece a una película de cine mudo, donde los protagonistas caminan de acá para allá, hacen ademanes, sonríen. Lo único que rompe el silencio son los obturadores de las cámaras de los fotógrafos autorizados para estar in situ y el grito del encargado del pelotón dispuesto a ambos lados de la alfombra roja.

Pasaron Dilma Rousseff (Brasil), Enrique Peña Nieto (México) y llegó el –tal vez– invitado de honor, el inédito: el cubano Raúl Castro.

Notoriamente con más arrugas que sus pares, camina lento hacia el presidente anfitrión y saluda y sonríe. La charla fue breve. Que pase el próximo.

Siguieron Daniel Ortega (Nicaragua), Tabaré Vázquez (Uruguay), Ollanta Humala (Perú), Otto Pérez Molina (Guatemala), y apareció la corpulenta y controvertida figura del venezolano Nicolás Maduro. La sala de prensa quedó en silencio; los obturadores de los fotógrafos en el lugar se pelean por la mejor foto.

Al darle la mano, rápidamente Varela le destaca algo. Se rieron. Foto. Antes de que se fuera, Varela insistió en otra mención al venezolano. A todo esto, el colombiano Juan Manuel Santos espera su turno para el saludo con el panameño. El intercambio fue breve.

Como no podía ser de otra manera, la llegada del estadounidense Barack Obama cerró la bienvenida protocolar. La interacción duró unos 45 segundos. El invitado habló tanto con el presidente como con la primera dama de Panamá.

La actividad se trasladó al teatro Anayansi para, ahora sí, la ceremonia de inauguración de la VII Cumbre de las Américas.

PROSPERIDAD CON EQUIDAD

Empiezan los discursos. Fiel al lema de la Cumbre: “Prosperidad con equidad”, el presidente Juan Carlos Varela hizo un llamado a los mandatarios de los diversos países de América a trabajar unidos por la prosperidad con equidad para todos los ciudadanos del continente. “Estamos cada día más cerca de una América en paz, una América en búsqueda de su unidad, solidaria y respetuosa de los diferentes sistemas de gobierno...”, destacó.

Recordó que después de 59 años, los países del continente vuelven a reunirse en Panamá, para abordar los problemas comunes que los afectan y cómo enfrentarlos con la cooperación de todos.

Previo al discurso del presidente panameño, el secretario saliente de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, elogió la Cumbre, que, aseguró, tiene un contenido muy especial por ser la primera vez que se reúnen en torno a la misma mesa los jefes de Estado y de Gobierno de 35 naciones independientes.

Resaltó que se realiza cuando se encuentran en pleno desarrollo de eventos de gran trascendencia como la negociación de la paz en Colombia, las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos para reanudar sus relaciones diplomáticas, el proceso electoral en Haití para que concluya este año con una democracia legitimada y estable, y los acuerdos suscritos entre Belice y Guatemala para avanzar hacia la superación en sus diferendos territoriales.

En un tono optimista y en un esforzado y meritorio castellano, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, advirtió que para lograr una inclusión de verdad en el hemisferio se debe incluir a los indígenas, a los afrodescendientes y a las mujeres: lamentó la ausencia de la presidenta chilena, Michelle Bachelet.

Además de felicitar los esfuerzos de los países americanos por defender la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión, hizo una mención aparte para la reactivación de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Castro le correspondió con una sonrisa y aplausos.

UN GRAN MOMENTO

Antes de que comenzara la inauguración de la Cumbre, Obama y Castro se encontraron en uno de los salones de Atlapa. Se dieron el apretón de manos que Estados Unidos y Cuba habían evitado por 56 años. Probablemente, el apretón de manos más importante de la cita hemisférica. Luego de las palabras de Varela y de un show musical, los presidentes americanos se trasladaron a Panamá Viejo para la cena de bienvenida. Los dos niños que actuaron de maestros de ceremonia pidieron en un video que se reprodujo minutos antes: “salgamos de aquí unidos”.

Esta noche, cuando acabe la cita, ellos y el hemisferio occidental sabrán si esa unidad durará más allá de la VII Cumbre de las Américas.

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