RECORDATORIO

RECORDATORIO: Un mensajero de la paz entregado a su fe

Marcos Gregorio McGrath Renauld
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En el marco de la celebración de los 50 años de la creación de la Diócesis de Santiago de Veraguas, expreso algunos lineamientos en torno a Marcos Gregorio McGrath Renauld, una de las más grandes figuras de la Iglesia católica panameña.

A mi criterio, él fue un mensajero de paz con una gran sensibilidad humana que se entregó a su fe por amor a Cristo, a su Iglesia, a su patria y a su pueblo con una gran estatura espiritual y física, que no le impidió estar al nivel de los más humildes y necesitados. Fue un visionario de esperanzas que pudo concretar sus sueños sirviendo al prójimo.

En 1964, los momentos más álgidos de las relaciones con Estados Unidos, fue nombrado primer obispo de Santiago de Veraguas. Allí tuvo la oportunidad de servir a los más pobres, a los campesinos y a los indígenas. Fue testigo también del carácter trágico que tomaría en América Latina el compromiso de la Iglesia con los desamparados.

En su nueva diócesis continuó sus esfuerzos originales de organizar los diversos movimientos de seglares, catequistas para áreas rurales, Federación de Mujeres Católicas-capítulo de Veraguas, el Centro de Promoción y Asistencia Social y la puesta en marcha del sistema de escuela radiofónica para los campesinos a través de Radio Veraguas con el programa “Centro cultural de adultos”. Luego, con el apoyo de monseñor Alejandro Vásquez Pinto y el laico Osvaldo Rodríguez, crea el “Centro de capacitación rural Juan XXIII” en San Francisco de Veraguas. Con él nace la Cooperativa Juan XXIII.

En su primera Carta Pastoral, publicada en 1971, días después de la desaparición del padre Héctor Gallegos, orientó a los fieles y al clero hacia la “renovación”, asegurando que los cristianos de hoy “reclaman respuestas concretas sobre lo directamente religioso, lo social, lo cultural y lo político”. Nombrado arzobispo de Panamá en 1969, renunció a su cargo en 1994 por motivos de salud, en medio del cariño y de la admiración de su pueblo.

Como pacificador promovió los derechos sobre la base del diálogo, proceso que culminó con la entrega al Estado del Canal. Igualmente, se comprometió en la lucha por la vuelta a la democracia y al respeto a los derechos humanos. Me quedo con su frase: “En mi obispado en Veraguas tuve un reencuentro con mi fe y con mi vocación de servir a los más necesitados, fueron los años más felices de mi vida”.

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