EL MALCONTENTO

¿Y si la ACP se hace ecologista?: Paco Gómez Nadal

¿Y si la ACP se hace ecologista?: Paco Gómez Nadal ¿Y si la ACP se hace ecologista?: Paco Gómez Nadal
¿Y si la ACP se hace ecologista?: Paco Gómez Nadal

Panamá y su ambiente tienen una esperanza: que el cambio climático empujado por la especulación que ya afecta de forma severa al país afecte al negocio del Canal, porque entonces es posible que Panamá se convierta en pionera del ecologismo.

Esto no es broma. Ya ven, la sacrosanta Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha tenido que limitar el calado de los buques que cruzan el istmo ante la falta de lluvias. Los optimistas dicen que es como consecuencia del “fenómeno” de El Niño y al llamarlo fenómeno transmiten la falsa impresión de se trata de una situación coyuntural.

Los realistas, los que nos apoyamos en la información científica y en la constatación de hechos, podemos asegurar que El Niño se ha hecho grande y que ha decidido quedarse a vivir con nosotros.

Es cierto que hay variaciones climáticas temporales y pasajeras, claro está, pero no podemos vendarnos los ojos y dejar de ver que la tala sistemática de Darién, la deforestación sin control de Bocas, la contaminación ambiental, el tranque de ríos con decenas de represas, la construcción de barriadas y centros comerciales y el número incontrolado de vehículos que circula por Panamá no ayudan a que El Niño siga su camino. Llueve menos, claro que llueve menos, y los que ya tienen algunos años pueden aseverar que llueve muchísimo menos que hace unos años.

Las asociaciones ecologistas, los grupos de defensa ambiental y algunos líderes y lideresas de los pueblos originarios llevan años advirtiendo del riesgo de este modelo de “desarrollo” tan poco desarrollado, pero siempre se les ha calificado de agoreros, de apocalípticos incontinentes, de tristes pesimistas que no confían en la capacidad del ser humano para inventar una solución para cada problema. Este ya no lo tiene.

Por eso hoy ando esperanzado. Mi experiencia en Panamá es que las cosas parecen verdad cuando la ACP las incluye en su discurso. Vale, es evidente que es algo como colonial, que cuando habla la empresa creada por la metrópoli, gobernada como si siguiera siendo de la metrópoli y tan fantasmagórica que solo se le ve el pelo cuando hay conciertos en el cerro Ancón… todo el mundo escucha. Así es, pero podemos sacarle partido a ese estado de cosas. Si la ACP se hace ecologista, Panamá será ecologista.

No me refiero a los cuatro mensajes sobre el agua y el reciclaje típicos. Tampoco a los informes de la ACP sobre sostenibilidad (que andan congelados desde 2011) sino a una política profundamente ecologista que entienda que el medio, las personas y la explotación de ambos deberían tener en cuenta el factor del colapso planetario al que nos enfrentamos. Si la ACP empuja, quizá el Ministerio de Ambiente sea más importante que el de Obras Públicas y quizá, solo quizá, abandonemos la matriz desarrollista (pan para hoy y hambre para la eternidad) para buscar un plan del buen vivir que garantice el futuro.

La clave para actuar así es autorreconocerse como ancestros. Es decir, nosotros seremos los antepasados de las futuras generaciones y hablarán de nosotros y del legado que hemos sido capaces de dejarles. Si hablaran ahora (hagamos ciencia ficción) sería para machacarnos: hemos hipotecado su vida, hemos desperdiciado los recursos naturales, hemos construido un mundo voraz y pernicioso, hemos dilapidado la herencia recibida como si el mundo se fuera a acabar mañana.

Si la ACP se hiciera ecologista, quizá el gobierno siguiera el ejemplo y, entonces, el dramático problema de la gestión de las basuras en todo el país empezaría a tener solución, las quemas serían historia del pasado, los aires acondicionados estarían limitados, las innecesarias represas en construcción serían derribadas en fiestas populares cuyos fuegos de artificio serían patrocinados por la ACP, habría impuestos de castigo al segundo o tercer carro familiar, se fomentarían las energías renovables no agresivas, no se daría permisos para los monocultivos intensivos de palma africana o de caña, se invertiría en la educación ambiental de pequeños y grandes, se apostaría por las construcciones sostenibles en contra de esos fálicos y fríos edificios de acero y vidrio…

Si todo eso ocurriera, probablemente la ACP no sería la ACP y el Gobierno no sería el Gobierno, pero reconózcanme que es agradable soñar con una política tan razonable que se centre en el cuidado de las personas y del ambiente en el que vivimos, que ponga por delante la riqueza natural con la que Panamá fue premiada que la riqueza económica rápida que la destruye más rápido de lo que somos capaces de digerir. Si la ACP fuera realmente ecologista, Panamá sería ejemplar.

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