MEDIO AMBIENTE

Abejas sin aguijón, una especie para revalorar: Lucas Alfredo Tasón Bonilla

La biodiversidad de los bosques está amenazada por la deforestación y sobreexplotación de algunas de sus especies. Su superficie disminuye y se fracciona, lo que afecta el hábitat y conectividad de especies de la flora y fauna. Desconectividad que se fortalece por la falta de control en las dimensiones de áreas destinadas a los monocultivos, por la explotación de minerías a cielo abierto, la destrucción de cuencas hidrográficas para la construcción de embalses de agua y sedimentos, el relleno de humedales sin considerar vidas humanas y menos silvestre, y nebulizaciones en el campo y áreas pobladas, muchas de las que pueden ser prevenibles.

A este manejo se le suman los efectos del cambio climático. Entre las especies amenazadas están las abejas sin aguijón, que fueron de mucha importancia en las sociedades precolombinas. Los estudios indican que su densidad poblacional ha disminuido, lo que pone en peligro muchas de sus especies. Por lo general, anidan en árboles de maduros a seniles (con huecos), comunes en bosques, sin perturbar. En América neotropical se reporta que poseen la capacidad de polinizar mayor cantidad de especies de plantas que las abejas africanizadas. Resultado que se podría relacionar a su diversidad y hábitos de consumo. Es decir, su conservación y multiplicación garantizaría la producción de semillas sanas y viables, permitiendo la regeneración de los bosques. Lo que, a su vez, ayudaría a una rápida y mayor densidad de la cobertura vegetal, la conservación de los suelos, la captación de agua y la captura de carbono.

Esto propiciaría, entre otras actividades, la multiplicación de colonias silvestres y su trasiego a colmenares dependiendo de las especies presentes, como también el aprovechamiento sustentable de productos como el bálsamo o propóleo, compuesto que colectan de las yemas y secreciones de las plantas, de color pardo que tiende a oscurecerse. En el que colecta la abeja importada Apis mellifera se han identificado hasta 200 compuestos diferentes, algunos presentan propiedades bacteriostáticas, antifúngicas, anestésicas y cicatrizantes. Hay referencias que señalan que este producto fue muy usado en la civilización inca para controlar estados febriles; en la maya, la resina fresca se empleaba para hacer ofrendas; en la egipcia, como componente principal de la materia prima para embalsamar los cadáveres de los faraones, y en Grecia y Roma, para preparar ungüentos medicinales y aromáticos. En Panamá, todavía algunos recuerdan cuando ese compuesto pegajoso se colocaba tibio sobre infecciones en la piel. Los científicos afirman que la defensa antimicrobiana de las plantas es el principio general que explica la naturaleza del propóleo. La determinación de las cualidades del producto, se produjo al observar que los animales que se introducían en el nido de abejas podían morir, pero no se descomponían. Sucede que las abejas obreras, ante su incapacidad de sacar a los animales muertos, regurgitan propóleo sobre los cadáveres para evitar su descomposición. No está de más señalar que las abejas colonizaron el mundo primero que la especie humana, pero que la relación con las que nos benefician con sus productos se deteriora, peligrosamente.

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