ORDENAMIENTO URBANO

Aceras escabrosas: Armando Guillén M.

Nuestras existencias consisten en un vaivén de sucesos, en su mayoría ordinarios, y otros pocos, extraordinarios. La apreciación sobre una cosa u otra dependerá de nuestra formación y estilo de vida. Sin embargo, algunas cosas son simplemente cotidianas (salvo casos excepcionales) y son experimentadas, en mayor o menor medida, por casi todos. De esas cosas corrientes, pocas son tan cotidianas como caminar por una acera.

Lo pedestre es algo cuya experimentación debería ser inconsecuente a nivel sicológico: una cosa de todos los días, pues caminar es la forma de transporte más elemental, y la posibilidad de hacerlo con libertad y seguridad es un derecho que debe ser protegido y garantizado por el Estado. Sí, el libre tránsito es un derecho fundamental, aunque aquí no lo parezca, y no lo digo yo, sino la Carta Magna. Hace días volví a comprobar que caminar por las aceras de la ciudad es una experiencia plagada de estorbos, como autos que obstaculizan el paso al estar estacionados sobre ellas, alcantarillas abiertas, losas resquebrajadas y hasta porciones enteras que desaparecen, obligándonos a enfrentar a los automóviles que pasan por la calle. Y así, otro sinnúmero de impedimentos. Semejante experiencia podría instar a cualquier ciudadano a maldecir a cada gobierno de nuestra vida republicana. Pero, además, se debe considerar la responsabilidad que tienen las empresas constructoras, y es que en muchos casos son estas las que destruyen las aceras y calzadas adyacentes a sus proyectos, dejándolas tal cual, sin consecuencia alguna.

No se confundan: las calles no fueron creadas para la circulación de automóviles únicamente; tienen como propósito facilitar el desplazamiento de manera ordenada, sin importar qué medio se utilice. Las calles son para el uso de vehículos y peatones por igual, y aún si están diseñadas para favorecer el tránsito de aquellos (aunque en Panamá eso es cuestionable), no debemos aceptar como cierta la idea de que el peatón tiene menos derechos que el conductor.

El Municipio propuso un plan de rescate para las aceras de la ciudad, que aún no ha prosperado por diversas razones. Pero la penosa necesidad de recordarles a los gobernantes sus compromisos y obligaciones no exime a los ciudadanos de la responsabilidad de rechazar y denunciar todo aquello que constituya un abuso, incluso por omisión.

Ya sea por causa de la absoluta ineptitud de los políticos, la ineficacia y el deterioro de las instituciones, la falta de planificación urbana o el histórico conformismo de nosotros, los ciudadanos, ciertamente, nuestras atropelladas existencias distan mucho de ser civilizadas y cosmopolitas, como tanto pregonamos.

Les recuerdo que los gobiernos trabajan para el pueblo, no al revés; y solo se puede garantizar una convivencia pacífica y productiva, en la medida en que la cotidianidad no represente una afronta a la integridad física, intelectual y emocional del individuo.

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