SOCIEDAD

Activemos nuestra voluntad: Oreste Del Río Sandoval

Cuando era niño, en casa de mis abuelos encontré un cuaderno de apuntes con una frase que recordaré toda mi vida, que decía: “Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar, ni tan rico que no tenga nada para recibir”. En aquel tiempo, fruto de mi inocencia infantil, vinculé las necesidades expresadas en la frase con cuestiones materiales u objetos. Con el paso del tiempo, comencé a valorar aspectos intangibles de la existencia, a veces mucho más importantes que los objetos, y las cosas que rodean nuestra vida cotidiana.

No siempre lo que tenemos para dar son cosas materiales; no siempre quienes reciben esperan algo tangible. A veces, basta una palabra de aliento, un consejo o incluso la mera presencia para mostrar nuestro apoyo y solidaridad.

Estos actos son ejercidos a diario por millones de personas que realizan trabajo voluntario. Algunos anónimos, otros más conocidos; unos formando parte de organizaciones y otros de manera individual.

Por fortuna, los nuevos medios de comunicación acercan la posibilidad de transformarse en voluntarios a personas que, por cuestiones de tiempo o distancia, no cuentan con las mejores condiciones para aportar a una determinada causa o tarea. En concreto, me refiero al voluntariado virtual, favorecido en estos tiempos por el auge de las redes sociales.

La mera difusión de una idea o de una propuesta extendida a un número muy grande de seguidores lleva a que ese tema se sitúe en el centro de la atención de la sociedad. Así, la existencia de voluntarios que se ocupan de replicar y difundir un mensaje a favor de alguna causa hará que esta se conozca más, e incluso atraerá a quienes tengan la posibilidad de colaborar de forma presencial y activa.

Hace un par de años, me conmovió conocer la historia de Malala Yousafzai, una joven paquistaní activista por los derechos civiles, que promueve el acceso a la educación de las niñas en zonas controladas por grupos extremistas. Su lucha le valió un atentado en el que resultó gravemente herida, pero también le posibilitó ser la ganadora más joven del Premio Nobel de la Paz, en 2014.

Actualmente, su obra se transformó en inspiración para una de las más recientes campañas virtuales de concienciación sobre la importancia de la educación. Encabezada por la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, se lleva adelante bajo el hashtag #62milliongirls, y alude al número de niñas que no tienen garantizado su derecho a la educación. Por medio de las redes sociales, se pide a los usuarios que relaten qué aprendieron a partir de su pasaje por el sistema educativo.

La inspiración de esas historias sirve como combustible para incentivar el trabajo en terreno, pero también busca concienciar a los tomadores de decisiones.

Así, por medio de una historia y del tiempo para contarla, miles de voluntarios esperan torcer una realidad adversa. Si tenemos los medios, y tenemos las ganas, busquemos una causa que nos motive y pongamos nuestro granito de arena para hacer de este mundo un mejor lugar para todos.

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