INTELIGENCIA

¿Actuar o reaccionar?: Robin Rovira Cedeño

Miraba las noticias en la televisión durante los hechos acaecidos por las deficiencias en el servicio de transporte público de pasajeros, y observé a conductores del Metro Bus liándose a puñetazos con pasajeros; además, escuché decir improperios a otras personas.

Por cierto, una televisora ponía de fondo –como si se tratara de una gran película de Hollywood– uno de estos insultos como avance de las noticias.

Alguien me compartió una experiencia que le tocó vivir, en la que había gente apoyando la destrucción de un Metro Bus; si bien es cierto que el nuevo sistema no ha llenado aún todas las expectativas, no es menos cierto que el carácter de cualquier persona se conoce cuando está bajo presión. Esta crisis del transporte ha servido para conocer el verdadero carácter de algunos panameños.

Pensando en esto viene a mi mente una anécdota sobre un hombre que todas las mañanas, al salir hacia su trabajo, le daba los buenos días a su vecino, pero este nunca le contestaba, al contrario, lo ignoraba totalmente.

Otro vecino testigo de ese desprecio le preguntó: “¿Por qué si su vecino nunca le contesta usted insiste en darle los buenos días?”.

El buen hombre respondió: “La manera en que mi vecino actúe no va a determinar la manera en que yo debo de actuar”.

Como bien decía, es evidente que el sistema de transporte tiene que hacer muchas mejoras, pero nosotros los panameños tenemos, también, que mejorar nuestra manera de ser.

Debemos tener presente que una cosa es actuar y otra cosa es reaccionar. Si un conductor de Metro Bus actuara y no reaccionara, pensaría, por ejemplo: ¿Por qué razón tengo que entrar en un dime que te diré con un pasajero si, llene o no llene el bus, de igual manera recibiré mi salario?

Si un pasajero actuara y no reaccionara pensaría, por ejemplo: ¿Por qué tengo que insultar al conductor del Metro Bus si él solamente es un empleado que recibe instrucciones del jefe de la empresa para la que trabaja?

Los pobres no debemos pelear con pobres; tampoco estoy infiriendo que debamos pelear con los ricos, lo que digo es que existe una manera ideal de resolver los problemas sin que nosotros los pobres tengamos que hacer el papel de “tontos útiles” en favor de alguien que quiera beneficiarse de ello, políticamente, por ejemplo, o de alguna otra manera.

Más que inteligencia emocional, lo que necesitamos es inteligencia espiritual. Y esto es así porque el hombre emocional es “su circunstancia” (Ortega y Gasset); pero el hombre espiritual es verdad o consciencia (Colosenses 1:9) .

Cuando decimos que el hombre emocional es su circunstancia, no estamos sino afirmando que la inteligencia emocional es la manera como reaccionamos ante las circunstancias; pero la inteligencia espiritual es la manera como actuamos o resolvemos los problemas. Como dijera alguien: “Para el que es un martillo, todo problema es un clavo”.

Hay que asegurarse de que los panameños no suframos del complejo de martillo o... del gatillo.

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