LIDERAZGO REAL

Los aspirantes a la Alcaldía de Colón: Jorge Luis Macías Fonseca

Colón es un sector importante para el país. Desde los planos histórico, político, geográfico y económico tuvo y tiene un peso específico en la realidad nacional. Desde luego, su desenvolvimiento ha ido asistiendo a retrocesos significativos producto de estrategias traumáticas que imposibilitan su avance. Sin propuestas, programas ni políticas bien concebidas.

En esto el municipio, como elemento básico y primario desde donde debe partir la filosofía, debe ser el genuino referente de los esquemas y acciones que le den contenido al desarrollo municipal. Sin este entendimiento, es claro que se producen fracasos. Así, el ensayo y error se convierte en el método para administrar, y la soberbia y la ignorancia en los atributos de quienes asumen la dirección municipal. Quizás, con la lógica de acumular riquezas no pueden comprender que la mayor de ellas está en la procura del bien social, porque servir al prójimo es una noble tarea, humana y responsable. La riqueza está en el espíritu, no únicamente en la cosa material.

Las últimas administraciones municipales han sido un fiasco, un trauma, un desaliento y una desvergüenza. Han traicionado los más caros intereses populares, llevando a la pérdida de la ciudad urbana y moral. El distrito de Colón ha entrado en una profunda crisis. La parte más visible de ella es la ciudad. Digamos que las aspiraciones a los cargos de elección pública son legítimas. Nadie en la democracia puede coartar el derecho a ello. No obstante, el examen introspectivo, las realizaciones públicas, los comportamientos serios, el entendimiento de la realidad municipal, la formación y la vocación de servir deben imponerse como elementos a considerar por quienes aspiran a ser alcaldes. La lista enorme de los que desean el solio municipal se multiplica como hongos. Jugando al aventurero y sin ningún recato apuestan a la eventualidad, tal y como explica la fábula sobre el burro que tocó la flauta por mera casualidad.

Hay que consignar que unas mínimas excepciones pueden ser excluidas del enmarañado inventario de los aspirantes. Estas son portadoras de un ejercicio público prístino, de una conducta intachable y de una formación profesional reconocida. Sin embargo, son los menos.

El presente obliga a la reflexión serena y seria para la escogencia del próximo burgomaestre colonense, porque el fracaso no puede convertirse en una opción. Hay que detenerse para examinar bien a quien debe dirigir los destinos de la municipalidad. Y es que, no hay cabida para los cantos de sirenas, para los discursos trasnochados, para la demagogia, ni para las burlas a la que someten permanentemente a la población. Colón reclama, con urgencia, un alcalde comprometido con la sociedad. Las bufonadas no pueden ser el sustento de la figura alcaldicia, porque no nos merecemos eso. La ciudad y el distrito de Colón necesitan reconstruir la ciudad urbana y la ciudad moral.

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