PANORAMA POLÍTICO

Algebra 2014: 2JC +JD=0: Daniel R. Pichel

Después de las primarias, y faltando un año para las elecciones, comienza a aclararse el panorama de los candidatos a la Presidencia. Eso sí, no confundamos saber quiénes son los candidatos, con saber por quién debemos votar. En lo personal, cada vez me convenzo más que, si se ejerce el voto “a conciencia”, lo más honesto será votar en blanco, pues ninguna de las opciones inspira, hasta ahora, el más mínimo entusiasmo. Pero repasemos un poco lo que ha pasado hasta ahora.

Primeramente, no me queda muy claro por qué las primarias presidenciales tienen que hacerse con tanta anticipación a las elecciones. Y menos aún, por qué no se pueden hacer el mismo día las votaciones para escoger a los candidatos a todos los cargos de elección. Los argumentos (o mejor sería llamarle las excusas) son muy variados pero, en general, hace pensar que persiguen que el tiempo cicatrice las profundas divisiones que suelen quedar después de las campañas internas y mantener algunos espacios para negociar trapisondas (digo, alianzas) que permitan repartirse la papa lo mejor posible.

El caso es que habiendo elegido candidato los tres partidos más grandes, y que supuestamente tienen opción de triunfo en mayo de 2014, el futuro no pinta muy halagador. El PRD se adelantó a todos a escoger candidato, en unas primarias que parecían ser un mero trámite administrativo. Las posibilidades de triunfo de cualquier candidato que no fuera el secretario general del partido eran prácticamente imaginarias.

El férreo control de todos los estamentos del partido que ha logrado el señor Navarro le garantizaba una victoria muy holgada. A pesar de lo que el PRD se jacta de su organización interna y disciplina partidaria, la participación en la elección primaria fue muy pobre, llegando apenas a superar el tercio de los inscritos.

El Partido Panameñista siguió la senda, con una primaria en que la victoria de Juan Carlos Varela era aún más segura que la de Navarro, pues era el único candidato. Resultó un “ejercicio” de bajo impacto para cumplir con el requisito de las primarias y poder comenzar la campaña con más anticipación de la que el más elemental sentido común justificaría. Del total de inscritos en el partido, en una elección con un solo candidato, hacía bastante lógico que la participación sería muy poca. De malas votó la cuarta parte de la membresía.

Ya definidos los candidatos opositores, solamente faltaba elegir al representante del partido de gobierno. Pero esa primaria parecía ser diferente a las otras dos. Aquí sí había varios candidatos. Arias y Roux hicieron una campaña abierta, sin que se percibiera claramente una ventaja para ninguno de los dos. Burillo, también hizo ruido, aunque era evidente que sus posibilidades eran menores. Interesante que, para sorpresa de todos, el Presidente no se manifestó abiertamente a favor de ninguno de los candidatos.

Sin embargo, siendo una elección que parecía mucho más competitiva, la participación fue también muy escasa para lo que se esperaba, superando apenas el 40%. A pesar de que las autoridades del partido pronosticaban mucha más afluencia de votantes, no fue posible concretarlo ese día. Eso, aun teniendo en cuenta de que se alegaban amenazas de despido a quienes no asistieran a votar.

Esta escasa participación de electores puede ser vista de varias maneras. Los partidos (para curarse en salud) tratarán de quitarle importancia con el cuento de que la participación en elecciones internas siempre es poca. Sin embargo, es un hecho que el poder de convocatoria de diputados, alcaldes y representantes queda bastante en entredicho, pues se supone que son ellos los responsables de garantizar la participación. La otra interpretación es mucho más básica. En un país donde la inscripción en los partidos se basa simplemente en clientelismo y en promesas vacías, el entusiasmo para participar en este tipo de actividades electorales es prácticamente nula.

Además, el grado de hastío de un alto porcentaje de la población ante todo lo que pueda oler a politiquería, puede explicar perfectamente la razón del desinterés en las primarias. El caso es que ya tenemos tres candidatos. Navarro tiene que lidiar con 10 años irrelevantes en la alcaldía. Además, su pobre discurso, premeditado y falto de espontaneidad, genera dudas de cuáles serán sus planes en caso de llegar al gobierno. Varela no ha sido capaz de sacudirse los 26 meses en que participó de la gestión de gobierno para luego convertirse en un acérrimo crítico como parte de una metamorfosis política que hace dudar seriamente de sus convicciones. Además, su alianza con el Partido Popular no parece ser un elemento que fortalezca sus oportunidades electorales.

Arias es un gran misterio. Si bien no tiene antecedentes que cuestionar, tampoco cuenta con ejecutorias que le sirvan de presentación. Además, muchos analistas piensan que, si no aumenta en las encuestas, perfectamente pudiera ser reemplazado por alguien más, a través de algún arreglo basado en la alianza con Molirena. Amanecerá y veremos... mientras, el balance de nuestra ecuación, sigue dando cero...

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