PROCESO CONSTITUYENTE

Aliados posibles del panameñismo: Jorge Gamboa Arosemena

En materia política imperan las prácticas politiqueras (valga la redundancia) de los codiciosos. Seres que ven en los cargos de elección un instrumento para pelechar. La coyuntura de 2014 debe conjurar estas prácticas.

El Partido Panameñista, ese que nace de Acción Comunal, movimiento contestatario no oligárquico, que reaccionó a la falta de un proyecto nacional en los años 20 del siglo pasado, debe volver a sus raíces, cuando los móviles que lo originaron resurgen. Todos los partidos han desvirtuado sus principios y objetivos, debido a dirigencias que tienen como norte trepar al poder o mantenerse ahí, usando cualquier triquiñuela para lograr sus objetivos. Conmino al panameñismo, porque a él pertenezco, a enderezar sus pasos para lograr “el Panamá mejor”, lema que debe ser un credo viviente.

Tanto el Partido Panameñista como el Partido Popular (PP) negocian una alianza que, por astucia, denominan “programática”, pero que por las revelaciones de cartas del PP al Partido Revolucionario Democrático (PRD) y del ofrecimiento de “dinero” del PRD al PP, junto a prácticas clientelistas de la dirigencia del panameñismo, podemos sospechar que esa unión será de tipo tradicional.

La dirigencia y bases panameñistas deben reorientar sus pasos y buscar alianzas que revivan los postulados iniciales, esos que decían: “Panamá para los panameños, en función de los más pobres”. No es hacer alianzas para gobernar por cinco años, sino para fundar una nueva república, ya que la actual, regida por el mamotreto de Constitución de 1972, está colapsada desde el 11 de octubre de 1968, y vivimos una ficción de democracia.

Una opción de alianza para el panameñismo es con un partido que está a punto de culminar su legitimación política, más que su legalización en un marco constitucional y legal colapsado. Sabido es que ese partido, el Frente Amplio Democrático (FAD) –que es de corte popular y no está contaminado con prácticas tradicionales–, tendría sus reservas para aliarse con el panameñismo, pero con propuestas claras para ir a una constituyente originaria que embozale las pasiones de los politiqueros se podrían dar los pasos iniciales para esa unión que nos dé una nueva república.

La opción iniciada con el PP debe encaminarse al eje constituyente, sin pensar en la repartición de puestos ni mintiéndose, al decir que pueden acordar un “programa” para un gobierno de cinco años. Aquí hago un símil: hacer planes para gobernar un quinquenio es como querer ir a vivir en una casa condenada. Lo que cabe es derrumbar esa casa y construir una nueva. No hacerlo es perder el tiempo y complicar la calidad de vida en esa vivienda colapsada. Igual pasaría en el Estado.

Tal vez, la alianza más polémica sería con el PRD. Yo solo estaría de acuerdo, si se hace para convocar a una constituyente, incluso, sin que sus dirigentes pidan disculpas a este pueblo por haber sido el “brazo político de la dictadura”, que mató o desapareció a 110 seres humanos, según informes de la Comisión de la Verdad.

En estas alianzas tiene que prevalecer el altruismo o la sensatez, porque si seguimos por el camino que vamos, desembocaremos en los eventos trágicos de otros pueblos, con violencia política o delictiva –que para los efectos son similares–, porque de una u otra forma hay muerte y sus poblaciones se restringen en sus vidas productivas y recreativas.

Claro, los candidatos deben ser diferentes a los conocidos, porque el objetivo es darnos la nueva república. Luego cada oveja con su pareja. Así como ocurrió en noviembre de 1903, cuando los liberales y los conservadores, que venían de enfrentarse en la Guerra de los Mil Días, fundaron la República y, luego, cada uno siguió por su camino.

El proceso constituyente deberá tolerar que hasta elementos de Cambio Democrático y del Molirena formal, entregado al poder, puedan participar. Debe ser un ejercicio incluyente. Creo que la llave del éxito de un proyecto así estaría en la participación de los independientes, quienes serían facilitadores para que los partidos armonicen y logren encontrar caminos de avenencia. Para eso, muchos independientes tendrán que dar un paso al frente y tomar responsabilidades como Presidente, figura clave del proceso, y varios deberán ser diputados, representantes y alcaldes, para conformar un gobierno de transición que, como primer acto, convoque la constituyente, la que mientras delibera el gobierno de transición dará atención a procesos administrativos del Estado.

Una vez proclamada la Constitución se convocarían a elecciones. Todo el ejercicio para tener la nueva República, en la que se minimicen y controlen los apetitos egoístas de los seres humanos metidos a políticos, no debe sobrepasar los dos años. Hay que hacerlo ya, después será más difícil.

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