CLIMA POLÍTICO

¿Arderá Venezuela?: Roberto Díaz Herrera

De la cárcel Modelo salí, el 24 de diciembre de 1987, hacia Caracas. Ningún tribunal ni juez firmó mi excarcelación y el borrón de mis cinco años de condena, sin abogado; lo ordenó el que mandaba todo. Presión de mandatarios que me libraban de una muerte segura. Venezuela se parece al Panamá de entonces, que conocí bien, tanto que me hizo tomar una acción insólitamente temeraria: enfrentar la hiedra que devoraba gente. Vivos por milagro divino, mi persona, familia y allegados.

Venezuela curó nuestras heridas, por la calidad humana de su gente. ¿Qué ha cambiado en esa patria hermana?... Muchas cosas. Hugo Chávez emerge no de un proceso de transformaciones ideológicas e intelectuales que mutan a una sociedad capitalista decadente hacia la vía de la revolución del proletariado y, por ende, a un socialismo del siglo XXI. No. En esa patria hermana, como en la mayoría de nuestros países, la clase dominante se hartó hasta la gula de los recursos de los venezolanos, engullendo la factura petrolera, bajo el disfraz lobezno de una partidocracia que nadó en millones y millones, y repartía centavos. Socialdemócratas y cristianos farisaicos, por igual.

Un Chávez inmensamente sensible e inquieto socialmente, aprovecha ese mar de fondo podrido, y en una jugada magistral se rebela militarmente. No consigue derrocar a Carlos Andrés Pérez, pero obtiene, por brillante carambola, ser preso y llenarse de auras carismáticas que luego lo mudan de las celdas al Palacio de Miraflores. Él inicia un proceso que nace con un altísimo índice de apoyos y de un interés real de transformaciones profundas. Se sometió a muchas elecciones, triunfante. Pero, como suele suceder en todos los cuentos, las cosas cambian.

Los muchos años gobernando, las roscas que se hacen desde el poder, el petróleo chorreando precios fabulosos, los dólares escondidos fácilmente, contaminaron todo, casi a la misma altura de las corruptelas de Acción Democrática y Copei. Y las buenas intenciones de este nuevo socialismo que impacta a Latinoamérica, se van convirtiendo en una clase nueva, que reparte mucho a los pobres como Robin Hood, pero se queda con mucho más. Chávez no pudo frenar la corruptela, ni siquiera del grupo familiar y de los más íntimos. Igual que en Rusia, China, Cuba y otros regímenes; igual que en los de derechas o centros, los de arriba, rojos, azules o verdes, viven pronto en opulencia, y los de abajo, morados, blancos o celestes, se van empobreciendo.

Venezuela, luego de casi 15 años de discursos revolucionarios, no tiene frijoles, arroz, leche y harina ni pan en los anaqueles. Solo en los de los Cisneros y clanes que cohabitan con los izquierdistas, o en los de las cúpulas de estos, incluyendo altos militares. Con Chávez había talento y carisma, aun con muchos excesos y arbitrariedades. Sin él, todo se ha derrumbado. Las recientes elecciones partieron matemáticamente al país en dos. Y es imposible que una mitad, exacta a la otra, a la que apoya a Maduro, sea proimperialista bajo órdenes de Obama. Sé que eso no es verdad. En estas horas críticas, al negarse el árbitro omnipotente a aceptar lo que dijo aceptar, contar los votos, puede hacernos mirar pronto un reguero de muertos. Dios nos ampare de ese holocausto.

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