ADECENTAMIENTO

Una Asamblea convertida en circo: Miguel Zúñiga Vallarino

Regularmente nos quejamos, y con justa razón, de nuestros dirigentes. La mayoría de estas quejas van dirigidas a los que deberían asistir a la Asamblea Nacional, pero que rara vez lo hacen. Hablo de los diputados, esos señores y señoras que cada cinco años inundan el país de propaganda y que son elegidos por el pueblo para que, además de velar por el bienestar de su circuito y otras funciones importantes, propongan y aprueben leyes sobre algún tema específico, que son de carácter obligatorio, y le ordenan, le prohíben o le permiten al ciudadano hacer o no algo.

Desde mi punto de vista, ser diputado es de las posiciones públicas más importantes y prestigiosas a las que un ciudadano puede aspirar. Ellos son una pieza fundamental para el desarrollo adecuado de la nación, porque atienden la base del progreso, que se inicia en los circuitos y culmina con la aprobación, modificación y suspensión de leyes. Lastimosamente para nosotros, cualquiera en este país puede ser diputado, por esa razón es que muchos de ellos son incultos e incompetentes.

La Constitución, en su artículo 153, establece los requisitos para ocupar el cargo entre los cuales destacan: “... haber cumplido 21 años de edad en la fecha de elección y no haber sido condenado por delito doloso, con pena privativa de la libertad de cinco años o más, mediante sentencia ejecutoriada, proferida por un tribunal de justicia”. Básicamente, lo que dice este artículo es que si tienes esa edad y jamás te han sentenciado por más de cinco años por un delito que cometiste intencionalmente (dolo) puedes ser diputado de la nación. Esto invita a los delincuentes y personas poco cultas a aspirar al puesto.

Quien se atreva a decir o pensar que los requisitos establecidos en el artículo 153 son méritos suficientes para que una persona se postule y ocupe una curul, está dejando que la ignorancia y la incompetencia infecten al país como una plaga, y creo que de esas ya tenemos suficientes.

La solución, a corto plazo, es votar a conciencia el 4 de mayo por el diputado mejor preparado, no por el que llega a tu casa con jamones, galletitas y electrodomésticos. Hagamos que la palabra “honorable”, que va antes de diputado, se la tengan que ganar, no que se la regalen. A largo plazo, la solución más realista para evitar que el pueblo bote su voto, y que crearía candidatos con más propuestas y menos clientelismo, sería modificar este artículo.

A un diputado se le debe exigir que tenga, al menos, un diploma universitario en su currículum, lo que significa que debe estar graduado de primer y segundo ciclo. Además, debería contar con experiencia laboral tras haber completado sus estudios, de forma que se aumentaría, automáticamente, la edad para correr por el cargo a, por lo menos, 25 años. Por otra parte, no debería permitirse, de ninguna manera, que una persona condenada por un delito culposo o doloso intente acceder a este puesto de elección popular y, por último, que el aspirante sea una persona con trayectoria reconocida y pulcra.

Con estas modificaciones nos aseguraríamos de tener a ciudadanos más capaces en la Asamblea Nacional. Esta pasaría de ser un circo, con búfalos como presidentes, a ser un recinto para el debate de las ideas, con discusiones sanas y coherentes, como lo fue hace no mucho tiempo, cuando contábamos con diputados de gran altura intelectual, que compartían sus inquietudes y las de su comunidad, mediante discursos sensatos que buscaban la solución de los conflictos. Tuve la fortuna de conocer a uno de esos diputados que honró a Panamá, su nombre era Carlos Iván Zúñiga Guardia, un patriota en todo el sentido de la palabra y un ejemplo a seguir, porque con sus letras y sus discursos invitaba al diálogo. Él luchó, incansablemente, para que los principios éticos y morales imperaran en el país y en sus gobernantes.

Todavía podemos combatir este mal en la Asamblea. Seguro que siempre habrá personas sin valores, a la espera –como buitres– de una oportunidad para alimentarse de la basura, pero depende de nosotros –el pueblo– evitar que ellos nos gobiernen. Exijamos, como primer paso, que en el momento de reformar la Constitución se modifique el artículo 153, de esta manera atacaríamos el problema de raíz y empezaríamos a tener en la Asamblea Nacional a profesionales dignos de este pueblo y de esta tierra.

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