CONSCIENCIA

La Asamblea que no debemos reelegir: Carlos Omar Rosas V.

Cuando las promesas sobran y los hechos no se ven, una vez más nos preguntamos: ¿por qué voté por ese candidato (a), si jamás ha venido a nuestra comunidad y desde que está en la Asamblea ni siquiera nos habla?

Ese es el círculo vicioso en el que caemos, cada cinco años, la mayoría de los panameños al depositar la confianza en personas que, al poco tiempo, nos defraudan descaradamente.

Con horror y con cierto grado de amargura hemos visto cómo se despilfarran miles de millones de dólares entre todos los que mal se les puede decir “padres de la Patria”. Es inaudito que, con cinismo y desparpajo, todos y cada uno de ellos digan, como cuando se reparte una comida en una fiesta, “a ti te dieron la mejor presa”. Por ser de Cambio Democrático le tocan más millones.

Permítanme decirles, mis queridos lectores, que todos son iguales. ¿Ustedes creen que en las condiciones actuales a ellos les interesan sus circuitos? ¡Claro que no! ¿Y quién nos garantiza que ese despilfarro de dinero está siendo bien fiscalizado por la Contraloría General?

En la mayoría de los medios de comunicación, sobre todo los televisivos, nos inundan a diario con obras teatrales de estos diputados, acusando de corrupción, tanto a los otros órganos como a las instituciones y entidades, señalando que la Asamblea ha estado siempre alejada de este flagelo. ¡Qué ironía de la vida! ¿Verdad?

En los albores de una nueva contienda electoral, agradezco a los que han tenido que ver con que se dé a conocer este bochornoso escándalo –sobre todo a este prestigioso diario– para que los panameños que ya teníamos un concepto nada bueno de esa augusta cámara, vislumbremos y analicemos si estos señores y señoras merecen un voto de confianza para reelegirlos.

Sé que una innumerable cantidad de ciudadanos comparte mi opinión. Está bueno ya de tanta sinvergüenzura; tenemos el castigo en nuestras manos, el voto. Escojamos, una vez hecho el análisis de los candidatos, la mejor opción; a quien no esté contaminado de tanta podredumbre, pasada y presente. En cada rinconcito de nuestro bello país aún existen personas nobles que quieren un mejor futuro para todos.

Qué excusa más barata nos han dado los diputados “opositores”, al decir que por no cuadrarse con el partido en el poder, se les desprecia y margina, y que por esa razón no han podido dar respuestas a los problemas en sus circuitos. ¡Qué tesis más ridícula! Todos sabemos que las prebendas y las canonjías se reparten entre todos, específicamente para emplanillar a seguidores que, en la mayoría de los casos, son personas que ni siquiera necesitan esos emolumentos, pudiendo destinar mejor esos fondos para obras sociales que sí beneficiarán, sobre todo, a la población más pobre.

Hagamos consciencia, mis apreciados lectores. No queremos que se repita este estado de cosas; busquemos un gobierno que, de una vez por todas, se sensibilice con los que menos tienen; que haya oportunidades de trabajo para todos; que la salud, la educación y la alimentación sean temas de Estado. Todo esto va a depender, en gran medida, de que saneemos la corrompida Asamblea Nacional. No reelijamos a ninguno. Dios escuchará nuestras súplicas.

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