IRRESPONSABLES AL VOLANTE

¿Y la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre?: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Con el perdón de los agentes que laboran a conciencia y por amor a su trabajo en la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), considero que esa institución estatal es inepta. ¿Cuál es la función de la ATTT? Es planificar, investigar, dirigir, supervisar, fiscalizar y controlar las operaciones de tránsito y transporte terrestre. Dirigir, supervisar y fiscalizar, empero, es lo que menos hace. ¿Cuándo fue, por ejemplo, la última vez que viste un guardia de tránsito dirigiendo y supervisando el tráfico como Dios manda? No recuerdo. El grueso de los conductores hace lo que le da la gana. Los semáforos “inteligentes” contribuyen a trancar la ciudad. Las líneas de seguridad peatonales brillan por su ausencia y todos los años la cantidad de muertos por atropello y personas manejando borrachas aumenta. La misión le queda grande a la A triple T.

La ciudad de Panamá es enemiga del peatón. El conductor promedio es agresivo. Los peatones son desplazados de las aceras por autos, quioscos, buhoneros, camiones. Deben tirarse a la calle para transitar. Las líneas de seguridad son irrespetadas por conductores al estacionarse sobre ellas o pararse en ellas mientras esperan el cambio de luz del semáforo. Sombras es lo único que queda de muchas de esas líneas porque la ATTT no las pinta. Rampas y estacionamientos de discapacitados son obstruidos por tramposos. En un país más racional que emotivo el peatón parado en una línea de seguridad es respetado. Los carros detienen marcha para que pase. La tecnología está a su servicio. En Panamá, es raro el conductor que así actúa. ¿Y la ATTT? Bien, gracias.

Conductores intoxicados con alcohol y drogas ilícitas atropellan al peatón y lo dejan tirado como un animal. ¿Es eso amor al prójimo? Entendible es que se asusten o aterren ante caso similar, pero la compasión, el amor a sus hermanos y la justicia deben primar. Cada año decenas de panameños, entre niños y adultos, son atropellados y/o asesinados por conductores irresponsables, borrachos, drogados, distraídos, trayendo luto a humildes hogares. Hay quienes estudian Derecho para andar torcidos. Otros aprenden leyes para saltárselas. No hay una semana en que un conductor borracho no atropelle a alguien o provoque una estupidez. Resulta prácticamente imposible cruzar una calle sin que un conductor no te tire el carro aunque la luz esté en rojo. El exceso de velocidad predomina. La velocidad legal en la ciudad o en poblados es de 40 kilómetros por hora. El conductor promedio corre a 80 y más kilómetros. Toda calle es autopista. El exceso de velocidad está presente en la mayor parte de conductores de carros particulares, taxis, camiones, Metrobuses. ¿Y la ATTT?, bien gracias.

Si mis ojos fuesen cámaras fotográficas, obtendrían un sinnúmero de fotografías de conductores hablando, chateando, comiendo y bebiendo mientras conducen. Son niños con un arma en potencia en sus manos. Si la ATTT quisiera, fuera millonaria con solo multar a los conductores que se portan como niños mientras conducen. ¿Y la ATTT? Bien, gracias. No hace nada. Los vidrios polarizados que impiden ver quién opera un automóvil deben ser prohibidos en automóviles particulares. Se prestan para delinquir y la inmoralidad. Cuando no veo quién maneja un automóvil, no sé si me está encañonando o qué. ¿Y la ATTT? Bien, gracias.

La imprudencia peatonal igual es razón de atropellos y muertes. Mas, si vas a la velocidad estipulada, tienes tiempo de reaccionar, frenar y evitar una desgracia que lamentarás toda la vida. Para innumerables conductores, la luz amarilla es señal de acelerar en vez de disminuir la velocidad y tomar precauciones. Y al pasarse la luz amarilla, se comen la roja. El juega vivo es punible en la conducción. Es raro el automovilista que no maneje a la ofensiva. La agresividad es la nota característica. ¿Y la ATTT? Bien, gracias. No hace nada. Brilla por su ausencia.

En “¡Cuidado, ´niño´ al volante de un ´carrito loco´!”, publicado el 14 de junio de 2010, escribo que es menester saber controlar las emociones al conducir. El auto es una bendición pero también un arma en potencia para suicidarse, dañar o matar al prójimo. Muchos “vivos” hoy están tres metros bajo tierra, creyendo que se las sabían todas. Ni el arrepentimiento ni el remordimiento le devuelven la vida al prójimo asesinado con un automóvil.

Lamentablemente, en Panamá no hay cultura de motos ni de bicicletas. Innumerables conductores tiran el automóvil a motos y bicicletas como si fuese poco el manejo desordenado de algunos motorizados. Los domingos me gustaría ir al templo en bicicleta. No me atrevo por la cantidad de locos que tienen licencia para manejar y no respetan a nadie, pues manejan agresivamente. Se creen dueños de las calles y carreteras. Son adictos a la velocidad. Corren por todo. Pareciera que sufrieran del estómago. Corren como dementes. Quien los ve creería que les regalaron o compraron el permiso de conducir, porque ignoran las más elementales reglas de tránsito. ¿Y la ATTT? Bien, gracias. @earrieta

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