DÉCADA DEL CONOCIMIENTO

Avancemos con el mundo moderno: Francisco Sánchez Cárdenas

En el mundo hay países de mucha trayectoria histórica y otros, de más reciente conformación, que han sufrido y sobrevivido a guerras mundiales, conflictos internos, enormes desastres naturales y problemas sociales de gran envergadura, y hoy son naciones florecientes del primer mundo.

Panamá, a pesar de las oportunidades que tiene y de sus 112 años de vida republicana, todavía es un país subdesarrollado. La razón que hizo que otras naciones cambiaran su destino se debe a que tenían un buen sistema de educación o modificaron el sistema arcaico y elitista por uno equitativo, democrático, social y visionario. Este el caso de Japón, Corea del Sur, Singapur y Finlandia, entre otros.

Primero, la sociedad encontró la causa del deterioro educativo en la oligarquía, luego responsabilizó a la dictadura y, por último, a los partidos políticos. Pero la realidad es que culpables somos todos. La otra realidad es que entre todos debemos buscar soluciones y, por ello, me atrevo a escribir al respecto.

El país ha crecido en materia económica de manera espectacular, pero los niveles de corrupción, inseguridad, feminicidios, intolerancia, irresponsabilidad ciudadana y la deshonestidad de gran parte de la ciudadanía nos obligan a pensar que hay un denominador común que lleva a la sociedad al bajo nivel de valoración en el que nos encontramos. Ese factor etiológico no puede ser otro que la carencia de una buena base educativa.

Sin una educación apropiada no tendremos mejores ciudadanos, empresarios, técnicos, profesionales, funcionarios públicos ni privados. No tendremos mejores maestros ni profesores, policías, etc., y seguirán los extranjeros (con solo un poco de mejor educación) desplazando la mano de obra panameña.

Panamá es y será un país de servicios. Esa vocación nos obliga a una estricta conservación ecológica. El país requiere una agricultura de autoabastecimiento. Solo en esos tres campos, sin descuidar otros, podemos darle a nuestra sociedad, además de una orientación práctica, una determinación de desarrollo integral. Si elaboramos y desarrollamos planes de educación, desde los parvularios hasta la instrucción universitaria, para formar ciudadanos más honestos, con valores, solidarios, creativos e innovadores, que nos ayuden a educar a las viejas generaciones, avanzaremos hacia un nuevo estilo de desarrollo, con mejor servicio, agricultura y ecología.

Para lograrlo se requieren programas y estructuras dignas y necesarias, además de capacitar al cuerpo docente. Los educadores y el personal administrativo deben ser funcionarios con vocación y preparación en el grado de maestría en docencia, y ser de los mejores remunerados por el Estado. Cada escuela tendrá la libertad de contratar el equipo docente más competente.

Hay que adecuar los planes de estudio de las escuelas públicas y privadas formadoras de docentes, y que estas cumplan de manera estricta con los programas de preparación. Todos los estudiantes, hasta el noveno grado, deben recibir alimentación, libros y transporte gratis. La educación debe ser dirigida con la filosofía de formar ciudadanos creativos y libres de ataduras, y que el pasado les sirva para entender el presente y desarrollar el futuro.

El país tiene los recursos necesarios para esa tarea, sin menospreciar otras actividades. Los recursos para la educación deben ser descentralizados y distribuirse de manera equitativa. Para ello es necesario que las autoridades no sean reelectas, y así evitar la intromisión de la política en la educación. El plan de reformas del pénsum académico no puede aplicarse de forma masiva ni generalizada, se debe hacer por zonas territoriales y de manera estratificada, planificada y evaluada.

En el país hay regiones que revelan una gran inequidad en la distribución de riquezas. Iniciemos estos planes por las áreas indígenas de pobreza extrema del país, tales como Bocas del Toro y Darién.

No permitamos que pasen otros 112 años sin una educación de calidad, o no saldremos del círculo vicioso del subdesarrollo y sus repercusiones. Le corresponde al Gobierno, de manera franca, valiente y decidida, emprender esta cruzada.

Hay mucho por hacer. La tecnología que nos asusta y está en pleno desarrollo no llega siquiera, según los expertos en el tema, al nivel cerebral de un ratón, pero utilizándola adecuadamente, la vocación de servicio se expandirá, y la agricultura y la ecología se desarrollarán con más ciencia y tecnología.

El Congreso de Estados Unidos declaró la década de 1990 como la del “genoma humano” y se logró descifrarlo. En el 2013, el presidente Barack Obama declaró que esta sería la década para el “conocimiento del cerebro humano”. Avancemos junto al resto del mundo. Formemos al ciudadano que mantendrá nuestro ambiente, que nos dotará de alimentos, salud y seguridad, con solidaridad y ética. Más que como un trabajo, como un servicio al prójimo.

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