DETERIORO SOCIAL

Ayuda para Nombre de Dios: David Castro

Como hijo de panameños, oriundos de Azuero, que luego emigraron a la provincia de Colón en la década de 1970 en busca de un nuevo porvenir, escribo para hablar de la costa arriba de Colón, especialmente de mi pueblo Nombre de Dios, donde la cultura y las tradiciones siguen vivas, pero la pobreza y el olvido caminan de la mano.

Nombre de Dios fue uno de los primeros asentamientos europeos en el istmo de Panamá y en tierra firme americana, actualmente es el más antiguo. Este poblado, situado a 90 kilómetros de la ciudad capital, fue fundado por Diego de Nicuesa, en 1510. No he olvidado la fecha aunque hayan pasado 27 años, porque mis maestros –que en ese momento laboraban en la escuela José Isabel Herrera–, lo primero que nos enseñaban era la historia de este grandioso pueblo.

Nuestra educación era muy buena porque los maestros, los padres de familias, el corregidor y el representante trabajaban unidos en el bienestar de la educación y el pueblo. Dichas autoridades organizaban grandes actividades en noviembre, cuando celebrábamos con mucho orgullo los días patrios. Estas actividades pueblerinas se basaban, principalmente, en la recitación de poesías, la lectura, los deportes y las obras de teatro, en las que dábamos vida a cualquier personaje que nuestros maestros nos ayudaban a elegir.

Hoy veo cómo todo se ha derrumbado. Ahora no hay esa organización ni incentivos para los estudiantes, lo que hay es una tropa de policías que intimida y acusa a todo el pueblo de narcotraficante. Los deportes, las poesías, las obras de teatro y las lecturas han sido reemplazadas por cantinas y por pacas de droga que aparecen, como arte de magia, en las playas de nuestro océano.

Es el momento de hacer un llamado a la conciencia de los 4 mil habitantes que componemos este pueblo, principalmente a sus autoridades, para que juntos desarrollemos un proyecto de bienestar social y exijamos al Gobierno que destine una partida para el mejoramiento de las escuelas, los centros de salud y los campos de deportes. No es justo que un pueblo con tanta historia siga olvidado por los políticos y que la única vez que se acuerdan de nosotros sea cuando se aproximan las elecciones. Si queremos salvar a nuestra juventud en Nombre de Dios, es necesario que la comunidad y el Gobierno se preocupen por los jóvenes; que le brinden la posibilidad de crecer; que puedan viajar a la ciudad de Colón o Panamá para culminar sus estudios y que puedan ingresar a la universidad para que sean los profesionales del mañana.

No queremos ver más a nuestro pueblo inmerso en las drogas; no queremos ver a nuestros jóvenes sin futuro. Queremos educación, salud, oportunidad de empleo, proyectos turísticos. ¡En Nombre de Dios, seguimos luchando por conservar nuestra historia y tradiciones!

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