EL SÉPTIMO ARTE

Bond, James Bond...: Daniel R. Pichel

Dicen que el 20% de los terrícolas hemos visto alguna de sus aventuras. Por supuesto, nació viejo, en 1953 en la literatura, y en 1962 en el cine. Su ventaja: los años no lo envejecen como al resto de los mortales. Es más, cada cierto tiempo descubre la fuente de la juventud y, repentinamente, no solo se hace más joven sino que su fisonomía cambia radicalmente. Se queda así por unos 10 años y luego vuelve a cambiar. La última vez, de ser alto, de cabellera oscura, extrovertido y de finas maneras, se convirtió en un rubio bajito, de ojos azules, más bien tosco, casi introvertido, y con una frialdad pasmosa. Con el tiempo, el mundo ha cambiado y James Bond ha tenido que adaptarse. Por eso, ya no fuma y, ante la epidemia de sida, se ha vuelto menos promiscuo. Aunque aún no parece haber llegado a usar condón en sus aventuras.

Sus habilidades son casi infinitas. Juega póquer (y casi siempre gana), maneja motos, bicicletas, carros, aviones, helicópteros, submarinos, batiscafos, jet skis, lanchas rápidas, y en una ocasión condujo un tanque de guerra por las calles de Moscú y un transbordador espacial por la atmósfera. Salta en paracaídas, bucea, esquía en nieve como un campeón olímpico, juega golf, ráquetbol y tenis. Domina las artes marciales, es experto en explosivos, en comunicaciones y en primeros auxilios (sino que le pregunten a Halle Berry cuando durante la filmación de Die Another Day Bond tuvo que hacerle una maniobra de Heimlich al atorarse con una manzana mientras filmaban).

Pero, a pesar de todos estos rasgos únicos, hay ciertas cosas invariables. Estrictamente británico, viste impecablemente, se rodea de mujeres hermosas a quienes seduce –o hipnotiza– con una facilidad envidiable, visita los parajes más exclusivos del mundo, desde el Caribe, Venecia, Egipto, Montecarlo, Grecia, Marruecos, hasta la Cortina D’Ampezzo. Maneja los automóviles que todos soñamos manejar y siempre está disponible para sus misiones, al margen de qué tan peligrosas sean. Es curioso que, a pesar de tener acceso a los gadgets más increíbles que se nos puedan ocurrir, siempre se mantiene fiel a su Walther PPK, con la que ha exterminado a psicópatas de todo tipo.

Sus estadísticas son impresionantes. En estos 53 años, ha salvado al mundo 24 veces, ha dormido (¿dormido?) con 64 mujeres, ha participado de 58 persecuciones, han intentado matarlo 95 veces, ha visitado 39 países, ha matado a 230 personas y se ha casado una sola vez (es que eso sí es peligroso).

Cada quien tiene su Bond favorito. A Connery muchos lo consideramos “el verdadero”. Con ese toque de clase y cinismo que le permitía detenerse a comer una uva, mientras lo perseguían unos tipos con muy malas intenciones. Moore fue más burlón e irónico, cuando las estrellas de las películas eran los dispositivos que ponía a su disposición. Brossman logra un “híbrido” entre el refinamiento de Sir Sean y la simpatía de Sir Roger. En el medio pasaron George Lazenby y Timothy Dalton, sin mucha pena ni mucha gloria. El último, mi tocayo Craig, le ha dado un toque diferente. Callado, parco y frío, más cercano a la personalidad esperada en alguien con licencia para matar. Sus aventuras son menos espectaculares (con el final de la guerra fría, perdió mucho la profesión de espía), pero se han adentrado más en aspectos propios del origen y evolución del personaje. Hay rumores de que el próximo Bond pudiera venir cargado de melanina o hasta de estrógenos… Ya veremos…

James Bond se ha enfrentado a los malvados más malos del mundo. El Goldfinger de Gert Fröbe, el Enrst Stavro Blofeld de Donald Pleasence, Telly Savalas y Christoph Waltz, el Scaramanga de Christopher Lee, el Stromberg de Curt Jürgens y el Silva de Javier Bardem. Muchos, asociados a sicarios con poderes y habilidades muy particulares. El Jaws de Richard Kiel, mataba tiburones a mordiscos, el casi albino, Red Grant, de Robert Shaw que mataba gente en el transiberiano, y el coreano casi mudo, Oddjob (con su sombrero de ala de acero), hicieron sufrir bastante a 007.

¿Y quién no ha suspirado por las “chicas Bond”? Úrsula Andress, saliendo del Caribe con un bikini blanco (y recordada por Hale Berry con uno anaranjado), la nica Bárbara Carrera con su maldad seductora, Carole Bouquet, Bárbara Bach, Maud Adams (la única que ha repetido), y su gran amor Teresa, interpretada por Diana Rigg, tienen su lugar especial en la historia del personaje creado por Ian Fleming e inmortalizado por Cubby Broccoli. Sin olvidar a la platónicamente enamorada Moneypenny, quien suspira por James mientras lo ve pasar antes de cada reunión con M. Mención especial para Mónica Bellucci... ¡Wow!, hay mujeres inmunes al tiempo...

El caso es que James Bond sigue viviendo aventuras que, cada dos o tres años, nos llevan a formar filas en los cines para compartir vicisitudes con “el espía más famoso del mundo”. Porque, lo aceptemos o no, seguramente todos los hombres del mundo hemos querido ser en algún momento James Bond, y todas la mujeres han soñado con un caballero que les pronuncie al oído, con voz grave, las palabras mágicas: Bond, James Bond, mientras saborea un “vodka-martini agitado, no revuelto”... @drpichel

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