BUENOS MODALES

Buen día, gracias y por favor: Querube del Carmen Henríquez U.

Estas no son las frases de un conjuro, pero producen mágicos resultados. No son trabalenguas, sin embargo, suelen atorarse en la boca de quien tiene la intención de decirlas. Se pueden enseñar en casa, pero no todos los padres comprenden la importancia de hacerlo y lo bien que lucen sus hijos cuando las pronuncian.

Como me he relacionado con extranjeros, inevitablemente, comparo y me pregunto: ¿por qué en Panamá no somos tan educados como en otras regiones? Lamento, de antemano, si alguno de los lectores no comparte mi opinión. No pretendo criticar ni menospreciar nuestra nacionalidad ensalzando otras, pero, “al César lo que es del César”. Respecto a otras naciones, la nuestra en lo referente al trato deja mucho que desear. Es una desafortunada realidad, pero tiene remedio.

“La educación empieza por casa”, decían mis padres y maestros. Así es. Si no se le enseña a un niño a decir “buenos días” al levantarse y encontrarse con los que habitan en el hogar junto a él, jamás sabrá que, además de un saludo, es una forma de expresar sus sentimientos hacia los otros. Asimismo, las “buenas noches”, como una forma de agradecer por el día compartido con ellos o como el deseo de que tengan un buen descanso. Son palabras que toda persona debería aprender a decir desde tierna edad.

“Por favor” es otra frase que cómo nos cuesta decir. Equivocadamente, creemos que nos resta algo, y sentimos que es un ruego por el acto o servicio de otro. Solemos pedir que nos despachen o nos sirvan, con una especie de mandato, de manera imperativa: “tráigame”, “deme”, “páseme”. Otros, un tanto más toscos, dicen: “vea, tráigame”, “oiga, llévese esto”, “compa, deme una soda”; “ey friend, pasa un periódico”. Sin perjuicio que esa persona nos preste un servicio o nos despache un artículo que vamos a pagar, un poco de amabilidad vendría bien.

¿Y qué decir de dar las “gracias”? Esta palabra parecer estar en peligro de extinción, sobre todo entre las generaciones más jóvenes. Es común ver que los padres, con un codazo o una torcida de ojos, les recuerden a sus hijos que deben agradecer, diciéndoles: “Fulanito, ¿cómo se dice?”. Enseñarles esto es tan vital como que aprendan a hablar, a la vez, aprenden que no deben dar las cosas por merecidas y que recibir algo, aunque sea su derecho, amerita agradecimiento.

Reitero, la educación empieza por casa. Pero si por alguna razón en sus hogares no hubo la costumbre de decir buenos días, dar las gracias o pedir por favor, nunca es tarde para empezar a ponerlo en práctica y créanme que experimentarán increíbles resultados que se traducirán en mejores relaciones humanas. Ensayen con sus familiares, compañeros de trabajo, vecinos y, sobre todo, con sus jóvenes hijos.

Al ser humano le gusta la amabilidad. Por favor, seamos agentes multiplicadores de esta que nada nos cuesta y tanto nos gusta. Y aunque quizás no recibamos de vuelta el mismo trato, recuerden que no siempre se da para recibir, sino que también para que otros aprendan y se luzcan. Hacer que otros así lo hagan, es otra manera de lucirnos nosotros también.

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