EDUCACIÓN

Cambiemos de rumbo: Juan Planells

El Ministerio de Educación ha publicado en su último informe sobre Estadísticas Educativas 2012 que hay en el sistema mil 312 estudiantes embarazadas (30 en el nivel primario oficial), incluyendo una en tercer grado con solo 10 años. Así mismo indica que se reportaron mil 933 casos de violencia estudiantil (63 con armas y 19 con drogas), 779 en nivel primario, incluyendo uno con posesión de drogas. No hay precedentes en la historia de la educación nacional de semejantes síntomas de deterioro social en la institución que debiera ser un modelo de comportamiento.

Es cierto que la principal responsabilidad ante la evidente pérdida de valores reflejada en estas dramáticas cifras descansa en la familia, y que la primera institución social en Panamá da muestras de una desintegración sobre la que es difícil construir una sociedad sana y fuerte. La Contraloría nos dice que el 84% de los hijos en Panamá nacen de padres no casados, y más del 15%, de madres solteras.

Sin embargo, al Estado, a través de la escuela, le corresponde una responsabilidad subsidiaria en el tema de los valores que debe ser atendida con políticas públicas apropiadas y eficaces. Más bien hoy, en muchas ocasiones, el padre de familia no sabe cómo contrarrestar la influencia negativa de un ambiente escolar incontrolable que presiona a sus hijos, invitándolos a llevar un modelo de vida desenfrenado y violento.

Si hablamos de la educación sexual, la situación es más crítica. No solo por la cantidad de embarazos en niñas, sino por la evidente actividad sexual promiscua que aprovecha la escuela como medio de encuentro y propagación. Las estadísticas muestran que 6 de cada 10 infectados de VIH son adolescentes, resultado de su participación en relaciones sexuales tempranas de alto riesgo.

En el tema de los valores, la escuela ha perdido el rumbo. Lo que debiera ser eje central de todo el sistema educativo, ha sido reducido a un llamado eje transversal al que no se le dedica ni el tiempo ni la importancia que merece. Todos los esfuerzos parecen encaminados a la capacitación en las competencias cognitivas, a través de asignaturas cuyo rendimiento se evalúa trimestralmente, y en cambio muy poco a la formación de actitudes que le permitan a la juventud enfrentar las difíciles situaciones de comportamiento que se les presentan en la sociedad actual.

Debemos insistir en la necesidad de promover valores a través de la escuela para ser exitosos en el mundo laboral y en el plano personal o ciudadano. De otra forma la juventud seguirá abandonada a un desempeño social apartado del respeto y la responsabilidad. ¿Qué éxito puede alcanzar una joven que, a edad temprana, ve comprometido su proyecto de vida con la atención de deberes familiares? ¿Qué puede esperarse de un joven que experimenta con drogas o armas en la escuela?

Si la educación es un instrumento de desarrollo personal y social, y su calidad se mide por la eficacia con la que atiende las necesidades sociales, la calificación que merece el sistema educativo es de fracaso. El gran problema de la sociedad de hoy no está tanto en la creación de riqueza como en la justa distribución de oportunidades para acceder a ella. Igual ocurre con la ciencia y la tecnología. Los avances en conocimiento sobre genética, tecnologías de la información y comunicación, nanotecnología, mecatrónica y otros que progresan a velocidades vertiginosas nos demuestran las capacidades alcanzadas en estos campos, pero el dilema para la humanidad está en señalar con qué propósito las utilizamos.

Desarrollar solo el dominio de la ciencia, matemáticas y el lenguaje, a los que tanta atención pretendemos dedicar en una escuela netamente académica, y descuidar las competencias emocionales, que hemos abandonado como objetivo central de un aprendizaje integral, es como promover un desarrollo sin rumbo.

Reconocemos el compromiso individual que hacen los educadores con vocación al impregnar su trabajo con el consejo oportuno y la orientación ética, gracias al cual se logra rescatar, en algunos casos, el verdadero sentido de la educación, haciendo honor a la frase de José Martí “instruir puede cualquiera, educar solo el que sea un Evangelio vivo”. Igualmente, valoramos el esfuerzo de los padres responsables, navegando en muchos casos en contra de la corriente promovida por una escuela con reglamentación permisiva.

Cuestionamos el escaso respaldo que reciben estos héroes del sistema para promover los valores, que no pasan de programarse con alguna charla ocasional, si se encuentra el tiempo o el salón disponible o mediante algún acto cívico trasnochado, desvinculado de la realidad que viven los estudiantes, con juramentos que tienen más simbolismo que contenido.

Debemos colocar a la persona y sus valores como eje central de la educación. Cuando relegamos su desarrollo a un segundo plano en la educación que impartimos en la escuela, y nos enfocamos únicamente en ofrecerle las herramientas para aplicar lo aprendido en el trabajo, olvidamos que todo ese conocimiento carece de sentido si no va orientado por una formación en valores que lo ponga al servicio de la persona y la sociedad.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código