PARTIDO GOBERNANTE

Cáncer político primario: Jorge Gamboa Arosemena

Cáncer político primario: Jorge Gamboa Arosemena Cáncer político primario: Jorge Gamboa Arosemena
Cáncer político primario: Jorge Gamboa Arosemena

Cuando se diagnostica que un paciente tiene cáncer, los médicos tratan de determinar si es un tumor primario o una metástasis. Si es metástasis, buscan el cáncer primario, porque dependiendo de este será el plan de tratamiento y el pronóstico. En la crisis generalizada que padece la sociedad panameña se ha tratado de atacar los cánceres por separado. Se dice que uno es el Órgano Legislativo, que otro es la administración de justicia y que, también, lo es el Ejecutivo. Se cuestiona a la sociedad civil y hasta se dice que los medios de comunicación social son responsables de la crisis. En una crisis generalizada la responsabilidad también es generalizada, pero debe haber –como en el diagnóstico de cáncer– un tumor o una disfunción primaria que hizo disfuncional al resto del sistema.

Una buena aproximación para enfrentar la causa primaria de la crisis social del país es reformar el Código Electoral, pero poco se logrará, porque los que se benefician del sistema cambiarán las formas, pero preservarán la esencia. Es decir, que los políticos enquistados en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Tribunal Electoral (sí, el TE, que aparenta una cosa, pero pelecha del sistema) no van a poner “cuchillo para su pescuezo”.

Si bien es cierto que hay que enfrentar la crisis en todas sus manifestaciones, y esto es por vía de un proceso constituyente, pocos análisis hay sobre la vida interna de los partidos políticos. La disfunción de estos se puede considerar el tumor primario.

Usemos al Partido Panameñista como ejemplo. Es el partido gobernante y se le responsabiliza de los fallos en el Estado. En la década de 1990 fue controlado por la facción mireyista, que perdió el control tras su aplastante derrota en 2004. Ya para el año 2006, el varelismo se apoderó del partido haciendo uso de mucho dinero y un perverso clientelismo. En las primarias de 2008, con más dinero, el varelismo obtuvo la postulación presidencial, que tiró por la borda en enero de 2009, al claudicar ante el empuje del dinero de Ricardo Martinelli, quien se deshizo de Juan Carlos Varela en agosto de 2011. Un mes antes, en la convención de julio de 2011, el varelismo mantuvo el secuestro del partido mediante más clientelismo, con mucha plata y recursos del Estado, directa o indirectamente (estaban en el gobierno).

Hoy vamos hacia la renovación de los cuadros directivos bajo las mismas prácticas clientelistas. Solo hay que ver cómo, en los dos últimos domingos, esas prácticas arrojaron la montonera de 50 mil nuevos miembros. Hay que dimensionar la efectividad del clientelismo en ambas jornadas de inscripción, pues el partido, a pesar de estar en acefalía en su presidencia por el efecto Mossak Fonseca pudo hacer tal inscripción, y los secuestradores del partido la catalogaron como un éxito.

Esos nuevos miembros, y muchos antiguos, doblegados por el clientelismo, ¿a quiénes elegirán como convencionales? y ¿a quiénes elegiran, como dirigentes, los convencionales que salgan de estas prácticas? La respuesta es sencilla, a los mismos de siempre, a esos que dirigirán las estructuras del partido para que en las próximas primarias salgan de candidatos ¿quiénes? ¿Acaso los mejores cuadros o los que manejan el clientelismo? Se dice que el pueblo debe elegir a los mejores, pero ¿cómo puede elegir a los mejores, si los mejores no logran ser candidatos porque, por principios éticos, no usan esas prácticas clientelistas?

Así las cosas, y repetidas estas prácticas en todos los partidos, se elegirán como directivos y, luego, candidatos a los mismos de siempre y a otros “nuevos” que se comportarán de igual manera. La vida partidista, aberrante y antidemocrática, es el cáncer primario de la crisis generalizada que agobia a Panamá. Los partidos tienen financiamiento público. Es decir, que todo panameño financia a los partidos. Si usan los fondos públicos, todo ciudadano, inscrito o no, debe velar para que estos entes funcionen de manera correcta. Como ocurre cuando el funcionario de equis ministerio incumple sus funciones y es penalizado, igual se debe penalizar al dignatario de cualquier partido que incumpla los estatutos y haga mal uso de los fondos públicos.

Han pasado tres semanas desde que, junto a dos copartidarios, impugnamos la reunión de Directorio Nacional por haber estado presidida, ilegalmente, por Carlos Duboy, a quien no le correspondía, según estatuto. En esa reunión se modificó el reglamento de elecciones y, a pesar de que vamos con normas espurias a elecciones internas para renovar a la dirigencia, el TE mantiene un silencio cómplice.

Si los que dirigen un partido no cumplen normas tan sencillas, ¿cómo pueden administrar la cosa pública, seriamente?

Hay que tener claro que en la obligante fundación de una nueva República hay que cortar por lo sano, para que la vida partidaria malsana no sea nuevamente el cáncer primario de nuestras crisis.

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