EL MALCONTENTO

Carnaval, siempre Carnaval...: Paco Gómez Nadal

Tiempos extraños nos han tocado presenciar –y, en algunos casos, vivir–. Hoy, mientras usted lee este artículo o mientras yo leo los comentarios de los que insultan por deporte o por un pingüe salario. Daniel Ortega está tomando posesión de su cargo como Presidente de Nicaragua. Lo hace con el olorcillo inconfundible del pucherazo electoral y después de haberse saltado sin complejo la Constitución para poderse reelegir.

Uno diría que en tiempos de cabalidad casi nadie querría tomarse una foto junto a un exrevolucionario reconvertido en maníaco religioso, manipulador de elecciones y confeso abusador sexual de una hijastra. Pero resulta que al magno acto asiste el príncipe Felipe en representación del Estado español –ese extraño funcionario que nadie ha elegido, pero que desde hace unos días sabemos que cobra 192 mil dólares al año más gastos pagados, incluida su casa de 14 millones de dólares–. Después marchará a reunirse con Porfirio Lobo, presidente de Honduras jamás imaginado sin un tétrico golpe militar previo. Si la presencia del Borbón no sirve para legitimar a Ortega, allá está el eminente presidente de Panamá, Ricardo Martinelli: poeta conciliador de la derecha más desprovista de ideas, director de orquesta sin afinar, provocador de peleas innecesarias y enterrador de cadáveres ya enterrados. No sabemos si Martinelli va como preámbulo de una alianza estratégica con Ortega, si va a aprender a reelegirse como Presidente sin necesidad de pasar por molestos cambios constitucionales o si quiere conocer de cerca el modelo de Gobierno-empresa que los actuales dirigentes del Frente Sandinista (matizo por respeto a los sandinistas verdaderos) han instaurado en el vecino centroamericano y que tan altos rendimientos da (a sus bolsillos).

Ya les digo que son tiempos raros y por eso... no entiendo casi nada. Por ejemplo, y perdonen la ingenuidad, no entiendo el descaro con el que se redactó el decreto que fija los salarios mínimos. Esta vez no tendrá rectificación a favor, como pasó en la primera ocasión que lo firmó Martinelli, porque ahora ya han remado para casa desde la primera línea. Miren si no: resulta que si uno tiene un gran supermercado o comercio le tiene que pagar a sus empleados 2.14 balboas la hora, pero si tiene cinco o más supermercados solo debe remunerar la hora a 2.08. ¿Les parece hecho a medida del Superpresidente99? Pues no se pierdan esta, si usted tiene una gran empresa manufacturera le pagará a sus empleados entre 2.14 y 2.36 balboas la hora, pero si lo que procesa es azúcar solo tendrá que invertir 2.08. Debe ser un error, porque imagino que el Gobierno no legisla a favor de su Presidente (dueño de La Victoria y firmante del TLC con Taiwan que le permite exportar toneladas y toneladas de azúcar como empresario privado, algo que no despierta ningún conflicto de intereses en la pequeñísima conciencia presidencial).

Me cuesta entender también cómo la DGI solo descubre irregularidades en las empresas de los opositores. Quiero decir, si uno revisa la investigación del Centro de Estudios Estratégicos de Panamá sobre las empresas que son propiedad de los miembros del Ejecutivo (son cientos), las probabilidades de que la DGI encontrara trapos sucios son bastante altas. Pero, no, jamás son las empresas del “gobierno de empresarios” las que tiene problemas, sino la de los opositores, competidores o, simplemente, gente que no entra al juego de la coima y los favores (y si no pregunten por la licitación de Internet para Todos que no es para nadie, excepto para algún familiar del poder). En mi corto entender, los empresarios de Panamá, en general, se ufanan de estafar al fisco, o de “aprovechar las oportunidades” que les da la ley, pero la DGI solo sabe mirar hacia algunos libros de contabilidad, no a todos.

Claro, que lo que más me sorprende de estos tiempos es el coctel de desmemoria y falta de dignidad con el que se emborracha a la opinión pública. ¿No lo ven claro? Fíjense, el Presidente suele insultar en público a sectores enteros para luego recular días después e invitarlos a una pinta en su oficina. El Presidente olvida sus insultos, o los repite matizados, y los agraviados van corriendo y agachando la cabeza, felices por ser llamados a Palacio. Así ocurrió con las televisoras, así pasó con los periodistas, así ha pasado con los empresarios y así seguirá ocurriendo. El sometimiento voluntario y arrastrado al poder injusto es mucho más hiriente que el ejercicio despótico de este. Otro ejemplo. ¿Alguien se acuerda de la enfática promesa de campaña de Martinelli de no poner ni un balboa para el Carnaval capitalino? Era una de sus banderas para distanciarse de la política de pan y circo de Martín Torrijos. Pues bien: empezó poniendo $200.000 balboas a regañadientes, siguió gastando $1 millón 953 mil balboas ya con la sonrisa puesta y este año ha firmado con placer el decreto que asigna al Carnaval 2 millones y medio de balboas para multiplicar el efecto aéreo del desfile de globos gigantes.

En definitiva, empieza el año igual que terminó. Con un país de mentira sostenido por la fanfarronería y una realidad desbordante que muchos no verán hasta que no reviente en sus caras.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

17 Sep 2017

Primer premio

7 8 4 2

ACBC

Serie: 13 Folio: 13

2o premio

1718

3er premio

2529

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código