INCERTIDUMBRE

Carnavales y politiquería: Daniel R. Pichel

Han pasado los carnavales y, por unos días, todo el mundo olvidó los problemas, los conflictos y las “crisis” para sumergirse en el método que cada quien prefiera para desconectarse de la realidad. Mojaderas, culecos, desfiles, polleras, montunos, diablicos y carrozas, son algunos de los matices de una fiesta que, sin duda, es la más importante para los panameños.

Lo que parece no tener remedio, es el dichoso Carnaval de la capital. Cada año, independientemente de cuánto dinero se gaste, es más deprimente. Estos días, según lo que vi en la TV y en las fotografías en internet, el espectáculo de “Jumboman” fue insufrible. Y no es puritanismo ni nada por el estilo, pero creo que los organizadores deben poner atención a la calidad de los espectáculos que brindan a la población. Francamente, si no hay nada bueno que presentar, era mejor no programar nada, en lugar de erigir un monumento a la chabacanería. Según parece, el concierto de Rubén Blades volvió a salir al rescate. Ojalá el próximo año, los organizadores (que ojalá sea con la empresa privada y no con nuestros impuestos) hagan algo mejor.

Lo que sí no cambia es la politiquería barata. Es como un parásito que nos va comiendo los sesos, poco a poco, obligándonos a ser parte de ese repugnante circo. Los politiqueros no perdieron la oportunidad de pasearse por parques y comparsas, subirse en carros bomba y demás, como si les importara mucho compartir con “el pueblo”. Afortunadamente, varios y varias que vi en Penonomé caminaban entre la gente, más solitarios que un rabino en Palestina. Otros, tenían un poco más de “apoyo”, aunque siempre proporcional a la cantidad de camisetas, vasos, gorras y banderas que tenían quienes los rodeaban, lo que hace pensar que o muchos eran manzanillos o estaban buscando el regalito, sin importarle un absoluto pepino con quien iba delante saludando a su paso.

Mientras tanto, un incendio en El Chorrillo y Pueblo Nuevo permitió prometer y regalar desde dinero en efectivo, hasta muebles y colchones. No olvidemos que la manera de salir electo en Panamá es regalando cosas y “caminando”. Yo le propongo a los “políticos” que hagan un esfuerzo para ganar apoyo usando el cerebro y no las extremidades.

Pero la incertidumbre sigue, pues el lunes se reinician dos cosas. El diálogo de sordos en que se ha convertido el tema de las comarcas y “zonas aledañas” (que como va la cosa terminará siendo todo el continente), y las clases en las escuelas. Esa combinación puede resultar en un tremendo enredo, cuando los estudiantes decidan salir a la calle a apoyar a sus “hermanos originarios” en lugar de asistir a clases, que es a lo que se supone que se va al colegio. Cada vez me parece más que todo este “amor originario” es más producto de aversión al Gobierno, que a real identificación con las aspiraciones indígenas.

Sobre esto, cada vez entiendo menos. Me parece perfectamente válido que se opongan a la minería en sus comarcas y que propongan una negociación sobre las hidroeléctricas. Eso sí, ese cuento de que sus peticiones eran “negociables” y que siempre se pide más de lo que se obtendrá, ha resultado completamente falsa, pues su posición es completamente rígida, al punto de que planean volver a cerrar las carreteras si no se salen con la suya. Que me perdonen, pero eso no es “negociar”, eso es imponer. Encima, se han inventado la tontería de que “no enviarán a los niños a las escuelas para presionar al Gobierno”. De veras que eso de que “son más inteligentes de lo que se piensa” queda en duda al oír semejante exabrupto. Si no mandan a los niños a la escuela, ¿quiénes son los perjudicados sino ellos mismos?

Aunque el tema minero es complejo, hay algo que me llamó la atención en Coclé. Si bien los ngäbes tienes derecho a decidir sobre su comarca, ¿tienen los coclesanos derecho a decidir sobre su provincia? ... porque muchos consideran la minería como una buena oportunidad de trabajo y desarrollo para ellos. Entendamos que, si todos somos panameños (lo de originarios es ridículo después de 500 años de mezclas genéticas, y con una líder con apellido vasco), creo que todos deberíamos opinar sobre los temas que tienen que ver con el desarrollo del país. Y lo que acabo de ver en Coclé me hace pensar que no todos están teniendo la misma oportunidad de hacerse escuchar.

Curiosamente, durante las últimas semanas, el Gobierno parece haber cambiado su modus operandi. Hablan mucho menos, y dejan solos en el terreno a los politiqueros de oposición que, poco a poco, nos recuerdan nuestra pésima oferta de cara al futuro. ¡Pobre Panamá! @drpichel

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