PROPAGANDA POLÍTICA

Cartilla en mano: Berna Calvit

En una conexión mental que parecía no tener sentido, durante el Carnaval recordé a Joseph Goebbels, alemán nazi, ministro de Ilustración Popular y Propaganda. El Carnaval, fiesta que cada año pierde esplendor y gana en chabacanería y mal gusto, especialmente en la capital del país (ni la cinta costera lo salva), sirve a muchos para olvidar penas, deudas, o “soltarse el moño”. El tenebroso y cerebral nazi surgió al ver al llamado Jumbo Man (J.M.) bailoteando grotescamente en la Jumbo rumba del Carnaval con unas jóvenes ignoradas por el recato y el buen gusto. La conducta pública de J.M. durante esta fiesta ha merecido muchas críticas; pero la ocasión propicia una mirada más a fondo de este personaje, instrumento de propaganda gubernamental; y el manejo de algunas estrategias políticas de comunicación para influir sobre la masa, en particular. Deseo creer que J.M. es un buen hombre al que le viene bien estar fijo en planilla, o como “asesor” (todo es posible) o “temporal” para el papel de J.M. (“jumbo”, término del inglés para “avión comercial con capacidad para varios centenares de personas”). El uso permite que “jumbo” se use para algo de gran tamaño, en este caso el robusto J.M. que, opina un “tuitero”, es “la expresión visible de cómo nos ve el Gobierno y muchos medios, una masa amorfa de ignorantes y chabacanos”; este comentario parece ligado al principio de la vulgarización, el quinto de los principios “goebbelianos”: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. Tal vez algún asesor, cartilla “goebbeliana” en mano, creó el estrafalario J.M. como propaganda humana; no creo que por “chiripón” nació esta figura que, debo admitir, no pasa inadvertida aunque a muchos nos resulte chocante y antiestética; y como agravante, que el funcionario promueve en todo el país y con nuestro dinero, los colores del partido Cambio Democrático. ¿Recuerdan cuando la oposición le formó un zaperoco al PRD por usar los colores de la bandera en sus logos? Acertó Goebbels al decir que la masa tiene gran facilidad para olvidar. La desmemoria les resulta útil a los políticos para hacer hoy lo que ayer criticaban.

Resultó entretenido y esclarecedor dejarme llevar por la curiosidad al hacer el vínculo Goebbels-J.B. Por su importancia en la política, la creación de eslóganes y símbolos visuales se deja en manos de verdaderos expertos en mercadeo político; vender políticos se asemeja mucho a vender productos como televisores, cervezas, detergentes. Hay que presentarlos en empaques atractivos, con jingles pegajosos y mensajes mandones como “Decídete”; o sentimentalones como el de Rodríguez Zapatero, “Por todo lo destrozado”, cuando aspiraba a suceder a Aznar; o de Balbina Herrera, “Con Balbina, de corazón”. En este safari cibernético encontré un eslogan mexicano de lo más ingenioso: el candidato con el lema “Barreremos”, escoba en mano barre las palabras corrupción, pobreza, ignorancia. Bucaram (que se decía loco a sí mismo) usó “La fuerza de los pobres”; “Este hombre sí camina”, Carlos Andrés Pérez; “Que hable México”, Salinas de Gortari; “Por un mejor Panamá”, Mireya Moscoso; “Mírame a la cara”, Guillermo Endara; “El pueblo al poder”, Ernesto Pérez Balladares; “Arriba los pobres del mundo”, Daniel Ortega en su última campaña (que ojalá se preocupara por los nicaragüenses pobres); “Sí se puede”, Martín Torrijos; “Quiero un Brasil decente, quiero a Lula presidente”; “Mano firme, corazón grande”, Álvaro Uribe (de cuya mano firme dicen que anduvo pinchando teléfonos María del Pilar Hurtado, asilada en Panamá). Uno muy diferente, irresponsable a mi juicio, es “Llegó papá”, del candidato dominicano Hipólito Mejía, que promete dar a los dominicanos “lo que no tienen y nunca han tenido”.

Un candidato colombiano usó “Los buenos somos más”. El nuestro dijo “Los locos somos más” y que, “Caminando en los zapatos del pueblo”, poniendo “Los intereses del pueblo por encima de los intereses particulares” iba a acabar con los que “Entran pobres y salen ricos” porque “Ahora le toca al pueblo”. Con más palabras equivale a “Llegó papá”. Ya en Palacio, su voz repite al final de la diaria catarata publicitaria, “Juntos haciendo un mejor Panamá”. ¿No parece el sexto principio “gobbeliano”, la orquestación, que dice: “la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente presentadas una y otra vez ...”? En entrevista (El Panamá América 11/12/08), el analista político Jaime Porcell opinó que “Martinelli ha salido bien librado en las encuestas, a pesar de que su campaña se ha basado en mostrar lo negativo del pasado político o personal de sus contrincantes. Martinelli ha roto todas las reglas, ya que utiliza el lenguaje del gueto para hablar mal de los demás, sin que esto afecte su imagen” ¿Principio de la vulgarización?

Al final de este “safari” de propaganda, para los que piensan salir en campaña a pescar votos con el cebo del engaño, estos grafitis de reproche: “Todos prometen, nadie cumple. Vote por nadie”. “¿Qué hicieron con la verdad? ¡Devuélvanla!”. O el que solo cito por ingenioso, pero que de ninguna manera debe practicarse: “Combata la corrupción y el hambre. Cómase un político”.

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