NACIONALISMO

‘Chaniemos’ nuestra patria: Alejandro Chevalier Molina

El alto nivel de patriotismo que impulsó a don Billy Ford a decir “¡Esta vaina se acabó!” para celebrar el recobro de nuestra democracia, se asemeja a aquel que sentimos hoy al ver el marcador ganador de un juego de nuestra selección de fútbol en los últimos segundos del partido. En ocasiones muy puntuales, en contraste a décadas pasadas cuando era muy habitual en nuestro istmo, el panameño se siente identificado como parte de una unidad; elemento clave para entender el significado de la palabra patria. El vínculo que tiene cada panameño con aquella tierra que “cabe debajo de la sombra de su pabellón” se ha vuelto muy diferente uno del otro, trayendo consigo vulnerabilidad a la hora de apoyarnos mutuamente y defender lo que es de todos.

Es difícil dentro de familias compuestas por bisabuelos y abuelos, que vivieron movimientos separatistas para alcanzar la República, por padres que fueron testigos de períodos de alta inestabilidad política, y por nosotros, jóvenes que hemos gozado un período histórico de completa paz, seguridad y prosperidad, alcanzar una acepción única de la palabra patria. Partiendo de esta premisa, en base a nuestra grande multiculturalidad y diferentes metas que cada generación republicana se ha dispuesto a alcanzar, puedo afirmar que la sociedad panameña está compuesta por muchísimos idiotas. No en el sentido peyorativo de la palabra, si no en aquel utilizado en el mundo antiguo que hace referencia a aquella persona que solo se preocupa por sí misma, de sus intereses particulares y que no presta atención a los asuntos públicos o políticos.

Patria son tantas cosas bellas, como sentimientos e intenciones de progreso nacional, pero simultáneamente diría que las mismas no se ven canalizadas con suficiente intensidad y prudencia a través de la familia y el sistema educativo. El hecho de que el Estado imponga a estudiantes de colegios públicos y particulares la obligación de marchar en días patrios es reflejo del fracaso de la educación de transmitir un verdadero sentimiento de empatía hacia aquellos mártires que gritaron, ¡bandera, bandera! Este sentimiento puede ser implantado en el joven panameño a través de la transmisión de una historia que vaya, sin omisiones, desde el avistamiento de Colón hasta la declaración de Panamá como el país con mayor crecimiento económico de América Latina y el Caribe. Después de todo, como diría Guillermo Endara: “El día que al pueblo se le diga la verdad, el pueblo no se va a dejar joder…”.

Es necesario que errores como un supuesto olvido de épocas panameñas determinantes, como la dictadura militar, de libros de historia y la eliminación de la fundamental materia de relaciones con Estados Unidos no vuelvan a ser cometidos. Por otro lado, esfuerzos por transmitir historia republicana a través del cine y la televisión deben ser aplaudidos por ser métodos didácticos más dinámicos y por ende más atractivos.

Más allá de esto, la posible meta por la que pudiésemos luchar como una unidad hoy, se ve viciada por grandes desconfianzas y suposiciones. Una efectiva lucha contra la corrupción es imposible de abarcar si como sociedad civil dudamos de las intenciones genuinas de buscar justicia de nuestro gobierno y a la vez tememos, a veces con excesivo escepticismo, de los propósitos de una parte activa de la sociedad civil que busca un cambio. Esto sin mencionar la puesta en tela de juicio de las acciones cometidas por quienes la justicia busca.

Además, existe la posibilidad de que el panameño del siglo XXI exprese patriotismo de otras formas, logrando metas individuales pero con efectos idiotas hasta la publicación de algún éxito. ¿A qué me refiero con esto? La mayor parte de la población no supo de los indígenas que trabajaron para representarnos en los Juegos Mundiales Indígenas hasta que cosecharon frutos. Lo mismo puedo decir de Jerusalén Smith, que logró destacarse ante absolutamente todos únicamente al ser nombrada abanderada. O también de muchísimos atletas que trabajan día a día en muchas partes del mundo para alcanzar una victoria a nuestro nombre en los Juegos Olímpicos del próximo año. Probablemente el fervor patriótico panameño ha pasado de ser sentido en la búsqueda de una meta en común a la búsqueda de una superación personal o de una pequeña colectividad en distintos ámbitos. Aun así, como panameños debemos detener al egocentrismo que posiblemente llegue a caracterizarnos, esto a través del apoyo mutuo que debemos darnos en nuestras luchas individuales desde un principio y no solo una vez se alcanza éxito o fama. Panameño, ¿ahora tienes un menor nivel de patriotismo o tu forma de hacer patria se ha visto forzada a cambiar?

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