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El follón del Chong Chon Gang: Juan Manuel Castulovich

¿Puede alguien creer que nuestros servicios de inteligencia, por su preparación y acuciosidad investigadora, “descubrieron”, sin que nadie “se los soplara”, que bajo la carga de azúcar, el barco norcoreano Chong Chon Gang transportaba aviones Mig desarmados, misiles y otros armamentos?

Como no me lo creo, mi reconstrucción de los hechos es la siguiente: a las autoridades panameñas, que no tenían la más remota idea, quien sí lo sabía, o sea, los servicios de inteligencia norteamericanos, les avisaron de la carga oculta y no declarada con la que venía preñado el carguero norcoreano. ¿Desde cuándo lo sabía la CIA o la agencia de Seguridad norteamericana? Pues, desde que la carga fue embarcada en Cuba y cubierta con las sacas de azúcar.

La siguiente pregunta que cabe formular es: ¿Si los norteamericanos sabían de la carga camuflada y, en consecuencia, de la posible violación del embargo impuesto a Corea del Norte por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por qué no interceptaron el barco en aguas internacionales y decidieron pasarnos el paquete para que Panamá lo detuviera cuando intentara transitar por el Canal? Si Estados Unidos hubiera detenido y abordado el barco en alta mar, el incidente hubiera tenido una dimensión estrictamente bilateral: Estados Unidos contra Corea del Norte y no estaríamos envueltos en el embrollo que vino después. Y también pudimos librarnos si nuestras autoridades, “al ser informadas”, por quien las informó de la carga fraudulenta, se hubiesen atrevido “a plantear” que Panamá no estaba dispuesta a asumir el problema y que, por tanto, dejaría que el barco transitara “inocentemente” por el Canal, para que fuera interceptado y abordado después de que saliera de nuestras aguas territoriales.

Pero, como las cosas no ocurrieron así, nuestras autoridades nos compraron, por complacer a sus informantes, un lío internacional de proporciones jurídicas y económicas mayúsculas. Por haber abordado el barco en aguas bajo nuestra jurisdicción, automáticamente asumimos las responsabilidades de custodiar la nave, de albergar a sus tripulantes y brindarles alimentación y asistencia médica, de evitar que la carga de azúcar se deteriorara, y el problema de qué hacer con los equipos bélicos. Todo eso nos ha impuesto un enorme gasto que no hay ninguna esperanza de que podamos recuperarlo.

Por otra parte, innecesariamente, nos creamos un conflicto tanto Cuba como Corea del Norte. Con la primera porque quiere recuperar la propiedad, que alega le pertenece, de los aviones, de los otros artefactos militares, y del azúcar, que sigue siendo suya, al no perfeccionarse el trueque con Corea del Norte. Con la segunda, porque es la propietaria del barco, que vale millones y que pretende recuperar y porque defenderá a sus nacionales, por cuya seguridad y buena salud, debemos responder.

El tránsito por el Canal de una carga no declarada, sobre todo si se trata de armas peligrosas y en aparente violación de varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, debe acarrear alguna sanción para el transportador, pero antes debe ventilarse una causa penal y que alguna autoridad competente declare la culpabilidad e imponga la sanción. Por eso, llama la atención que se haya anunciado la venta del azúcar que venía en las bodegas de Chong Chon Gang. Y más todavía, que el ministro Mulino hable de incautarnos de los aviones y los otros equipos bélicos.

Si todavía no se ha decretado un embargo formal del azúcar por las autoridades panameñas, hay que concluir que la venta no la hace Panamá sino que la hace, en Panamá, el país de origen y dueño, Cuba.

En cuanto a los aviones y los otros artefactos, si su propietario es el Gobierno cubano y es verdad que estaban en rumbo a Corea del Norte, para ser reparados, desde ahora vaticino que volverán a Cuba, después de que el equipo de expertos de las Naciones Unidas haga su trabajo y determine que efectivamente pertenecen a los cubanos.

En resumen, el azúcar será vendida, pero no nos quedaremos con el precio de la venta; los aviones y los otros artefactos serán devueltos y Panamá, después del espectáculo montado que, aparte de ponernos transitoriamente en el mapa internacional de las noticias, por nuestra obsecuencia, solo nos quedarán los gastos y ningún beneficio.

Amanecerá y veremos.

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