COLA DE CORRUPTELA

Cierre de año: Berna Calvit

Lejos de Panamá, imagino los preparativos para recibir el 2013, las canciones favoritas en esta fecha, los aromas y el corre-corre del último día enredados entre las primeras brisas veraniegas y las últimas lluvias de una temporada que se niega a partir. Hubiera querido que en este artículo, el último del año 2012, mis palabras hubiesen sido solo de gratitud para los que salieron a defender sus derechos y los de todos; para los padres que madrugan para atender a sus hijos y cumplir con el trabajo; para los que cultivan la tierra; para todos los que, a pesar de las dificultades y las carencias, persiguen sus sueños; a los que se preocupan por lo que sucede en su país. Pero en el umbral de un nuevo año, mi bullicioso y aguantador país nuevamente se despide con una larga cola de corruptela. Tratando de ser optimista me digo, “si después de nueve siglos se pudo equilibrar la torre de Pisa para salvarla del derrumbe, ¿por qué no pensar que se puede enderezar lo que está torcido en Panamá?”. La realidad me golpea para advertirme que no siga soñando con “pajaritos preñados”. Nada cambió con aquello del cambio y los zapatos del pueblo; como sopapo navideño se volvió a despreciar la opinión ciudadana con los recientes nombramientos en la Procuraduría General de la Nación y la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Mis deseos de un Panamá por caminos rectos van a tener que “esperar a que san Juan agache el dedo”, a menos que san Juan se compadezca de nosotros y lo agache.

Panamá termina el año como líder indiscutible en crecimiento económico. No obstante, el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revela el otro rostro de esta bonanza. “La institución regional de la ONU muestra que 25.3% de la población –unos 883 mil individuos– están sumergidos en la pobreza, pese a que tienen empleo, y poco menos de medio millón en la indigencia total. Las cifras de la Cepal son alarmantes si se toman en cuenta la poca población del país, los altísimos ingresos del Estado, un crecimiento económico sostenido de dos dígitos, el mayor de la región y entre los primeros del mundo, y un empleo casi pleno. El porcentaje de indigentes menores de edad (hasta 17 años) es del 51% y el de menores pobres no indigentes del 45%. Es decir, prácticamente la mitad de los pobres son niños. Una cuarta parte de la población panameña, que apenas excede los 3 y medio millones de habitantes, es pobre y casi una sexta es indigente. En tres años el país triplicó su producto interno bruto, pero la distribución de la riqueza no beneficia a la mayoría” (La Estrella de Panamá 26/12/2012).

¿Qué explica tanta inequidad? Que la hidra de la corrupción mata la sensibilidad social. La buena calificación en desarrollo económico se desploma aparatosamente ante la corrupción, fuente de casi todos los males; monstruo de aliento venenoso como la mitológica Hidra, a la que le crecían dos cabezas donde le cortaban una. Aquella Hidra finalmente perdió todas sus cabezas, pero sin mitología de por medio, la nuestra sigue completita; las noticias recientes indican que está vivita, coleando y bien atendida, tanto o más que cuando se destapó el ruidoso escándalo a la italiana con Finmeccanica, Lavitola y Velocci. Todo sirve para la rapiña: financieras, radares, construcciones, ambulancias, jamones...

Qué grato hubiera sido escribir este último artículo del año sin tener que repasarlo obligatoriamente con los actores principales en un año en que la imagen del país ha sufrido menoscabo nacional e internacionalmente; imposible no mencionar un diputado como Chello Gálvez presidiendo la Asamblea Nacional, nido de diputados chaqueteros sin moral política; con un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Moncada, que una y otra vez nos hace dudar sobre su independencia de criterio. Pero nada de eso importa, dice el Gobierno. Lo que importa son los índices económicos que nos ponen por encima del resto de América Latina. Así piensa y actúa este gobierno empresarial para quien el país y su gente son negocio. Lo que da aliento, y comunico con satisfacción, es que hay ciudadanos a quienes no han logrado anularles la voluntad de hacer del nuestro un mejor país. A finales del año nació el Movimiento Ciudadano por el Fortalecimiento de la Identidad Panameña; en pocos días se sumaron cientos de ciudadanos de diversas profesiones, ideologías, ocupaciones; hombres y mujeres preocupados por el devenir del país, dispuestos a “meter hombro” para rescatar la identidad nacional, hoy diluida en un Estado amorfo creado por procesos globalizadores que uniforman y conducen a la desorientación social; a la “macdonalización” de la sociedad. Un manifiesto del grupo (imposible reproducir completo aquí), expresa “preocupación por las políticas y prácticas de nuestros gobiernos que, en aras de un mal comprendido ´progreso económico´, menosprecian el aprendizaje humanístico conducente a formar ciudadanos y ciudadanas con capacidad analítica, pensamiento crítico y creativo, honestos y con cultura de paz”. Estos son los ciudadanos que necesita Panamá. Para cerrar, invito a mis compatriotas, y a todos los que gozan del privilegio de vivir en este Panamá amigable y generoso, a dar lo mejor de sí en 2013. Celebremos hoy con esperanza y fe en mejores días para todos.

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