JUSTICIA RESTAURATIVA

Círculos de paz: Georgina Bordelón

Un círculo de paz consiste en una metodología mediante la cual se reúne a un grupo de personas en un ambiente seguro, a fin de conversar y buscar consensos sobre un conflicto que les afecta en un momento dado.

En el marco de la justicia restaurativa, los círculos de paz ofrecen otro enfoque cuando se ha dado la comisión de un delito, siendo una alternativa para reparar las relaciones interpersonales que en estos casos se ven afectadas por el hecho, sanando las heridas emocionales.

En un círculo de paz pueden estar presentes la víctima y el ofensor, los familiares de ambos, y, dependiendo del caso, la comunidad, que también sufre las consecuencias del hecho delictivo y cuyos aportes pueden ser muy valiosos para la superación del problema.

La justicia restaurativa no se encuentra regulada como tal en nuestra legislación. Lo que sí encontramos en nuestro ordenamiento jurídico es la conciliación como forma de terminación anticipada del proceso y que procede en la comisión de delitos leves.

En días pasados fui invitada a un círculo de paz en el que estaba involucrado un adolescente en conflicto con la ley penal, y aunque el delito no admitía la conciliación, el círculo se realizó invocando los principios de la justicia restaurativa, ante la anuencia y buena disposición de las partes involucradas.

Los presentes iniciamos nuestra intervención diciendo quiénes éramos, por qué estábamos allí y cuáles eran nuestras expectativas. Cada uno aportó una regla para el círculo de paz, todas válidas e importantes, entre las que figuraron el respeto, el saber escuchar, la confidencialidad, la tolerancia, la sinceridad y la honestidad.

Con la orientación de la mediadora, cada una de las partes fue abriendo su corazón y manifestando sus sentimientos. Al rememorar el hecho, la víctima y su familia expresaron todo el dolor y frustración que les produjo la situación delictual. Por su parte, la familia del ofensor, que actualmente está privado de libertad, manifestó su vergüenza, pesar y desconsuelo por lo ocurrido, y se presentó una carta en la que el ofensor exteriorizaba su arrepentimiento y solicitaba perdón. La familia del ofensor entregó una compensación económica por los daños causados y se firmó un acuerdo que se presentará con posterioridad al juez para incluir en el expediente, que podrá a su criterio, tomarlo o no en consideración al momento de emitir la sentencia. No obstante, la esencia del círculo de paz era el perdón y el entendimiento.

Si como país pudiéramos aplicar la justicia restaurativa, poniendo en práctica la metodología de los círculos de paz, serían muchos los beneficios para el sistema de justicia al disminuir la mora judicial, el hacinamiento carcelario y los gastos que todo proceso conlleva. Por otro lado, la participación activa de la víctima en el proceso proporciona beneficios emocionales y psicológicos, permitiendo la superación del trauma y procurando una compensación o resarcimiento por los daños causados.

Para un ofensor primario, cuya transgresión legal haya sido leve, que esté plenamente consciente de las consecuencias de sus actos y que muestre genuino arrepentimiento, el beneficio radica en evitar las consecuencias de un proceso legal y de privación de libertad, proporcionándole una nueva oportunidad para enmendar su destino y proseguir su vida en comunidad.

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