JUVENTUD Y EDUCACIÓN

Claves del éxito y el desarrollo: Wilfredo Grajales

Existen claras evidencia de que el problema educacional de los niños y los jóvenes genera un bajo nivel de rendimiento laboral y, también, una mayor incidencia de delincuencia, adicciones y violencia entre estos.

La Uniceff (United Nations International Children´s Emergency Fund) publicó hace poco un detallado estudio que revela la importancia de establecer políticas públicas para el cabal desarrollo de los niños y los jóvenes panameños.

El documento destaca la necesidad de instrumentar políticas que establezcan nexos fluidos entre ambos segmentos de la población para lograr un desarrollo integral de los panameños no adultos, tema sobre el que trata este artículo.

Dicho sea de paso, la Uniceff califica dentro de la juventud a aquellas personas cuyas edades oscilan entre los 15 y 24 años. Las estadísticas, por su parte, evidencian que en Panamá los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 19 años viven en un nivel de pobreza de 34%, mayor que el de aquellos cuyas edades oscilan entre los 20 y 24 años, que es de 24%.

Como se ha dicho, los primeros años de educación resultan vitales para la niñez porque revisten gran incidencia en el proceso de aprendizaje cognitivo (adquisición de conocimiento); pero también lo es la educación que sigue adquiriendo la persona en su etapa juvenil, sobre todo, para el desarrollo de las llamadas capacidades “socioemocionales”.

Por ejemplo, la educación formal es crucial en vista de que desarrolla las destrezas en matemáticas, ciencias y otras áreas cognitivas del individuo, pero también es importante desarrollar las llamadas habilidades socioemocionales (skills) que incluyen la empatía, comunicación, independencia y capacidad de auto aprendizaje y de trabajo en grupo, lo que entre otros estos factores resultan críticos para que el joven ingrese al mercado laboral. Se trata, a nuestro juicio, de elementos que facilitarán y potenciarán su inserción en el ámbito profesional.

Pero veamos algunos rasgos de la educación entre los jóvenes. En Panamá el 81% de individuos, cuyas edades oscilan entre los 15 y 19 años, estudian, lo que parece sugerir un buen nivel de inscripción. Sin embargo, esta proporción disminuye al 44% entre la población cuyas edades se ubican entre los 20 y 24 años, lo que refleja una marcada dualidad.

Según el informe, el no haber completado la primaria también es una causa importante del rezago en el desarrollo cognitivo de los jóvenes, de hecho, según el estudio: “Quienes no completaron la primaria presentan un desarrollo cognitivo 67% más bajo que aquellos que sí lo hicieron”.

Además, indica que muchos desertan del sistema tempranamente, debido a que no sienten que la escuela les resulte “útil” en cuanto a mejorar su ingreso o nivel de vida.

Algunas de las conclusiones del estudio señalan que las inversiones en materia de infancia y juventud son positivas porque conllevan externalidades (la sociedad, en general, se beneficia de una inversión, sin pagar por ella) y un alto valor e impacto social que le permite al Estado ahorrar dinero en materia de la lucha contra la delincuencia o en la curación médica, por citar dos ejemplos.

Lo anterior reafirma la importancia de que el Estado cree las condiciones para contar con una población sana y educada, condiciones que aumenta el potencial del individuo para aportar a la sociedad, mediante las actividades económicas, y además le procura los medios para que obtenga mayores ingresos y una mejor calidad de vida.

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