INDIFERENCIA HISTÓRICA

Colonización o genocidio: David Méndez Dutary

Pasó ya el mes de septiembre cuando se conmemoró los 500 años de la llegada española a las costas del mar del Sur. No hubo la celebración que se esperaba, por lo menos en mis expectativas. Por alguna razón, solo unas cuantas actividades culturales se realizaron en la capital, la mayoría con uno que otro toque intelectual, se agregaron políticos invitados que aprovecharon la publicidad gratuita e historiadores de pupitre extranjeros, que nos vinieron a deslumbrar con sus rebuscadas investigaciones en Sevilla y sapiencias que imitan los espejitos encantadores de los conquistadores. La prensa escrita presentó algunos reportajes, alguna que otra exhibición de museo, una pila bautismal que costo más de 50 mil dólares, y se brindó con una que otra botella de champaña francesa, tal vez pirateada.

En España ningún interés. En la juventud panameña menos. ¿Extraño? ¡No! La Historia es una materia muy poco popular en los salones escolares, especialmente la historia de los últimos 120 años de nuestra vida republicana, llena de mentiras y de falsos héroes. Será que más interesante les resulta la historia de cómo conseguir el recurso para pagar la comida de mañana, la escuela de los niños, la escalofriante cuenta de electricidad. No los puedo señalar ni acusar. Las autoridades de educación organizaron muy poco en las escuelas para contar una buena y real historia, donde se hubiese podido aprovechar para nutrir nuestras conciencias, hacer justicia y dar los primeros pasos de no repetir los errores, cuando las futuras generaciones tengan que escribir su propia historia.

Contarla como ocurrieron los hechos, incluyendo las partes vergonzosas, los crímenes que se cometieron, los abusos, las humillaciones. Dicen que la historia la escriben como la ven los vencedores, y esta historia no se aparta de ese concepto. Algunos valientes como el fraile (Bartolomé) de las Casas se atrevieron a relatar y denunciar con timidez algo del horror causado, les pesaba la conciencia y el hábito manchado vergonzosamente de sangre indígena, pero no se acercaron ni un poco a lo que en realidad ocurría, se quedaron cortos. A la espada se le agregó la religión, al Rey, se le acercó el Papa y sus bulas.

No sé cómo llamar la fecha en esta ocasión. Por respeto a la población indígena del país, no la llamo descubrimiento. Ellos tienen muchas razones de rechazar dicha expresión. Después de 500 años siguen siendo los desposeídos, los olvidados, los apartados del desarrollo. Tal vez, desarrollo este que nunca pidieron y del cual nadie les pidió su opinión, a pesar de ser los poseedores originales de las tierras encontradas. Desarrollo mal interpretado que nos da el permiso de contaminar los ríos con cianuro, mares de plástico, basura industrial, insecticidas y derivados del petróleo. Panamá tal vez, uno de los países americanos con mayor biodiversidad, fuente de verdaderas riquezas biológicas esta sumergida en la decidía ambiental y sanitaria.

Podría llamarla conquista. Tal vez. Hay que tener pantalones para decidirse a cruzar el extenso mar durante varios meses en un barquito de madera con una turba de ambiciosos marinos y emigrantes judíos huyéndole a la inquisición, en una época en que no se tenía la certeza , si al final del horizonte, les esperaba un abismo infinito con dragones monstruosos, que con su aliento podían rostizar al barco y a la tripulación en tan solo un minuto. Sin embargo el valor y la ambición se mezclan peligrosa y maliciosamente como el alcohol y el agua, sin muchas diferencias moleculares pero con muy diferentes repercusiones, muerte y vida. El brillo del dorado metal perturba las intenciones, degeneran el valor, cauterizan la consciencia, raíz de todos los males, el amor al dinero. No importa cuánto tengas o cuánto te puedas gastar, no interesa, mas se desea poseer y alcanzar poder. Le costó la cabeza a Vasco Núñez de Balboa; le fue peor que a Colón.

Del choque cultural de la época quedo una población mezclada, con castañuelas sevillanas, violines napolitanos, tambores africanos y flautas de juncos pantanosos, creciendo en arrabales y campiña interiorana. Creciendo y educándose llenos de interrogantes. ¿Como le vamos a llamar a ese nuevo mar? ¿Pacífico? No lo ha sido ni lo será nunca. ¿Qué posición tomamos? magnicidio, esclavitud, conquista o colonización. ¿Qué nos conviene?

Cuando nos convino nos separamos de la madre patria, cuando el dólar apareció nos convertimos en una nueva república. Del Bazar Español pasamos al Bazar Francés, luego al Corte Inglés y Sears. No conocemos nuestra historia, no tenemos un criterio. La historia continúa, se burla de nosotros, juega con nuestras vidas y recursos a su manera. No la podemos controlar, pues no la conocemos.

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