UNA OBRA DESTACABLE

Complejo hospitalario-universitario siglo XXI: Xavier Sáez-Llorens

Para lograr la materialización de buenas iniciativas nacionales, deben vincularse tres condiciones primordiales: identificación de la oportunidad, sentido de patria y voluntad política. Estos elementos parecen haberse encontrado entre CSS, Universidad y Gobierno, para la edificación de un modernísimo complejo hospitalario-universitario, megaproyecto que se convertirá en envidia de toda la región latinoamericana. Aprovechando la atinada decisión de los directivos de la seguridad social, el entusiasmo del prestigioso decano de la Facultad de Medicina, la anuencia del rector magnífico y el beneplácito del Presidente, el sueño compartido de tener un fabuloso centro conjunto de salud y conocimiento será aparentemente realidad a mediano plazo. Cuando actuamos juntos, apartando mezquindades y protagonismos, los panameños somos capaces de grandes cosas, independientemente del partido en el poder. El Canal interoceánico es el mejor ejemplo de nuestro potencial como ciudadanos pujantes. Para mí, los autores detrás de los hechos son intrascendentes, lo importante es el beneficio dejado a la población. Los hombres mueren, las obras subsisten.

Las vistas de la nueva ciudad hospitalaria son espectaculares. Cerca de 32 hectáreas de terreno que albergarán estructuras vanguardistas para adultos, embarazadas y niños, más institutos especializados de cardiología, cirugía, nefrología y oncología, en medio de áreas verdes, espacios relajantes, salidas de Metro, cafeterías, hotel para familias del interior, banco, biblioteca y lugares de esparcimiento, todo adaptado a consideraciones bioclimáticas y manejo técnico de residuos. Como complemento perfecto, una torre para docencia e investigación clínica, el traslado del Instituto Conmemorativo Gorgas y la reciente propuesta para mudar la Escuela de Medicina de la primera Casa de Estudios. Sin importar afiliaciones partidistas o independientes, honra saber reconocer los aportes de otros compatriotas en materia científica. Pérez-Balladares fue persona clave en la construcción de la Ciudad del Saber, genial idea hoy admirada por propios y extraños. A Moscoso se le puede dar crédito por renovar los hospitales Santo Tomás y José Domingo de Obaldía, nosocomios que nos llenan de orgullo. Torrijos fortaleció, técnica y económicamente, a Senacyt, una entidad que ha brindado becas y posibilidades de capacitación a numerosos talentos criollos. Este futurista complejo hospitalario-universitario será, a mi juicio, el legado estelar de Martinelli para las generaciones venideras.

La docencia e investigación deben estar íntimamente ligadas a la atención médica. En naciones industrializadas, las tres actividades se ejecutan en paralelo. En la actualidad, nuestros hospitales y clínicas andan desfasados en experimentación científica. La participación activa en ensayos clínicos redunda en beneficio directo de pacientes, personal sanitario, institución y país. La investigación incentiva transferencia de capacidades y tecnologías desde el primer mundo a suelo istmeño. El progreso de la medicina requiere de la constante innovación de conceptos epidemiológicos, habilidades diagnósticas, terapias pioneras y herramientas preventivas. El apoyo de la indagación biomédica, básica y animal, que se ejecuta en el Instituto Gorgas (y en Indicasat) es de cardinal importancia para la obtención de evidencias que puedan ser aplicadas posteriormente al ser humano. La exposición de los estudiantes de ciencias de la salud a toda una gama de experimentaciones puede marcar diferencias notables entre la medicina practicada en el siglo XX y la requerida en este siglo.

No todo es color de rosas, empero. Me preocupa, enormemente, la descoordinación estatal en planes de sanidad. No me cansaré de insistir en que el modelo de atención debe ser unificado. Las duplicaciones son ineficientes y costosas. La CSS ya cubre el 83% de la población panameña. El Minsa, por tanto, debería encargarse de funciones exclusivamente rectoras que fortalezcan la red primaria, supervisen las múltiples actividades preventivas, fomenten la promoción de hábitos saludables y optimicen la salud pública. La integración de ambas entidades ha sido efectiva en muchas partes del interior. No entiendo por qué no puede ocurrir lo mismo en la capital. Podríamos empezar la fusión a nivel pediátrico. De hecho, el Hospital del Niño siempre ha manejado niños asegurados y no asegurados con éxito. Tradicionalmente, un 30% de los infantes hospitalizados han sido beneficiarios de la CSS. Con la construcción de esta pionera ciudad hospitalaria, nuestro nosocomio está en peligro de perder la imagen protagónica que ha gozado por décadas a favor de la niñez enferma.

Corremos el riesgo de quedar como un gran dispensario de salud, distanciado del manejo de patologías complejas. En los últimos 10 años, al menos tres ministros han prometido construirnos un nuevo hospital y todavía seguimos esperando. Apelo a Ministerio y Patronato para que aglutinemos la pediatría de tercer/cuarto nivel de una vez por todas. Ahora o nunca. No soportaría lamentaciones posteriores. twitter @xsaezll

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