CONSERVACIÓN

Constitución y dimensión ambiental: Donaldo Sousa Guevara

A pesar de todas las normas para la protección del ambiente y la vida, establecidas por los organismos internacionales y nacionales, el planeta está sometido a un deterioro permanente. Esas medidas son ineficaces porque el sistema político de los países está contaminado, debido a un centralismo de poder que no permite que la ciencia y el conocimiento, en función de la vida digna, prevalezcan. Esto es así, además, por la falta de participación de los legítimos y permanentes actores del Estado en la toma de decisiones.

Es solo mediante una constituyente originaria que se podrá lograr el salto de calidad histórico necesario que le otorgue la mayor fuerza posible a las normas modernas ambientales de ordenamiento territorial y otras, dirigidas al logro de la mejor calidad de vida para los ciudadanos, de manera tal que podamos vivir en la mejor forma posible el resto del tiempo que nos reserva la existencia de la naturaleza.

La “biocracia”, del griego bios y kratos autoridad, es decir, un sistema que responda únicamente a la vida y al ambiente, que es la esencia de todas las cosas para el ser humano, es sin lugar a dudas la respuesta imprescindible que necesita el planeta para lograr el salto de calidad histórico, que a su vez permita que el hombre pueda vivir con dignidad y respeto. No hay ninguna duda, por lo tanto, de que todos los mitos de la sociedad actual exigen y permiten la explotación anticientífica y sistemática contraria a la bioética de los recursos naturales y la vida, de manera que para abandonar dicha actitud de destrucción del ambiente tenemos también que cambiar los principios del actual sistema y crear uno nuevo, que responda a la vida digna.

Por ello, en diferentes escritos y publicaciones reiteramos que la norma máxima de todos los países y organismos mundiales debe contener principios que entre otras cosas, cambien las formas de elección de los mandatarios y autoridades, eliminen la voluntad discrecional decisoria y los privilegios de los actuales poderes del Estado y condicionarlos a una asamblea permanente científico vital, integrada por los sectores estatales organizados. De forma que el poder decisorio debe emanar solo de la sociedad organizada, en su conjunto.

La Constitución de Panamá, al igual que la de todos los países, necesita con desesperación racional un salto de calidad histórico para responder a la destrucción del planeta y, por ende, de la humanidad, y dirigirla de acuerdo a un sistema político para la vida digna. Nuestra Constitución, por ejemplo, en su primer artículo, sobre Organización y fines, debería expresar que: “La Nación panameña se constituye como un Estado autónomo, con el fin principal de respetar la vida digna y la dimensión ambiental, esencial de la existencia humana en la tierra”. Así, también, todos los elementos de la Constitución Política deben responder a los principios señalados, en especial el desarrollo económico con respecto al ambiente y la vida.

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